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Showing posts from March, 2009

Xarnegos

Hasta con El Telégrafo a veces uno se pone a soñar. El artículo de Juan Cárdenas Espinoza (nombre de apostólico azote de herejes donde los haya) hoy me ha transportado de sopetón a mis pasadas vivencias catalanas. Y no es que hable para nada de Catalunya, pero eso de distinguir entre guayaquileños “de cepa” y los que son “nietos de emigrantes”, qué quieren que les diga, a uno le hace revivir experiencias que creía enterradas en un pasado lejano e irrelevante. Aunque tal vez no tanto, ahora que lo pienso: si fui capaz, al llegar aquí, de captar el doble sentido de “cholo” (etnia para algunos, burdo peyorativo para otros, estos últimos al parecer miembros de cierta burguesía rancia y juvenil), seguramente fue mediante analogía inconsciente con ese “xarnego” catalán, que la explicación wikipediátrica glosa deshonestamente, sin mencionar siquiera que para toda una burguesía barcelonense pudiente de los años 90, la de los JASP y de las camisetas Lacoste, “xarnego” era el descalificativo de...

Caja de jabón

No entiendo cómo con algo tan sencillo como la libertad de expresión la gente se crea tantos problemas. Para empezar, olvidémonos de que sea un “derecho”. La cuestión de si existen o no “derechos”, sean humanos, ciudadanos, “de la naturaleza” o de cualquier otro tipo, no es necesario que se resuelva antes de hablar de libertad de expresión, de la misma manera que no es necesario resolver la cuestión filosófica del “derecho a la vida” para poder saber qué es y qué no es la vida, y de qué manera se la puede perder; tampoco es necesario definir de antemano cuáles deberes le “corresponden” a ese supuesto derecho. Si quieres que sea un derecho, bien, no me opongo. Si quieres que tenga asociados unos cuantos deberes, discutamos cuáles. Lo que me interesa, sin embargo, es simplemente definir en qué consiste tal libertad de expresión. Con una buena definición creo que nos ahorramos muchos problemas posteriores. Para mí, y creo que para muchos, libertad significa ausencia de coerción. Ni más ni...

Anecdotal oneupmanship?

Sucedió en la calle Boyacá, frente a las oficinas de El Telégrafo . Propios de una vida de célebre comentarista a la par de irredento flâneur , como ya sabrán los lectores de este bitácora, son aquellos bucólicos paseos matutinos sin bicicleta, que sirven tanto para digerir uno de los más que pasables ceviches de algas de la marisquería Neptune Puk’d , como para reflexionar sobre el extraordinario alcance de la estupidez humana, ejemplificado en este caso por la conversación de mi compañero, el pana Rodolfo, una gran persona cuya facilidad para encontrar colillas de cigarrillos aun rescatables entre la basura de las alcantarillas (cortesía Nebot) hace tiempo que consiguió granjear mi simpatía y condescendencia en aquellas ocasiones en que casualmente topaba con él (el caso de la mañana en cuestión). En esta ocasión, a pesar de mis esfuerzos dialécticos, el pobre seguía, evidentemente, sin apreciar el punto de mi argumento, acerca de la posibilidad de aplicar el archiconocido criterio ...

Ardor revolucionario

El tipo se llamaba Alan Thornett. Era mediano en todo: estatura, edad, inteligencia. Pelo ralo, ni corto ni largo, que normalmente llevaba alborotado al estilo “acabo de quitarme un abultado jersei de lana, y qué”. Tez sonrosada, cejas puntiagudas, las cuales le prestaban cierto aire puckish . Tenía ese acento ligeramente West Country que denotaba que, aun siendo de Oxfordshire, sus credenciales eran auténticamente townie . Trato agradable, y (clave para entender sus logros), gran capacidad para escuchar. Se diría que se sentía más cómodo escuchando que hablando: cuando tenía que dar un discurso, le salía con dificultad, y se apoyaba mucho en consignas aprendidas de memoria, aunque las sabía mezclar con esos giros académicos reivindicadores de sutileza de pensamiento que los cicerones izquierdistas siempre codician para sí y pronuncian a su manera (para él, cadre rimaba con padre ). En los círculos de izquierda trosquista británica de ese entonces (los años 80), arrasaba. Lo que, en t...

What if Correa was one of us?

