En el fondo, uno es jardinero, así sea de su metro cuadrado ("personal space"), y a veces de algo más que eso. Si no eres duque de Burlington, es probable que tu jardín no llegue al horizonte, y que a medida que avanza el terreno delante de ti, a medida que huyen en tropel las huestes herbóreas hacia el bosque, tu influencia quede cada vez más diluida, espacial y temporalmente, cada vez más sujeta a las imprevistas de la colaboración, del consenso, del viento y de la voluntad de las raices. Algunos no entienden esto. Exigen que el paisaje que les rodea se ajuste llanamente a sus preferencias. Quieren que todo, hasta donde alcanza la mirada, sea "bonito". Les ofende que en su cercanía haya gente masturbándose , o pigmentaciones groseras , o mercaderes de moldes para empanada, o manifestaciones de cierto apego vulgar y censurable al placer de la nicotina. Muchos protestan enérgicamente ante la risa no justificada, otros ante la exuberancia pectoral. Se nos ha querido ...