Conversando con un zombi
- ¿Haiti? - No exactamente. Hay una especie de mí, pero harto desdibujado. Intenta influir, y no le dejamos. - Legión, entonces. - Podrías decir eso. (sonrisilla siniestra) - Y ¿a qué se dedican ustedes? - A no ser. - Bueno, pero eso hacemos todos. - Ya, pero ustedes los vivos lo hacen mal. El apego al clima emocional personal les pierde. Nosotros somos razonablemente listos. - Explícame eso. El zombi colocó sobre la mesa, con sumo cuidado, una copia del último boletín del Estado, y se repantigó en el sillón. Una pierna se le cayó, con estrépito olfativo de estiércol caduco, y rodó unos centímetros debajo de la mesa. Fingí no haber visto nada. - Qué hermosa tarde – espetó con enojo y mal disimulada ironía. - ¿No te parece? Mira esos sauces que aletean allá por la Perimetral. Mira esa iguanilla que husmea dulcemente los exámenes sin corregir que has dejado allá en el piso, cubiertos ya de hormigas. Mira ese corpulento rector de colegio secundario que sube y baja por el aire allá detrás ...