Colonialismo espiritual

Extraños tiempos en los que vivimos. Todavía nos resistimos a despertar. Yo me resisto a despertarme.

Preferimos abrazarnos a la almohada de este sueño tan dulce como fugaz, el del progreso, de la evolución (¿has evolucionado últimamente?), el de la gran marcha de la historia hacia un futuro en el que toda contradicción será resuelta, todos los profesores llevarán ropa limpia, nadie envidiará al vecino ni codiciará a sus asnos, y todas las tiendas dispondrán permanentemente de cambio de veinte dólares.

Sigo creyendo que el mejor sitio para despertarse de ese sueño es aquí, en este país, por mucho que sus políticos nos quieran convencer de lo contrario.

No hay progreso. Hay ciclos si quieren. Hay disfraces y detalles que asume la historia, como la moda, para convencernos de que lo retro es nuevo, de que todo esto no se vio antes. Hace unos dos mil años, según algunos cuentistas poco confiables, un tal Jesús H. Cristo hubiera dicho: los pobres siempre estarán con ustedes. Si eso dijo, de puta madre sus poderes de adivino. Es exactamente eso, sólo que le faltaba a ese man toque de poeta. Podría haber dicho: los gatos siempre estarán con ustedes. Queriendo decir: gatos, ratas, calles llenas de basura, balcones, zapatos abandonados, niños descalzos, perros sarnosos, asambleístas, ciudadelas burbuja, prensa sensacionalista, canciones tontas y pegadizas, putas viejas a precio de saldo, políticos ídem, leyes absurdas, ciegos clarividentes, videntes polifacéticamente tuertos, vendedores ambulantes de moldes para empanadas. No me extraña que en el R.hU. ahora quieren crear una universidad privada (por fin). Dawkins y Cía se han dado cuenta de que esto realmente es el medioevo, tiempo de puentes levadizos. Y los necios acuden prestos a demostrarlo.

Hace tan sólo 62 años, los iluminados, los Walter Freeman, andaban por las ciudades del Far West con hacha de hielo ofreciendo lobotomías While U Wait, que a veces se hacían en las plazas de pueblo delante de un entusiasmado público, con capa de saltimbanquí y guapa asistenta en tutú. Hoy se dirá: sesos de garza, baba de caracól, polígrafo. Pero realmente es esto. Un sujeto lobotomizado no protesta. Con suerte tiene, como Jack Nicholson, a un fiel amigo que le ahogará cuando hace falta. Sin suerte, hélo aquí en el Chestnut Tree, trazando en el polvo con dedo tembloroso la ecuación: 2+2=5. No le queda más. Y ahora, burlando la historia, lo más novedoso, lo más siglo veintiúno: los antidopaminúmenos.

Para los no iniciados, cadenas de búsqueda: nicotine y addiction genetics. La cuestión es ésta. Yo soy adicta a la nicotina (declaración de interés: mis sinapsis envían un Like a la acetilcolina y un requetecontraLike a la nicotina, que sobre todo estabilizada con mentol, tiene las tetas todavía más grandes y bifásicas). ¿Por qué? Los moralistas: debilidad. Usted, por el bien de la sociedad, debe reinventarse o dejar de existir (y de joder). Haz un esfuerzo, ¿quieres? De acuerdo, dejaré de existir (como tú, como todos) pero todavía no, faltan unos mesecitos. Se lo debo a mi famila. Lo siento. Y mientras exista, será con estos genes. Ahora, atención. Se ha descubierto que la adicción a determinadas sustancias, entre ellas la nicotina, está vinculada con la variación A1 del gen D1D2, que da por resultado escasez de determinados receptores en determinadas partes del cerebro, relacionadas con el sosiego, con la calma, con el equilibrio, con la sensación de fruición. Es decir, existe una proclividad a la adicción por parte de determinados individuos que sin la sustancia en cuestión, no pueden vivir con normalidad. Repítatelo cinco veces, luego como coda pronuncia: "diversidad" y desterníllate de la risa. En mi caso el lado genético está claro: lo observo a diario en mi hijo. El nerviosismo, la incapacidad de relajarse, de estar sin hacer nada o sin pensar en gran cosa. El frotarse de manos. El darse cabezazos contra la pared (este blog es un cabezazo contra la pared). El no poder sentarse, el balancearse de un pie a otro (pregunten a #misalumnos). Es decir, y a despecho de algunitos: fumar tabaco es una forma de automedicación, un saber ancestral, una cultura. Permite a esa gente (mi gente) estar como la gente, más o menos y salvando distancias. Como siempre y con gran intuición, los pacientes se adelantan a los doctores. Ellos llegarán. No hay prisa.

