Una noche olvidable
Aucun moine ne grimpe sur le mât de pavillon . (A Shorter French Primer, c. 1970) Últimamente, no sé por qué, se ha puesto de moda escribir sobre drogas. No tengo mucho que decir al respecto. Yo soy drogadicta desde joven (mi adicción primaria es al tabaco, pero también tomo café, a razón de tres tazas diarias, que si no las tomo, me da dolor de cabeza, cosas de viejos); entre los veintiséis y los treinta, de manera fulminante, y en menor grado entre los treinta y siete y los cuarenta y dos, también fui alcohólico. Para mí una vida sin drogas es tan difícil de concebir que para un miembro del Opus lo sería una vida sin cilicio: seguiría siendo un valle de lágrimas, pero con otro (¡otro!) exilio a cuestas (ahora, encima , se jodió el joderse). El alcohol, y tal vez (¿quién sabe?) el tabaco, me ayudaron a conocerme, a ser más yo, de la misma manera que el tabaco en especial me está ayudando ahora a morir al simplificar inexorablemente mis pulmones. Casi nunca me emborraché, sin embargo. ...