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Showing posts from May, 2012

Simples

Simples A crone, she croons and crows a newborn mite into ataxia, worries it with dill, spits small deft prayers at horrid eyes. The sight of so much skin not grown yet into still unsettles; is there time to reunite, in burgeoning child, what demons stoop to kill? A young girl’s next – an eye, imagined spite, requires, she says, the herbal woman’s skill applied ab ovo in a simple rite. As hen’s egg stencils her, I note the spill of pleistocene Nativity to my right (Three Wise Men meet Triceratops) and will her better; past the garden garage light a sudden flock of doves, disturbed, takes flight.

El deseo es messy

Cumpli la fatídica edad de veinte años y dos meses detrás de un par de platos giratorios, que recién había aprendido a manejar. En realidad el ser DJ de discoteca no tiene mucho misterio, o no tenía en ese entonces. Te hallabas con el disco puesto. Te buscabas otro. Aprovechando el detalle anatómico de tener dos orejas (a veces sospecho que me dieron el trabajo por esa peculiaridad: no tenía nada más a mi favor), usabas los cascos para comparar ritmos entre las dos canciones. Basándote en la similitud o diferencia de ritmos y, hasta cierto punto, de claves, decidías si era mejor un cambio brusco o uno paulatino (yo, en general, me decantaba por los primeros). Con el dedo índice, girabas el segundo elepé o estendeplé (que cabalgaba sobre un disco de cartón encima del plato) hasta encontrar el momento donde tenía que irrumpir. Lo guardabas ahí, inmóvil, con el mismo dedo. Cuando era el momento, lo soltabas y al mismo tiempo, ajustabas los potenciómetros de volumen. Y dal capo . ...

Nunca escuchaste nada igual

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Ambas canciones me parecen soberbias. La segunda es algo más que eso. Burt Bacharach podría haber reinventado la música popular, si el público hubiera tenido un poco más de criterio. Tal como le fue, en vez de ser influyente tuvo que conformarse con ser rabiosamente comercial. Pero aquí tenemos la evidencia de que detrás de esos números eternamente reciclados había todo un master plan para revolucionar las ondas y acostumbrarnos a la sorpresa.

Homúnculo

El púlpito no entrena muy bien para el debate. Cada lugar tiene sus protocolos, y en la iglesia, se supone que al feligrés no le luce el papel de interlocutor. Si no estás de acuerdo con lo que dice el cura en el sermón, te lo callas, por lo menos hasta que tengas un momento en privado con él, y si tal momento se produce, lo más probable es que entre tantos pecados que hay que confesar, el posible tanto dialéctico parecerá irrelevancia y frivolidad. De modo que lo único que llegará a escuchar el cura sobre su sermón, en que acaba de demostrar a su propia satisfacción el estatus privilegiado de la "familia tradicional", es ese borboteo entusiasmado de la viejita de 84 años que siempre viene a felicitarte al final de la misa, pero que a veces te da un poco la sensación de que cuando está sola en casa va felicitando a la olla arrocera y a alguna que otra salamanquesa que esté ahí de paso, también. De modo que el hacendoso curita cae en malos hábitos. Se permite, de...

La familia no-comfle y sus adversarios

Es cierto, tal como dice  Esteban Noboa Carrión : el Código Civil de este país privilegia a la familia comfle ("Kellogg's Cornflake family", en frase de una ex ministra británica, es decir aquella familia mítica que suele aparecer en la publicidad de copos de maíz, desayunando junta, compuesta por hombre, mujer y 2.2 hijos). No es de extrañar: los Códigos Civiles, en cualquier lugar, suelen ser tan carcas como cortos de entendimiento. Art. 81.- Matrimonio es un contrato solemne por el cual un hombre y una mujer se unen con el fin de vivir juntos, procrear y auxiliarse mutuamente. Sólo hay un problema con esta definición: no corresponde con la realidad. Dejemos de lado las múltiples configuraciones alternativas del matrimonio, reconocidas en diversos países, v.gr. un hombre y un hombre, una mujer y una mujer, un hombre y cuatro mujeres, etcétera; se supone que en ningún momento un matrimonio así será legalmente reconocido como tal en este territorio, así que no viene...

Note how I rub my enchanted hammer.

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Es imposible ser educador hoy en día sin ser consciente del poder de atracción que ejercen los comics sobre las mentes juveniles. De modo que tengo asignatura pendiente con el manga , género sobre el cual no sé absolutamente nada, pero que muchos alumnos míos listan entre sus aficiones. En cambio, sin ser experto en el tema, sí puedo atribuirme cierta familiaridad superficial con el mundo de Marvel, pues pasé por una fase, no recuerdo a qué edad, tal vez sobre los 10 años (estaríamos hablando entonces de los tempranos 70) cuando los cómics de Spider Man, del Hulk, y de los Avengers disputaban con las golosinas y las canicas la prioridad sobre ese pocket money que solía aparecer en la época de las vacaciones (largas, gloriosas) de verano. Por eso, y a pesar de que mi primera lealtad sigue siendo hacia esa vengadora gloriosa que fue Diana Rigg, cuando salió esa película ya la pude ubicar fácilmente dentro de un universo de conceptos, que la revisión de la cinta (bajada d...

Glicina, buganvilia

Es el sueño de todo inglés de las generaciones de la posguerra (este gene pool empobrecido, el mío, heredero de ortodoncias Stonehenge y otros horrores, y eso, niños, es lo malo de las guerras, que suelen diezmar a los sanos y burocratizar la fealdad), cuando ya quedó claro que la isla, lo que quedaba de ella, sin la catedral de Coventry y la pluma de Auden valía verga y media, pues eso, el sueño desde entonces consistía en encontrar aquel lugar donde, sin grandes aspavientos y dosificando muy estrictamente a esa Barbara Pym que todos llevamos dentro, uno pudiera congratularse continuamente por haber descubierto un sol sostenido, un sol discreto, un sol fiable y un tanto elegíaco, que no tiene apenas otra cosa que hacer que bañar contínuamente un jardín de acuarela y tomarse el té con algún antropólogo alicaído de paso. Símbolo de ello, la glicina ( wisteria ), esa planta que comandaba el destino tanto del personaje de la Tierney en Que el Cielo la Ju...