Fascinante
La sicomancia (aka sicología), es decir, el supersticioso intento de reducir el comportamiento humano a esquemas bobalicones capaces de garabatearse en tinta verde al margen de un cuaderno lleno de figuras estilizadas de niñas Barbie con corsé y tiara a juego, no tiene nada que ver con la huevomancia, ese saber ancestral, celosamente transmitido de madre a hija, que consiste en adivinar el futuro de un hombre tocándole los testículos. Descubrí sobre la huevomancia al azar, hace años, leyendo en no sé qué grupo de Usenet un cuento de ésos que te hacen pensar que en la literatura pasa lo mismo que en la música, es decir que los que tienen más éxito comercial no son los de más talento sino aquellos que tienen los más vistosos peinados , y que para calidad está el Internet, no las librerías. En ese cuento, un tipo español acude cada día a una vieja que vive en su edificio, que le palpa cuidadosamente el escroto para a continuación pronosticarle su destino en amor, dinero, salud y lotería, ...