Darles por el nulo
Don Sufragio Benavídes Loor, a pesar de su origen manabita, llevaba más de quince años residiendo en una modesta casucha en el Guasmo Sur de Guayaquil. Durante ese tiempo, se había hecho muy querido en la vecindad, por su infatigable vocación de servicio. Cualquier habitante del barrio sabía que si tenía un problema, podía acudir a él para que, en la medida de sus modestas posibilidades, le echara una mano. De su remoto pasado poco se sabía; eso sí, de su paso por el ejército (¿o sería por la policía, por sus frecuentes denuncias de esta institución?) quedaba algún recuerdo visible, como esa pierna coja que a decir suyo llevaba enterrada un cuarto de kilo de metralla; y también, el arma de servicio, una potente automática, que él conservaba cual reliquia religiosa, en algún rincón de su guarida. Los vecinos nunca lo habían visto usarla, pero un par de veces la había sacado y había disparado al aire para espantar a algún maleante que había querido traspasar a la fuerza el portal de su c...