¿Trabajas o diseñas?





El editorial de El Telégrafo de hoy: "La ‘alegre violencia’ universitaria no se corresponde con el análisis y la crítica académica que merece la inocultable crisis de la educación superior."

Nada que objetar, salvo quizás la etiqueta de "crisis". La educación superior en este país parece adolecer de una mediocridad campante, por lo menos si se juzga (como lo hizo Correa en una de sus intervenciones hace poco) por las tablas comparativas a nivel de continente. Queda por demostrar que tal problema sea reciente o que se haya agravado recientemente (eso se podría demostrar comparando los resultados bibliométricos de ahora con algunos anteriores), o que algunos factores externos hayan dotado de mayor relevancia este déficit. En ausencia de tal demostración, tal vez la palabra "crisis" se tendría que sustituir por otra más exacta. Yo me quedo con "mediocridad".

Es comprensible que tal mediocridad les cause dolor a quienes comulguen con nociones anticuadas de patriotismo, de "autoestima del pueblo", etcétera, más o menos por las mismas razones que duele cuando la Selección Nacional no clasifica para los mundiales del fútbol (en tal caso, siempre queda el recurso de echarle la culpa al árbitro, es decir, sostener que lo valioso de las universidades de aquí estriba en elementos que no se han tenido en cuenta al compilar esos league tables). Para quienes valoren la educación como un bien personal, puede que no les duela tanto el déficit de calidad en las universidades locales, con tal de gozar de la posibilidad económica de ir a estudiar en instituciones de mayor solvencia fuera del país, como lo hizo el propio Presidente. Donde llega a ser un problema para todo el mundo, empero, es en la escasez, a nivel nacional, de profesionales cualificados en aquellos campos laborales y profesionales que tradicionalmente dependan de las universidades como fuente de recursos humanos formados. Según wikipedia, el brain drain normalmente consiste en la emigración de personas cualificadas; en el caso ecuatoriano abarcaría tal vez tres tipos de "cerebros desaprovechados": el que estudia y luego se marcha, el que se marcha para estudiar y luego no vuelve, y el que por no poder marcharse nunca tiene la oportunidad de recibir una educación de calidad, y cuya potencial se frustra y se desperdicia de modo diríamos que criminal.

Las cifras al respecto son elocuentes: un estudio citado en el mismo artículo de wikipedia, realizado en el año 2000, señala que en el caso de México existe un brain drain preocupante, ya que el 2.9% de sus graduados universitarios viven actualmente fuera del país. Si eso es preocupante, ¿qué decir del caso ecuatoriano, donde el mismo estudio nos da la cifra del 10.9%? (Quizás se tendría que revisar esta cifra al alza. En unas elecciones recientes, de un total de once, al menos tres candidatos a Presidente habían cursado educación superior en el extranjero, y dos de ellos estaban prácticamente aquí de visita. Hasta el Alvarito, según su biografía, estuvo estudiando un tiempito en una tal American Management Association de Nueva York, aunque se desconoce el título que puede haber recibido allí).


Y el mismo artículo nos señala las causas: "Brain drains are common amongst developing nations, such as the former colonies of Africa, the island nations of the Caribbean, and particularly in centralized economies such as former East Germany and the Soviet Union, where marketable skills were not financially rewarded." Supongo que no hay que insistir en eso. Si para el ejercicio de tus conocimientos y habilidades no hay una recompensa adecuada en un lugar, lo sensato es ir a otro lugar donde la recompensa sea mejor: todos los eslóganes nacionalistas y patrióticos del mundo no van a cambiar este fenómeno.

Yo sostendría que dicha falta de oportunidades profesionales bien remuneradas es una de las causas indirectas de la mediocridad de la oferta universitaria nacional. Si una universidad de calidad se concibe como una fábrica de profesionales altamente competentes, y el mercado local no quiere o no puede comprar ese producto, entonces la empresa productora, la institución educativa, tiene tres opciones de supervivencia: diversificar su oferta, dedicarse al comercio exterior (¡amplio surtido en pasantías en EEUU!) o visar a otro segmento de mercado de menor capacidad adquisitiva, abaratando costos y ofreciendo un producto netamente inferior. De las tres opciones, la más barata y sencilla es la última. Formar a estudiantes menos competentes para rellenar puestos de trabajo que no requieran competencias.

