Reinos de Taifas
Como perdedor nato, siempre me han interesado los idiomas de los perdedores. Muchas veces, conocer su idioma te da la sensación de conocer al perdedor en persona. Cuando vivía en Gales, por ejemplo, me puse a estudiar galés, por lo menos lo suficiente para saber que una mutación nasal no era solamente algo que le pasaba a Pinocho; allí fue que me enteré de que el celta de cepa no tenía un verbo equivalente a tener, pues la posesión en esos idiomas se ve forzada a insinuarse mediante una circunlocución tipo “hay una casa conmigo” ( mae ty gen i , o mae gen i dy ), lo cual deja poca cabida para precisiones tipo “conmigo, pero no mía”, frase que resume por otra parte una sensación muchas veces experimentada por mí en esa época: digamos que no pude, hasta mucho más tarde, hacer el salto intercultural y empezar a sentir en galés. Algo parecido me pasó con el árabe, que me irritaba constantemente por su determinación de prescindir del verbo ser; y qué decir del catalán, idioma que conocí más...