El adjetivizador
Es cierto, se me da por escuchar a un personaje público con ínfulas de intelectual, y soy capaz de seguir la pista de migas de pan un buen rato por los vericuetos de YT, sobre todo, hasta aburrirme o desengañarme. Tal me sucedió con el Scruton ése. Me sigue cayendo bien. Me gusta su manera entrecortada de hablar, su acento resueltamente sub-RP (insiste en no ser del todo posh , para entendernos: de memoria, puede que esa resonancia sea del Oxfordshire rural, o del West Country, o hasta un alambicado Cockney, no recuerdo bien), su disposición a musitar la pregunta sin decir nada (es decir, se piensa las cosas), y hasta su modo de parecerse a Johnny Lydon (eso de no tener cejas, v.gr.). Bien por todo eso. También siento una especie de servil agradecimiento por el hecho de poder escuchar la palabra "belleza" de boca de alguien que no sea periodista. Cuando ¡un filósofo! dice beauty, como que se te derrite algo adentro. En algún lugar entre Kant y Kardashian, el concepto se ...