Retrato de una dama (2)
Sigo sin encontrar los recursos estilísticos que me permitan llegar al fondo de esa cuestión que le dio inicialmente a este blog su razón de ser. Escribir en castellano para mí representa una faena laboriosa y fuente de pocas y efímeras satisfacciones, pues mis antiguos modelos en este idioma me han dejado de convencer, por ceremoniosos y prolijos, y no tengo tiempo de momento para buscar otros; siempre planea encima, además, lo mismo que para cualquier extranjero, el azor de la incorrección. Prosigo, por terquedad más que por otra cosa. Como apogeo emocional de todo este asunto, ese viaje que emprendí, por razones que no pienso desvelar, a un centro de salud en las afueras de Barcelona, adonde el tren me llevó rodeado, en pleno día, de esa noche escura creada por la rápida implosión de una relación que podía haber durado más, o tomado otro camino. Estaba solo, de nuevo, antes de tiempo: eso sí, por decisión propia, pero ¿qué valor tiene una decisión tomada por una persona que en es...