Soberanía Alimentaria
Ayer cometí un pecado grave: me compré un helado. No es que me preocupe el tema de las calorías (por fin estoy por debajo de mi "peso ideal", primera vez en 20 años), sino que mi situación económica realmente no da para esos lujos ahora: la plata del helado era para mis acreedores. En fin, mientras me lo comía se me dio por pensar en esas debilidades de la carne que hacen que traicionemos a nuestros propios principios éticos. ¿Por qué será que me paso el día soñando con helados? ¿Por qué será que antes, cuando vivía en España, y tenía con qué comprar helados, no me llamaban siquiera la atención? ¿Por qué, en cambio, allá la cerveza era una necesidad vital, mientras que desde que estoy en Ecuador, no me atrae en absoluto? Y me puse a buscar en Internet. Al final, surgió la respuesta, que para algunos ya será evidente: todo tiene que ver con la fauna digestiva, con esos diminutos bichos que cargas en tu estómago y en tus intestinos. En mi caso concreto, resulta que demuestro cl...