Se ha puesto de moda, dicen, entre la “beautiful people” de la Revolución Ciudadana, eso de llevar varias cédulas de identidad y toda una faja de pasaportes . Como señala Juan Sebastián Utreras-Carrera , eso podría ser síntoma de esquizofrenia aguda, pero la explicación real es probablemente más prosaica: cada cédula de identidad te da un voto en las elecciones, y cada pasaporte te permite viajar a un bloque de países diferentes sin despertar atención oficial indeseable a raíz de los sellos ya registrados en ese documento. Personalmente, no veo nada de malo en que una persona vote dos veces en una elección: si votar es un deber cívico, entonces votar dos veces tendría que representar un esfuerzo patriótico heroico “más allá del deber”, y así evidentemente lo han de entender nuestros gobernantes, que sobre el tema de la doble cedulación masiva parecen no preocuparse en lo más mínimo. En cuanto a los pasaportes, yo tenía un amigo norirlandés con doble nacionalidad irlandesa y británica, ...

Pechonalidades

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Claro que a cierta edad, o según como tengas la fuerza de la gravedad en tu barrio (en el mío, todavía no tenemos. El alcalde ha prometido que todas las casas en Durán tendrán gravedad antes del 2015, si lo reelegimos. Si no, si sale la Ana Diecon de Sociedad Patriótica [eslogan: “¡Ana Diecon Vence!”], supongo que tendremos que seguir desayunando en la pared y durmiendo boca abajo en el techo), a cierta edad, digo, los senos es como los matrimonios, no se dirigen ya apenas la palabra, y duermen dándose la espalda, lo más alejados que pueden el uno del otro sin caerse del pecho. Se desinflan, se vuelven como alicaídos globos de la fiesta de anteayer; se tornan, en suma, africanos. Pero hay una edad para todo, y/o un sostén para todo, la cuestión es que pese a las legionarias voces del cinismo, yo sí he visto pechos que hacen buena pareja, que realmente se quieren entre ellos. Anteayer, por ejemplo. Mis alumnos, enzarzados en una evaluación rutinaria, miraban silenciosos y deprimidos sus...

Cita del día

"What if someone gave a war and Nobody came?" (Allen Ginsberg, 1972, plagiando a Carl Sandburg) " What if someone held an election and Nobody voted? " (Endivio Roquefort, 2009, fagocitando* a ambos) Esta vez, que dejen en paz a Brecht. Realmente, hay cosas que él no dijo. * for American readers: this does not mean what it appears to.

Oposición de Condorito

El hallazgo no es mío: pertenece a una tal Grace Jaramillo, nombre que no me es familiar: ignoro si sus arremetidas contra la “Oposición” de este país estén motivadas por una bien disimulada lealtad al partido de Correa o simplemente obedecen a un deseo de expresar ciertas verdades tal como las ve: en todo caso, no encuentro apenas nada con que discrepar en su columna, y mucho que aplaudir. Hablemos con franqueza: lo que aquí se llama oposición no es tal. Es una combinación de chiste y farándula. Y, tal como sucede en las tiras de Condorito, los chistes no son siquiera originales. El atractivo se limita a las formas femeninas, siempre redondeadas con lujuriosa generosidad (aunque eso de colocar bellezas en las listas a modo de cebo parece ser cosa de latitud más que de ideología: ayer estuve en Babahoyo y la candidata a alcaldesa que tienen allá para la 35 es una auténtica diosa; unas cuantas más de ésas, y me hago correísta a tiempo parcial); aparte, a uno se le vuelve casi hipnótica...

Odio

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Un restaurante, para ganarse clientela, tiene que lucir impecable. Manteles blancos, recién planchados. Flores frescas en la mesa. Cubertería bien lavada, reluciente. El camarero tiene que acercase a la mesa - aunque esté muerto de sueño, de dolor, de rabia - con formalidad y corrección, sonriente, servicial. Todo eso supone trabajo. Trabajo de lavandería, de cocina, de repostería, de limpieza, de atención al cliente, de autocontención. Sincronización, coordinación, eficiencia. Gente que se gana a pulso lo poquísimo que se le paga. En una compañía de televisión, otro tanto. Herculino labor el de tener cada mañana, a primer bostezo, las noticias frescas sobre la mesa, la animadora sonrisa, la agenda de entrevistas y de variedades, y coordinarlo todo para que no se note el estrés, el nerviosismo, la angustia por el invitado que no aparece, la necesaria improvisación, las múltiples y traicioneras incertidumbres del oficio. Perder kilos en sudor para que todo parezca relajado, cordial, inf...

Darles por el nulo

Don Sufragio Benavídes Loor, a pesar de su origen manabita, llevaba más de quince años residiendo en una modesta casucha en el Guasmo Sur de Guayaquil. Durante ese tiempo, se había hecho muy querido en la vecindad, por su infatigable vocación de servicio. Cualquier habitante del barrio sabía que si tenía un problema, podía acudir a él para que, en la medida de sus modestas posibilidades, le echara una mano. De su remoto pasado poco se sabía; eso sí, de su paso por el ejército (¿o sería por la policía, por sus frecuentes denuncias de esta institución?) quedaba algún recuerdo visible, como esa pierna coja que a decir suyo llevaba enterrada un cuarto de kilo de metralla; y también, el arma de servicio, una potente automática, que él conservaba cual reliquia religiosa, en algún rincón de su guarida. Los vecinos nunca lo habían visto usarla, pero un par de veces la había sacado y había disparado al aire para espantar a algún maleante que había querido traspasar a la fuerza el portal de su c...

