Dimensión Social
Si en algo se parecen la sociedad y el vendedor de frutilla de a $2 (q.v.), es en eso de que no los he visto. Tal incapacidad para ver aquello que a otras personas se les presenta como parte intrínseca de su experiencia cotidiana, a decir verdad, me suele producir sentimientos de frustración, de tristeza, de culpabilidad y de absurdo gozo cuya mezcla exacta varía según el día. En el caso del vendedor de frutilla de a $2, ese señor alto y barbudo que con una mano indica lo descomunal del tamaño de la frutilla que tiene pegada a su pecho mediante un ingenioso resorte hecho de alambre-espina, mientras que con los dedos de la otra comunica el precio de la mercancía, por lo menos tenemos una representación fidedigna de él, que podemos ver en cualquier autobús de largo recorrido, como si de un convicto fugitivo se tratase: se supone que, por mucho que algunos afirman tener trato a diario con él, no deja de ser un sujeto elusivo, que se hace de rogar (su aire un tanto huraño y furtivo hace pe...