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A caballo

Llegué a este país el 17 de enero del 2005. A las pocas horas ( ¿días? qué memoria ) de llegar, estuve hojeando el diario El Universo en casa de mi prometida. Salía una entrevista, que me encantaría tener como souvenir, de un juez, de corte supremo, un ministro de justicia o algo por el estilo. El sujeto se refería a un colega, o tal vez al propio ministro de Justicia, en aproximadamente estos términos: “Es un hombre excelente. Lo he visto chupar cuatro días seguidos sin caerse.” El entrevistador se preguntaba en voz alta, y con semblante adusto, si “saber chupar cuatro días seguidos sin caerse” era la definición de un buen jurista. Para mí todo esto era la definición de la novedad. El que yo viniera de una cultura donde la sobriedad de los jueces era proverbial, en este caso poco importaba. La cuestión es que por fin había descubierto un país alegre y franco, un país donde los juristas podían intercambiar piropos en torno a su aguante alcohólico en las páginas de la prensa seria, sin ...

Otro que se escapó

Es que ese Garzón es demasiado lento. Se le escapó Pinochet con una pirueta, y ahora que se había lanzado a un tackle contra León Febres-Cordero, éste va y le deja otra vez con la camiseta en la mano. Esa maniobra de morir justo a tiempo es un viejo truco, pero parece que funciona. Cuando yo llegué a Ecuador el Presidente se llamaba Lucio Gutiérrez, pero nadie lo hubiera dicho. En los telediarios a ese Presidente apenas si se le mencionaba (lo cual motivó de parte suya una serie de spots de burda autoadulación a cuál más hilarante), mientras que a un viejo con pelo blanco y ojo extraviado los periodistas le hacían la corte como si fuera un oráculo. A ese tipo, que tenía ilustre apellido de héroe venezolano, mi mujer y mis amigos se le referían como al "dueño del Ecuador", al parecer sin sarcasmo ni amargura. Era, para ellos, un simple hecho constatable. A los pocos meses de llegar yo aquí, recuerdo haber leído alguna noticia confusa en los diarios sobre un periodista a quie...

De ganadores y perdedores (2)

Últimamente, parece que hay una fuerza misteriosa que empuja a todo presidente de Ecuador a introducir en el habla popular un novedoso término de oprobio, cuya intención original era de ofender pero que termina convirtiéndose, primero en objeto de burla, y después en medalla honrosa. Tal fue el caso de los forajidos de Gutiérrez: más recientemente, las carreteras de Guayaquil se han llenado de carros que pregonan mediante orgullosos stickers que el dueño se considera “100% pelucón”. Así, en esta línea, y mucho antes del discurso de Correa referido ayer, yo me había acostumbrado a cargar, aunque fuera tan sólo para mis adentros, con el aparentemente deshonroso calificativo de “perdedor”. En realidad, no se trata de autocrítica ni de autoinmolación, sino de una toma de postura ante un sistema de valores que nunca pude compartir. Y es que ahora sigo siendo un perdedor. Anoche, por ejemplo, para escribir en este blog perdí aproximadamente dos horas de sueño. Hace unas semanas perdí la ...