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Showing posts with the label Orlando Pérez

Gracias, Orlando

Su artículo navideño me iluminó tanto como la lectura de un soneto de Nerval iluminaría a quien busca una buena receta para el relleno de pavo. Ya sé, la culpa es mía: es absurdo esperar que un artículo con el título festivo de "¿ Cuánto de popular hay en las demandas de los movimientos indígenas? " pudiera dar alguna pista sobre cuáles son esas demandas. Pero por lo menos quisiera aprovechar la ocasión para señalar mi incipiente curiosidad por saber qué demandas tienen, en la actualidad, los movimientos indígenas del Ecuador: si algún lector, indígena o no, quisiera ilustrarme algo al respecto, ahí está la caja de comentarios. Claro que como seguidor superficial de las páginas de las noticias, estoy consciente de que hay un edificio en Quito que la CONAIE ocupa desde hace 25 años y que el gobierno ahora, de manera sorpresiva, quiere destinar a otros usos . A mí me parece que ubicar la sede de tu organización en un edificio que, a más de no ser tuyo, perte...

Middelbräu

Este trabajo autoimpuesto de ser observador y cronista de las páginas de Opinión del Telégrafo me está decepcionando un poco últimamente. Es demasiado fácil, ya que a decir verdad hay muy poca opinión allá. Lo que más hay son eslóganes. Y los eslóganes son como molinos, en el sentido que resulta algo quijotesco acercarse a pelear con ellos. El otro día salió ahí una señora con unos apellidos muy de alta alcurnia (y que llevaba uno de esos "de" matrimoniales en medio, que hablan largo acerca del tinte de pelo, religión, y flora intestinal de su portadora) que expresó la siguiente opinión (no textual: el servidor del T está fuera de línea en este momento): Las Sabatinas de Correa a mí me encantan; por tanto, al Pueblo también le deben de encantar. Sería una crueldad (y tremenda falta de caballerosidad) ponerse a discutir algo así. Sí, señora: el Pueblo tiene el deber de coincidir con usted en todos sus gustos: sería un muy mal, muy travieso Pueblo el que no lo hi...

De juguete y de verdad

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Uno anda por la calle, y de repente se le aparece delante un niño con una pistola de juguete. “Manos arriba,” grita el niño, “esto es un asalto”. Como la pistola ostenta tanto realismo como una muñeca Barbie, uno sonríe, finge recibir una bala en el pecho, o hace ademán de desenfundar al estilo John Wayne, en fin, le sigue la corriente al niño, y andando. Esto, a menos que uno se llame Orlando Pérez, o Hugo Chávez. En el primer caso, hay que volver corriendo a casa, para acto seguido escribir un artículo denunciando al niño como “ patriarcal y elitista ”, y especulando sobre la terrible posibilidad futura de que estos niños, o los “elites” que representan, “ también decidan cómo vestir, qué comer, dónde divertirse, con quién salir, etc ”. En el segundo caso, hay que emitir un decreto que prohíba que los niños en todo el país jueguen a ser pistoleros: o sea, prohibiéndoles que jueguen . En ambos casos, lo importante es conservar como precioso bien comunitario la confusión originaria ent...