Autoestima, matria y sellos

El otro día cite a Charvet, una de las más enternecedoras groupies correístas, quien al parecer se interesa mucho por la autoestima del pueblo, ente que, dicho sea de paso, recibe “continuamente” un nuevo mensaje de “complementariedad entre la matria y la patria”, privilegio éste envidiable así sea solamente por el hecho de que para poder descodificar dicho mensaje, el tal pueblo debe de saber qué cosa es una matria y qué es lo que come en invierno. Personalmente, sospecho que debe ser algo parecido a una nutria, es decir un animalito ñato, peludote y buen nadador, pero puede que me equivoque: puede que sea tan patético dentro del agua que, digamos, un Socialista del Siglo XXI cuando le sacas de su entorno natural de arcas rebosantes fruto de gobiernos anteriores y petróleo a $130 y le lanzas sin contemplaciones al cruel mundo de la escasez, del sacrificio y de las responsabilidades no transferibles. En todo caso, de lo que estoy seguro, gracias a la Sra. Charvet, es que una matria y una patria se complementan perfectamente: son como, digamos, caballo y carruaje, pan y mantequilla, o pez y bicicleta. Así que, cuando yo tenga una patria (si algún día llegue a tener una), lo primero que haré será ir en busca de una matria para servirle de compañero y adorno. Ahora, el único problema es saber para qué chucha iba a querer tener una patria en primer lugar.

¿Alguien me puede explicar para qué sirven las patrias?

Mira. Ayer, un joven estudiante me comentó que le gustaba coleccionar sellos. Yo, al cabo de unos quince segundos, tenía tantas ganas de llorar que tuve que dar la vuelta y fingir escribir algo. ¿Por qué? Porque cuando era niño, yo también coleccionaba sellos. Tenía una colección grande, hermosa, y para mí especialmente hermosa puesto que los sellos todos tenían algo en común, eran sellos de pájaros, y para cada una yo había apuntado el nombre del ave y el nombre en latín. Tenía unos cuantos miles, y conseguirlos y clasificarlos me había costado bastante esfuerzo y plata. ¿Qué pasó? ¿Me robaron mi colección? No. (insert preacher's pregnant pause) Yo se la regalé a alguien, no recuerdo a quién, creo que a un compañero de colegio a quien apenas conocía, sólo sabía que le gustaban los sellos. Entonces. El regalón de la historia (yo) pudo haber sido imbécil, es posible, también pudo haber sido un santurrón todavía inexperto y descoordinado, a quien le quedaba por aprender que a quienes se les regala cosas heroicamente es a los pobres, no a los compañeros de colegio. Todo eso son interpretaciones. Pero lo evidente es que si regalé, no solamente esa colección de sellos sino también prácticamente todo lo que tenía en esa época de la tierna adolescencia, incluidos los cómics que había hecho sobre los profesores del colegio, los libros de aves y no sé cuántas cosas más, fue porque había caído bajo la influencia de una secta peligrosa, que se llamaba “la Iglesia Católica” y que tenía un libro sagrado (la “Biblia”) que decía que tenías que regalar todo lo que tenías a los pobres y seguirle los pasos a un tal Jesús, que al parecer no era coleccionista de sellos ni nada parecido. Y si les digo que una vez en un libro de recortes de prensa leí el siguiente anuncio que al parecer salió en un periódico británico, sección clasificados:

A los padres del niño que, el sábado pasado por la mañana, en el centro comercial “El Octágono”, le dio a nuestro hijo una manzana a cambio de su nueva bicicleta: por favor comuníquense con nosotros a este número: -.

Claro que es para reírse: todo es para reírse. El niño debió de tener hambre y pensó que más vale manzana en estómago que cien bicicletas volando; yo también soy así, el hedonismo me ha sido siempre mal consejero y le he hecho siempre demasiado caso: soy capaz de dar un imperio por un par de tetas (y qué, pues, ¿no es más o menos una misma cosa?). En fin. La cuestión es que ese niño por lo menos tenía padres que se preocuparon por él. En mi caso a nadie le importaba lo que yo ganaba o perdía regalando mis sellos de aves: eso, claro está, es “la norma”, eso es lo correcto, uno debe de regirse por su propio criterio y no tener papás: pero aquí viene al caso ese tema, precisamente, de la “autoestima”. Cosa en la que nunca he creído, así que déjenme dar unas vueltas más alrededor del tema, a ver si me aclaro de una vez.

