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Showing posts from March, 2014

Venezuela: you're both right, children!

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Cuenta la historia que un monje budista, de ésos que andan descalzos por el mundo diciendo pendejadas, iba por un camino solitario un día, cuando en ésas se le presenta una mujer, que le pregunta muy respetuosa ella: maestro, ¿cómo puedo conseguir la fortaleza espiritual? El maestro le mira con ojos de gran sabiduría, y responde: ¡ambos tienen razón, niños! Puedes comerlo, ¡y también puedes limpiar el piso con él! Ahí termina la historia en su versión oficial. Hay una especie de coda o posdata de dudosa procedencia, que alarga así la historia: Unos dos minutos después, el monje seguía su camino, cuando en ésas se le aparece la misma mujer, que al parecer viene corriendo atrás de la bicicleta del maestro. Cuando consigue atraparlo, la mujer, jadeando y sudando, le dice: maestro, lo siento, no entendí su última respuesta, eso de que puedo limpiar el piso con no sé qué. ¿Puede explicarme lo que significa? El maestro le mira con ojos de inmensa compasión y ternura, y responde: La coher...

El Pendejómetro

Como se suele decir, son cosas que nadie podría inventarse. Hay un programa de tele del género Reality en Ecuador, de nombre Soy el Mejor , concurso de destrezas físicas y artísticas abierto a hombres y mujeres, que tiene un segmento con nombre propio, El Nalgómetro , donde se trata de medir la rapidez y destreza con que las concursantes femeninas mueven las caderas, con acompañamiento musical, aprovechando esos músculos cuya atrofia en mi propio caso y cuerpo he lamentado  en alguna ocasión . Como el nombre indica, se intenta que tal destreza pélvica sea medible y cuantificable, a fin de asignar puntos y premiar a ganadoras, y con ese propósito se cuentan (supuestamente) las oscilaciones de la zona sacro-ilíaca de la concursante durante la prueba, mediante un pequeño dispositivo electrónico pegado en la parte superior del trasero del sujeto. Si todo eso ya de por sí es surreal (para ser más precisos, parece sacado de un ...

Joyas en la basura

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Estoy harto de referenciarlo: Robin Williams, la tapa de botella de champán, ya saben. Qué quieren que diga: soy producto de los setenta. La generación que fue colilla infumable del baby boom. Haber nacido tan sólo diez años antes, para tener una adolescencia al son de los Beatles, los Stones, y Bacharach. En lugar de lo cual, esto: Salió cuando yo tenía 12 años. A esa edad ya era un viejo pervertido (apenas había dejado los pañales, ya estaba viendo a la Rigg en los Avengers) pero aunque las dos daban peligrosas patadas, esto para mí era nuevo. Sabía que la música era horrible, pero ¿y qué? Ella era adorable. (En realidad, pasaron años antes que me molesté en escuchar la letra para descubrir que a diferencia de lo que había supuesto, sí significaba algo. Aunque sigo sin entender lo del "teenage tiramisú".) Me complace decirles que ella ha envejecido con excepcional gracia. La cara (con esos deliciosos mofletes) no miente, ella siempre fue una dama y yo sigo dispuesto a matar...

¡Que viene la derecha!

Tranquilos: no quisiera para nada interrumpir su orgía de complaciente autofelicitación. Me imagino que debe ser la mar de agradable sentirse miembro de una casta superior, en este caso "la Izquierda", superior no tanto en riquezas (aunque déjales ir) como en virtud moral, en bondad y solidaridad y tierna simpatía hacia el prójimo. Todas aquellas cosas que le faltan a "la Derecha", que como sabemos consiste mayormente en gente egoista, malévola, corrupta y amoral. Esto, sin hablar de la inteligencia, atributo que se encuentra muy extendida entre personas de izquierdas (hasta el punto que son capaces incluso de entender una columna de Orlando Pérez), mientras que el derechista, casi por definición, es un cretino. Repito: no quisiera para nada cuestionar tales verdades evidentes. ¿Quién iba a querer orinar sobre unas papas fritas tan suculentas? Lo mío no es irrumpir en las fiestas, peor aguarlas. No. Lo que yo hago en las fiestas, desde una edad muy temprana, es ...