En la EPSPOL (Prosperino)
No es fácil encontrarse estos lugares de parqueo privilegiados. Por la vista, digo. Vista : sí, es la crisis, nos empobrecemos a marchas forzadas, decimos “vista” donde antes hubiéramos dicho presencia, dando por hechos olores y sonidos; ahora, claro, hay que pedir audiencia con nuestros propios sentidos: “para todo lo demás existe el miedo a llegar tarde”. Estos bosques. Hora de clase, casi: se me acaban el tiempo y la batería del portátil. Qué decir en tan pocas líneas. Aquí se les enseña a los alumnos, a esas cabezas rebosantes de exiliadas hormonas y de inermes ecuaciones, a mirar este bosque y formar, con labios imberbes, el prefijo “eco-“. Craso error. Mejor dicho: triste eco. Como siempre, como en el Valle de Clamores (q.v.), me siento preso de ese élan atávico: quisiera lanzarme al encuentro de esa orgía de verdes, quisiera desnudarme de inútiles recuerdos e irrelevantes protocolos mentales para darme un purificador baño de soledad, intercambiar mi cuerpo con el bol de aire qu...