(¿Las cuasi-lágrimas? Era solamente porque había conseguido olvidarme completamente de esa colección de sellos durante más de treinta y cinco años: sólo eso. Cf. “Rosebud”, versión Citizen Kane, y etcétera.)

No. Autoestima no, por favor: suena demasiado a seudociencia, y es notorio que nadie ha conseguido plasmar ni una escala, ni criterios de medición, que sirvan siquiera para niños regalones de sellos. Sin embargo, a mí me parece que a un niño que regala sus cosas sólo porque unos curas se lo dicen, algo le pasa. Yo diría que ese niño no se quiere lo suficiente. Creo que es eso.

Tenía mis motivos por no quererme: todavía los tengo. Pero con los años, las décadas, uno se da cuenta de que ni una iglesia, ni un jesucristo, ni una patria, ni un santaclaus, ni un diositolindo, ninguno de éstos te van a querer tanto como tú todavía puedes hacerlo, así incluso, con tanta vergüenza secreta, con tanta fealdad en contra. El amor que te puede ofrecer un dios o una patria es de ésos que no calientan, como esas chimeneas de plástico y luces rojas que se colocan los pequeñoburgueses en sus salas de no estar. Todos ellos te quieren (eso dicen) a pesar de lo que eres, no por lo que eres. Santaclaus te da regalos que realmente no “has merecido”; Jesucristo siempre te está recordando que por culpa tuya (por culpa de todo, todo lo que eres) tuvo que pasar por todo eso de la crucifixión: el tipo tiene tema con eso que no veas. Las patrias todavía son peores. Hasta tu muerte les parece poca cosa. En fin: si te parece demasiado difícil quererte a ti mismo y prefieres que otro lo haga, pues permítanme una sugerencia: búscate una tía. Digo en el sentido ibérico, es decir búscate una mujer, una pelada, en fin, algo que lleve sostén y que no sea Fernando Cordero. Yo puedo dar fe de que ser querido por una mujer es mucho más satisfactorio que ser patriota, ser santo, ser revolucionario o cualquier otra bobada de ésas que los adolescentes todavía hoy en día se meten en la cabeza. Simplemente procura que la mujer que te quiera sea también la que tú quieres. Ahí hace falta puntería. Ahí fallé.

(Las quise a todas, en realidad. Las sigo queriendo, más con los años. ¿Qué pasó? Pues que me faltaba conocer a Carmen, nada más.)

Adónde voy con esto es hacia aquello que en estos últimos días me ha ido irritando como gusano debajo de la piel:

Queremos gente de mente lúcida, de manos limpias y de corazón ardiente por la Patria.

La primera vez que escuché esto, hace ¿años?, en esa primera campaña de la 35, lo del corazón ardiente por la Patraña me pareció tal vez broma, tal vez simple relleno. Es decir, me pareció muy bien y muy lógico que quisieran tener candidatos inteligentes y honrados, pero ¿patriotas? No pueden estar hablando en serio. El patriotismo, a estas alturas todo el mundo lo debe saber, es “el último refugio del bellaco”, es una enfermedad mental, es la mano izquierda del totalitarismo. Seguramente ya corregirán la frase, con el tiempo. Y no le presté más importancia.

Ahora, a raíz de las sorprendentes y preocupantes declaraciones (¿delirios? ¿devaneos?) de Correa en Cuba, ya no sé qué pensar. Ahora parece que él quiere que los ecuatorianos duerman con La Patria. Peor: que le regalen a La Patria sus talentos, sus ideas, sus riquezas, sus habilidades, en gloriosa ofrenda para que dicha Patria se nutra de todo eso en la construcción de algo que él dice se llama Proyecto Único, se entiende Proyecto Correa. A cambio… pues ya está a la vista, a cambio se les regala a los ecuatorianos unos segunditos de música, de caras sonrientes, de puestas de sol y caminatas sobre cerros, todo ello repetido unas veinte veces diarias, al son de $17m al año contante y sonante. Es decir, dennos sus bicicletas (huddled masses aun no, gracias, primero que termine la crisis) y aquí tengan sus manzanas. Y por si acaso, detrás de esa Patria de himnos y sonrisas, “la Matria” espera, ese misterioso ser que en algún futuro nos ha de dar universidad gratis, hospitales, más bonos, mejores escuelas, etcétera, es decir, que nos ha de servir de mamá para que no tengamos que hacer nada más que tender la mano y pedir.