Claro que la metáfora es criticable: el empleador no "compra" directamente al recién licenciado de la institución educativa en cuestión. Pero sí lo hace, hasta cierto punto, indirectamente a través de sus impuestos, en el caso de la educación estatal, lo cual redunda en una serie de cálculos políticos y económicos. En todo caso, no recuerdo a ningún país que haya conseguido combinar la falta de una clase profesional bien remunerada con instituciones de enseñanza superior de primera categoría. Las evidencias empíricas aquí son bastante persuasivas.

Evidentemente, no hay que ser simplistas. Entre otros factores que torpedean la calidad de la enseñanza en este país, según lo que he podido observar yo mismo, es la ubicuidad de la corrupción, que para el profesor universitario se manifiesta en un deprimente pantano de trabajos plagiados y exámenes copiados. (Dicho sea de paso, para algún rectorado universitario, según decir de alguna amiga, la misma cultura se hace manifiesta de otro modo, en forma de ropa interior femenina desparramada en el piso del señorial despacho fuera del horario de clase.)

No obstante todo esto, el gobierno tiene su propio criterio al respecto, el cual se puede deducir del contenido de las nuevas propuestas legislativas, así como de sus esfuerzos propagandísticos en torno a este tema. El citado artículo de El Telégrafo nos sugiere que la "crisis" se debe en parte a los cuantiosos salarios de los profesores y demás autoridades unversitarias, que son tan bien pagados que no pueden resistirse a la tentación de trabajar en dos o tres universidades al día (hace tiempo Correa nos sugirió que algún profesor de la ESPOL ganaba un auténtico sueldazo; si alguien sabe quién es, agradecería el dato, pues pienso pedirle un préstamo hasta fin de mes). Por su parte, ante la posibilidad de mejorar la calidad de la educación de modo indirecto ofreciendo mayores recompensas a la clase profesional del país, el gobierno ha tomado el paso importante de colmarles de insultos a los miembros de dicha clase, para a continuación tomar una serie de medidas encaminadas a evitar de cualquier manera que una persona con conocimientos especializadas pueda sobrevivir económicamente sin dedicarse a la venta de pollo, actividad que por otro lado tampoco recibe ningún incentivo moral por parte de los mismos gobernantes. Finalmente, para atajar la corrupción reinante se ha decantado por el paradójico método de It takes a thief to catch a thief, o sea, llenar los ministerios de gente corrupta. Y por si acaso nada de esto funcione, se piensa legislar para que las autoridades de cada universidad sean escogidas a dedo por un comité donde estén representadas las autoridades de la competencia: algo asó como que los integrantes de la Selección Nacional de fútbol ecuatoriano sean escogidos por los jugadores de Colombia y de Argentina: una receta segura para el éxito, sin duda alguna. Además, se piensa imponer el pénsum único y la planificación estatal, para que los futuros biólogos marinos, ingenieros de telecomunicaciones y cirujanos cardíacos, sean cuales sean sus deficiencias, por lo menos salgan todos igualitos canturreando el Patria, Tierra Sagrada.

De veras, la brillantez y la originalidad de este gobierno dejan a uno sin aliento.

Hace unos años en Barcelona, España, cuando conocías a alguien en un bar*, la pregunta típica era: ¿trabajas o diseñas? Se supone que la retroalimentación del mercado de trabajo ya ha corregido el exceso coyuntural de diseñadores catalanes, como hizo una generación antes con la superfluidad de abogados; lo notable, en cambio, de esa especie de retroalimentación artificial que se pretende imponer aquí mediante planificación central, en todas sus manifestaciones históricas hasta la fecha, es que se mueve con toda la oportuna ligereza de un tanque de guerra en un almacén de cerámicas. De tal guisa que de aquí pocos años, la pregunta podrá ser algo así como: ¿trabajas, o por el contrario aprendiste, junto a otros 14.000, a medir emisiones de gases invernaderos producidos por frigoríficos antiguos? Prefiero la primera pregunta: es algo más cortita y fácil de recordar.


* bar: lugar donde, en algunos países, la gente acude para tomar café o cerveza o leer el diario en un entorno tranquilo.

Comments

  1. Me recuerda mucho a mi propio caso. Una visión muy certera de lo que pasa en en Ecuador, mi estimado Endivio. Me suscribo a tus palabras.

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