Soy una bellísima persona
A las pocas semanas de llegar a Ecuador, me llamó la atención un anuncio de trabajo que solicitaba gente para vender seguros de puerta en puerta. El anuncio precisaba que se daba preferencia a “cristianos evangélicos”. En mi inocencia de recién apeado en el país, pensé que seguramente la empresa quería así asegurarse de la honradez de sus empleados. Solamente ahora me doy cuenta de que era todo lo contrario: sabían que el cristiano evangélico era profesional en el arte de mentir y que no tendría escrúpulos para cumplir con ningún dudoso requerimiento del oficio. Claro que no hay estadísticas que demuestren que el cristiano evangélico es más deshonesto que el grueso de sus congéneres. En esto me dejo guiar por la experiencia acumulada. Ella puede ser tan buena tutora que, por ejemplo, cuando tuve que vender el San Remo, escuchar de boca del comprador , después de cerrado el trato, ese “yo no le iba a mentir, soy cristiano, temeroso del Señor” me empañó el día: así que el carro valía muc...