Bonito, si tienes ese tipo de gustos retros (seguro que también te encanta Knight Rider, pues te confesaré, a veces todavía escucho alguna cosa de Yes, en serio), bonito puede ser, pero ojo, concebir un proyecto político así, hoy en día, es algo que sólo puede un enfermo mental en grado severo. Y creer en algo así como una Patria, creer que esa cosa vale y se merece respeto y dedicación y consideración, es algo en que sólo puede caer un infeliz como yo lo fui, una persona que no se quiera, de las que en este país pobre desgraciadamente hay muchas. Por lo que aprovecharse cínicamente de esa gente de baja autoestima, decirles que otras gentes del planeta tienen una Patria que los quiere (mentira) y que ahora por fin nosotros también lo tenemos, hablar del “orgullo” de ser de tal país como si nacer dentro de unas fronteras pudiera ser motivo de orgullo para quien no sea retrasado mental, insultar así a la gente, es algo que, francamente, no habría esperado... de ese profesor de guitarra antiguo compañero mío que hoy veo que se ha postulado para el partido de los carroñeros correístas. Ach, cuánto más ves más te decepciona el ser humano. A mi hijo, por fin: te deseo felicidad y que no seas nunca, nunca patriota.

Comments

  1. De lo que estoy seguro es que la matria ha parido un montón de bastarditos: el Jefferson Perez, la Selección de Fútbol, el segundo himno mas bonito del mundo y las Galápagos.

    Este blog se va al lector de feeds, pero de uan.

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  2. Necesito conseguirme una matria, son lindas! Será esa cría suya?

    En el pasado tuve una impresionante colección de 21 sellos postales, rotos, manchados, arrugados, babeados, 22 con el que le cogí a un pelucón que me presumía sus álbumes llenos con sellos de Estados Unidos, Europa y Rusia. Después me dediqué a un pasatiempo más acorde a mi nivel culturosocioeconómico, anotaba en un cuaderno la marca y el fabricante de los carros que veía, fui fundador y único miembro del primer club de carspotting del país.

    Si fuese creyente y tuviera una grande y hermosa colección de estampillas, sólo la regalaría por un deseo subconsciente de sentirme superior a los pecadores egoístas que nunca regalan nada, para sobornar a Jesús y me aparte un lugar al lado suyo en el Cielo. La única santurronada que alguna vez hice fue dibujar una virgen cuando alguien dijo que de una estatua de la capilla de la escuela brotaban lágrimas, me gustaría volver en el tiempo hasta ese momento y abofetear a mi anterior yo con un pescado.

    Por esta Patria de Ché-istas, soneros y reguetoneros no daría la vida. Encima se llama Ecuador, todavía si se llamase República Meridiano de Greenwich o República Trópico de Cáncer (kickass!), tuviera un imperio colonial, hubiese iniciado la revolución industrial, civilizado medio mundo, produjera algo de la mejor música ever y reinase sobre los mares. Como consuelo el gobierno nos dice que tenemos paisajes bonitos, comida típica, corazones ardientes y que somos altivos y soberanos -siempre y cuando no usemos nuestra altivez y soberanía sobre nuestro dedo medio contra su majestad presidencial. Imagino que hay cualquier cantidad de gente llenando su tanque de vanidad con el mero hecho de haber nacido en el mismo país que Edison Mendez, cuando se consolide el Proyecto Unico el resto del país migrará pero al Real Madrid porque la habilidad peloterilística será de todos.

    Por otro lado, mientras hayan otras patrias queriendo zamparse a los despatriados habría que... no sé!

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  3. Evidente, este anónimo es un famoso haciendo slumming. Me sale ponerle Enrique Iglesias.

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