Road Rage
Hace unos ocho años, alguien me dijo: "tu mayor defecto es que nunca te enfadas. Me parece preocupante." Ahora, el dato parece anecdótico, hasta un poquito irónico. Al poco tiempo de llegar a este país, ya había aprendido a enfadarme. La experiencia de verme enfadado me asustó un poco: fue por ello, supongo, que decidí dejar atrás a los Ornitorrincos del Saber. Con ellos me enfadaba casi a diario. Tal vez tendría que haber insistido. Ya estaba aprendiendo las técnicas necesarias para tragarme el jugo gástrico. (Las úlceras, a mi edad, son decorativas: Leconte de Lisle dixit .) Pero todo y así, no había aprendido aún a odiar. Ahora el odio ya también me es familiar. Hace tiempo que no pasa un solo día en que no vuelvo a descuartizar, lentamente, en mi imaginación, al ladrón que nos mató el sueño a toda mi familia de ahí en adelante. Lo que se llevó en el plano material fue poco, nada en comparación con el cambio que operó en nuestra vida diaria. Desde ese día mi hijastra no ha...