¡Esos chistosos colombianos!
Supongo que ya mencioné que mi mejor amiga de toda la vida, San Jacinta, fue colombiana, y que tengo una maestría en Olvidar Nombres de Artistas de Cumbia. A veces incluso pienso que me equivoqué de país de destino y que tenía que haber ido a vivir en Santa Marta. Santa Marta, donde las mujeres todas son modelos y las cumbias se bailan con velas. Santa Marta, donde los peces hablan y el mar se enrolla como persiana. Estoy en Ecuador sólo porque soy zurdo. No hay más explicación. Lo que me gusta de los colombianos es esa extensa y rica gramática parda que manejan: me refiero a que, a diferencia del resto del mundo, en vez de quejarse de su mala suerte, responsabilizar a otros y ante las dificultades inventarse “derechos”, ellos buscan solucionar sus problemas, de manera proactiva, y las soluciones que encuentran son siempre originales, frescas y astutas. Casi todos los colombianos que conozco son excelentes oradores que, faute de mieux , fácilmente podrían ganarse la vida como vendedore...