¿Necroturismo o Relinchamiento?
La primera vez que fui de campamento con Yvonne, llegamos (mediante autostop) a un pueblo de la costa de East Anglia a eso de la medianoche. Dentro de una oscuridad perturbadora, nos dedicamos a buscar un lugar para poner la tienda: pueblo afuera, al final se presentó algo que por el tacto parecía un campo, esperábamos que sin toro. Dormimos mal esa primera noche, por los estertores de algunos animalitos cercanos (¿conejos, tejones?). Al amanecer, saqué la cabeza, y me sorprendió hallarme acampado en medio de un cementerio. Encontrarse en un camposanto no es óbice, valladar ni cortapisas para que se haga escuchar el perentorio clamor de la uretra (el chófer, aparente bigwig local, nos había dado licencia para tomarnos el chaser en el pub del pueblo, oficialmente cerrado, antes de emprender la búsqueda de terreno baldío la noche anterior). Fue cuando descubrí por primera vez lo dulce, lo decoroso y lo tierno que se siente al orinar sobre la tumba de un desconocido al amanecer. Entre e...