El Charvismo en el País de las Mil Maravillas
Para Erika , el tener que estar sentada al lado de sus hermanas en la ribera , sin nada que hacer, esperando un cumplido de parte del Profesor, que nunca se fijaba en ella, empezaba a cansarla; de vez en cuando había echado un vistazo a las noticias, pero no había fotos ni estadísticas del Banco de Venezuela, y como decía ella, “¿de qué sirve una noticia si no viene con fotos ni con estadísticas del Banco de Venezuela?” En ésas estaba (o en ésas estaría, si el calor le permitiera a su mente despertarse de ese letargo que a veces se le antojaba estupidez) cuando de repente vio corriendo cerca de ella un terrorista blanco, con ojos de color rosado. Hasta aquí, nada demasiado notable; ni siquiera cuando al terrorista se le escuchó murmurar “Ay, caramba, ay, caramba, llegaré tarde a Quito” le pareció a Erika fuera de propósito, pero cuando vio que el terrorista sacó de su bolsillo un subsecretario, y lo remiró, y lo husmeó, y luego siguió su apresurado camino, entonces sí, Erika se levantó...