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Cosecha Aleatoria

Sí, la película vale la pena. Historia absurda, mucha niebla simbólica, pero se quedará imborrable en tu memoria y es lo que cuenta. No tengo tiempo para escribir. No sé cuándo lo tendré. Tal vez nunca. Y por eso escribo ahora, porque para mí haber escrito algo es haber vivido algo, y últimamente me harto de tantos ensayos virtuales, que no sobrepasan de fugaces excitaciones neuronales y no dejan huella ni en papel ni en pantalla ni en el recuerdo - cuando quiero poder recordar, de aquí seis meses, que hasta en estos días difíciles, algo fui capaz de pensar. Lo que difícilmente habrá es ton, y peor todavía, son. No me pidan tanto. Son cinco minutos máxime que puedo dedicar a esto. Tema 1: El Telégrafo . Hace tiempo decidí dejar de leerlo: lo mío con ese pasquín gobiernista siempre fue malsano. Pero echo un tímido vistazo, y ahí está, de nuevo, la Sylva Charvet , como para sacarle de quicio a uno. Habría esperado que la retaguardia correísta se quedaría estos días en silencio, por e...

Diosito versus 19 páginas

El otro día, un vecino cristiano me hizo obsequio de un libro (librito, aclaremos) de su autoría. Le contesté mediante carta. Contenido sigue. (Por si acaso el hipotético lector se ha topado con argumentos similares) ***** Estimado Camilo: Quisiera de nuevo agradecerle el regalo del libro de su autoría, el cual he leído con interés. Puedo equivocarme, pero tengo la sensación de que parte de su intención fue entablar un diálogo con sus lectores sobre los temas que abarca. Con este mismo espíritu de diálogo y amistad me permito ofrecerle a continuación mi propio punto de vista sobre las cuestiones que trata. Lo que presento no es más que el punto de vista personal, forjado a través de muchos años de reflexión, de una persona que pese a haber dedicado tiempo y esfuerzo a indagar en estas cuestiones, no se considera para nada poseedor de la verdad última y final, y por lo tanto siempre está dispuesto a dialogar y a escuchar ideas nuevas, y a aceptar críticas fundadas en todo momen...

El adjetivizador

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Es cierto, se me da por escuchar a un personaje público con ínfulas de intelectual, y soy capaz de seguir la pista de migas de pan un buen rato por los vericuetos de YT, sobre todo, hasta aburrirme o desengañarme. Tal me sucedió con el Scruton ése. Me sigue cayendo bien. Me gusta su manera entrecortada de hablar, su acento resueltamente sub-RP (insiste en no ser del todo  posh , para entendernos: de memoria, puede que esa resonancia sea del Oxfordshire rural, o del West Country, o hasta un alambicado Cockney, no recuerdo bien), su disposición a musitar la pregunta sin decir nada (es decir, se piensa las cosas), y hasta su modo de parecerse a Johnny Lydon (eso de no tener cejas, v.gr.). Bien por todo eso. También siento una especie de servil agradecimiento por el hecho de poder escuchar la palabra "belleza" de boca de alguien que no sea periodista. Cuando ¡un filósofo! dice beauty, como que se te derrite algo adentro. En algún lugar entre Kant y Kardashian, el concepto se ...

Pasión

Lo que nunca fui: apasionado. Nadie, ni mi mejor amigo ni mi peor enemigo, me acusaría de ser apasionado. Uno tiene que reconocer sus límites. O tal vez no. Tal vez mi error últimamente ha sido ése. Reconocer mis límites. Tal vez fue cuando los reconocí, creyéndolo deber insoslayable, que empecé a morir. Este pantanal de muerte adagio ma non troppo en que ahora me ahogo poco a poco, silenciosamente. Quizás sea deber de toda res probar a diario el cerco eléctrico, en lugar de interiorizarlo y darse por cercado. Fue ella ( ella , ya sabes) quien me los impuso. Me dijo, hace 16 años: "Yo soy apasionada... tú eres cariñoso ." Me dio tal estocada tan cariñosamente como pudo. Quise contradecirle, quise animarla a romper el embrujo. Si no lo hice, habrá sido por la misma razón que me impidió desvelar ante ella mi secreta pasión: hay leyes. Mejor dicho: hay decoro. El embrujo fue demasiado fuerte, y ella no tuvo fe. No besó rana. No liberó a la bestia. Nadie lo ha hecho, ni lo...

Last Chance Gulch

En mi faceta de siervo de la LOES, tengo el deber, muy de vez en cuando, de solicitar respuestas a la pregunta "cómo se diferencian los hechos de las opiniones". Mi propia manera de responder, me doy cuenta, ha cambiado bastante desde mi juventud. En aquel entonces, habitaba un jardín lleno de opiniones. Sobre un cielo indiscutiblemente azul se desfilaba el interminable cumulonimbus de opinión, traido por el viento del oeste; allá, en los árboles, las opiniones cantaban alegremente; más abajo, en el fondo del jardín, en un rincón rocoso se divisaba el murmullo opinionoso de un babbling brook; y alrededor, a cada lado las variopintas opiniones florecían entre las mariposas y el sopor del zumbido de algunos insectos. Así era entonces: yo me acuerdo. Ahora, en cambio, me encuentro aprisionado en el lóbrego manicomio de los hechos. Ahora sólo queda planificar la excursión nocturna, la liberación secreta, intermitente, para lo cual hay que tener bien marcada la ruta de salida. E...