Dignidades
El público imaginario, el que no tengo, ya se está quejando. "Últimamente, sólo escribes tonterías". El dato que se les escapa: este fin de semana tenía que calificar 160 exámenes (120 hechos, 40 casi hechos) y 200 redacciones (80 hechas, 120 sin empezar todavía), además de intentar salvar mi nuevo laptop, cual desamparada doncella, de las mortíferas garras de Windows 8. Así es el pluriempleo. Cuando a otros sólo les toca demostrar que no son tontos, al pluriempleado, con el cerebro estrujado, sólo queda, en estos escasos momentos de locuacidad disfrazada de lucidez, fingir que no lo es. A veces, cuando salgo al patio a fumar, se me ocurre que debe de haber una lección filosófica en esto, o mejor dicho, una carta de queja. ¿Dirigida a quién? Ahí está la cuestión. En un mundo perfecto siempre hay un culpable. Venezuela, por ejemplo, es un país perfecto. Todo lo malo ahí sucede por culpa de la burguesía. Así que, si estuviera en Venezuela, podría achacar mis enferme...