De acuerdo, fumar mata. También votar (lo vimos en tiempo real el 30-S), pero no se lo digas muy alto: se ofenden fácilmente. La cuestión es que si bien no tengo derecho a matar a otro, a mí mismo sí tengo todo el derecho de matarme, y la obligación de decidir cuándo y en qué circunstancias. Perdón, todo esto es mío. Este cuerpo, y todo lo demás, aunque no valga mucho. ¿El precio? De ganga. Los ancianos consumen recursos del Estado que da pavor. Los cadáveres (de fumadores, en este caso, muertos de emfisema, de cáncer, de lo que quieras, a los cincuenta y pico), bastante menos. Googléenlo. Somos baratos como putas viejas. Pagamos en impuestos más de 20 veces lo que costamos. Y todavía quieren subirnos más la broma. Somos los héroes de la película.

Huy, pero no quiero estar cerca de ellos. Huelen mal. Es perturbador con qué ingenio se reinventa el nazismo para cada nueva década. Se diría: el nazismo es consustancial con la naturaleza humana. Por lo menos en ese porcentaje de individuos (61-66%) que suele "dar paliza" en las elecciones generales de cualquier país (por eso el libertarismo es electoralmente inviable. No se puede ir razonando por la vida. A la gente no le gusta eso). En fin: no se lo digas muy alto, tampoco, pero "el bien de la sociedad" no suele quedarse bien servido por los que se empeñan en ahorrarle a los individuos que conforman dicha sociedad cualquier posibilidad de elegir moralmente. No, no dejes que los fumadores aprendan en libertad a apartarse de los no fumadores para no molestar. Mucho mejor es que actúen por miedo a la autoridad (a las multas y los encarcelamientos) que no por consideración al otro. Con lo segundo, tenemos servilidad, egoismo y envidia, es decir nirvana de socialistas. Con lo primero nos arriesgamos a tener como votantes a personas maduras con criterio propio. ¡Vade restroom! Hay que imponerse. Y aparte, sin toros, ¿a quién se supone que vamos a torear? ¿Dónde queda la diversión? si no en vía Samborondón, en aquellas burbujas que todavía no hemos invadido. Seguro que muchos de ellos disfrutan de su habano. Jodámoslos todos en la Lucha Final. No queda más.

Hedwig Kiesler, actriz mejor conocida con otro nombre, se hizo famosa en una película con el nombre Extasis, en que no sólo apareció desnuda sino que hizo suya cierta mueca de desenfrenada pasión en primeras planas, que el sabio director insistió en provocar mediante el sencillo truco de pincharle en la nalga con un afilado alfiler (dueños de muñecas inflables: no practiquen esto en casa). Como todos quisiéramos ahora (pero no hay adónde ni con qué plata) huyó del nazismo (tras asistir a una fiesta donde el mismo Führer, por oficios de su maridote) para terminar en EEUU (todavía no se había inventado el obamismo ni el arizonismo). A continuación, y como quien no quiere la cosa, inventó el celular (o más precisamente la tecnología necesaria, el "frequency hopping") junto con su nuevo marido que era un trozo de pan. Es decir, aquel artilugio que tanto ama el ecuatoriano social que se respeta, el no fumador, el Buen Vividor, el prohibecervezas, el clausuratiendas, el piadoso enemigo de la sonrisa. Y yo me pregunto... ¿Será que ellos también piensan inventar algo, regalarle algo al mundo que no sea chantajes, que no sea comida de perro caduca y hedionda? Digo, para no quedar como hipócritas parásitos, predicando patria y viviendo de los descubrimientos de las personas y de los países libres, de los fumadores en paz consigo y con el entorno (los árboles también fuman, sólo que cuando tú no estás). ¿Será que tienen el secreto proyecto de algún día no ser ridículos?

Si es así, bien escondido lo tienen.

El protagonista de la película esencial Sostiene Pereira: hay en cada ser comunidad de almas. Aparta en ti al nazi, al somocista, y descubrirás otra cosa, ese otro tú que esperaba entre bastidores. Desafortunadamente, nadie te puede ayudar con eso. Tú solito.

Mientras tanto: a disfrutar del medioevo, y a desarrollar el Alternópolis, la sociedad paralela. Y no se olviden de reir. No hay nada que odian más que escuchar eso. Es lo único que, como sucedáneos de seres humanos, nunca aprendieron a hacer (salvo con sorna, que no cuenta).

Il n'y a qu'une chose qui mérite le mépris: c'est le mépris.

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