Oportunidades laborales (23): Rectora de sadismos parroquiales

Es una fresca y hermosa tarde de invierno en la sierra ecuatoriana. El sol merodea asustadizo cerca de algunas nubes, cual ministra de salud en una feria ecologista. El campo reluce húmedo después de las recientes lluvias, y desde un arbusto cercano, un intrépido cuy asoma con curiosidad su atractiva nariz. Una mariposa escarlata revolotea encima de un arroyo de limpias y cristalinas aguas. Los melodiosos aves festejan con dulce serenata nuestra llegada, y a lo lejos, se escucha el rítmico chillido de un muchacho joven, receptor y beneficiario de pintoresca saña ancestral. Conforme nos aproximamos a ese idílico pueblo, vemos a la gente corretear hacia aquella plaza central, ansiosa (¿cómo no?) de presenciar el sufrimiento de aquel joven, que empezó un poco más temprano de la hora anunciada, tal vez por alguna equivocación horaria, obligando a la gente a dejar la yuca a medio cocer, o el marido a medio envenenar, o la vecina a medio embrujar, por temor de perder el espectáculo. Y ciert...

Viejo idiota deambula brevemente por Quito

Ayer, un holgazán chiflado llegó a Quito con su mujer. Luego se fue a las Islas Galápagos.

El Charvismo en el País de las Mil Maravillas

Para Erika , el tener que estar sentada al lado de sus hermanas en la ribera , sin nada que hacer, esperando un cumplido de parte del Profesor, que nunca se fijaba en ella, empezaba a cansarla; de vez en cuando había echado un vistazo a las noticias, pero no había fotos ni estadísticas del Banco de Venezuela, y como decía ella, “¿de qué sirve una noticia si no viene con fotos ni con estadísticas del Banco de Venezuela?” En ésas estaba (o en ésas estaría, si el calor le permitiera a su mente despertarse de ese letargo que a veces se le antojaba estupidez) cuando de repente vio corriendo cerca de ella un terrorista blanco, con ojos de color rosado. Hasta aquí, nada demasiado notable; ni siquiera cuando al terrorista se le escuchó murmurar “Ay, caramba, ay, caramba, llegaré tarde a Quito” le pareció a Erika fuera de propósito, pero cuando vio que el terrorista sacó de su bolsillo un subsecretario, y lo remiró, y lo husmeó, y luego siguió su apresurado camino, entonces sí, Erika se levantó...

Back to the Future

Cuando volvimos a Durán, después de un año de alquiler en Sauces, de nuevo echamos mano de aquellas amistades que tiene mi esposa con agentes de policía local, volviendo a fletar un camión de la policía para hacer el traslado a un precio competitivo (creo que les dimos $20 o algo así, “pa las colas”). No sé si esto constituiría un acto de corrupción, lo cierto es que esos agentes no querían que tal uso del vehículo trascendiera entre sus superiores, pero bueno, el caso es que durante aquella hora que duró el traslado el camión no podía ser usado para cometer ese tipo de fechorías propias de la institución policial, v.gr. detener a gente por fumar hierba, etcétera, así que supongo que el flete del vehículo se podría clasificar como una buena obra. Lo que más recuerdo, en todo caso, fue ese viaje por el Terminal, por los puentes, donde a partir de cierto momento nos vimos acompañados por una insólita viajera. Era una serrana vieja que comandaba un triciclo modificado, cuya parte frontal ...

Relaciones diplomáticas

A veces es bueno indagar en las fuentes de primera mano. Al querer informarme del por qué tanta gente llamaba al Presidente “caretuco”, me tropecé con esto. Se trata de un extracto de una carta escrita por la ex embajadora estadounidense en Ecuador, Linda Jewell, a su reemplazo, Heather Hodges, aconsejándole acerca de los detalles de su misión en este país. (Esta carta estaba entre tantos documentos guardados en esa computadora que se llevó uno de esos yanquis por equivocación hace poco, y que ahora son de dominio público en la web.) Como verán, aquí se aprecia un posible motivo por el enfriamiento que ha tenido lugar entre los dos países, a la vez que se intuye una posible solución. Veamos: Now, Heather, when it comes to meeting with the President (I don’t mean the President, I mean the guy that runs this little country here), there’s a few things you just gotta remember. Let’s start with the name. When they had their last elections (that’s another thing you’ll get used to, here they...