Antes que nada, explicarle al lector, aunque no sea el lugar (no hay lugar) que soy un ser en plena descomposición. Me estoy derritiendo, como la bruja malvada del Este, como el pastel de Richard Harris, como los postulados dogmáticos de la Iglesia Anglicana, como un archipiélago que ya no se habla. Y esto es, de todas las etapas de la vejez, solamente la que recién estoy atravesando. He pasado ya por algunas, y habrá otras por venir. No sé, la verdad, hasta qué punto el tema puede ser de interés general, pues si bien es cierto que usted también, querido lector, algún día se hará viejo o vieja, lo más probable es que la cosa no se produzca con esta extraordinaria rapidez, a menos que sea también fumador empedernido con opción preferencial para enfermedades de degeneración pulmonar; y sospecho que algo también tiene que ver en mi caso esa fractura, esa hendidura existencial basado en circunstancias insalvables que atraviesa mi vida y hace que mis múltiples pasados se ...