Con la mano en las masas
Algunos dicen que falta la vulva. Para mí que falta la hormiga. Recibí una crítica de un reciente post. No de lector humano, ya que de ésos ya no quedan, sino de un simpático insecto que conocí hace poco. Se trata de una hormiga, de nombre Ranulph Emmet, que el otro día encontré en la pantalla de mi computadora. Entablamos amistad enseguida, a pesar de la diferencia de culturas y de idiomas (la mayor parte de la comunicación hubo de ser por señas), y tuve que reconocer que teníamos bastante cosa en común. Como yo, él había abandonado el nido a temprana edad, y se había dedicado a explorar y a ver mundo, pero cierta languidez impidió que viera más que la parte basura del mismo, aunque puede que no haya sido sólo pereza, pues tanto en su caso como en el mío es preciso reconocer una inenarrable y fatal atracción a todo lo que es desecho, trasto, desperdicio e inmundicia. En todo caso, él había venido a parar a Durán con la idea de vivir aquí una discreta ...