Seré breve. Llegué a este país hace diez años. En aquel entonces, se atribuía a un tipo bizco, bigotudo, de cabello blanco, la virtud de ser "dueño del Ecuador". Si tal fue, poco le duró. Una enfisema, una muerte más bien discreta, una triste estatua allá en Durán, que durante mucho tiempo estuvo cubierta de lienzo, y no sé si perdura, ya que su promotora (la Marianita) perdió alcaldía hace tiempo. De éste apenas ya no se habla. Esta semana, sin embargo, veo que la costumbre de pavonearse como "dueño del país" sigue teniendo su atractivo para algunos. Me refiero al siguiente comentario : Correa añadió que "probablemente esto es un feo mensaje para la inversión extranjera, pero no voy a permitir que dos empresas telefónicas se me lleven 500 millones de dólares (al año) de utilidades en base a un espectro que es de todos los ecuatorianos". Aun sin negrita, salta a la vista, parpadea y chisporrotea y echa rayos, ese "me". "Que se me lleven...