Epilogo
No sé cuándo, sólo que este blog ya chirría, como las articulaciones de mis dedos de la mano izquierda. (Una vez vi a Andrés Segovia tocar, en el Fulcrum Center de Slough ( of all the joints ). Él tenía o parecía tener unos setenta, ochenta años, yo era niño. Se me quedó el pensamiento: esos dedos parecen bananas . No eran dedos "finos, artísticos", tampoco eran dedos de estrangulador; eran dedos que simplemente no parecían humanos. Demasiado grandes, demasiado curvos, sin articulaciones evidentes, y no parecían diseñados para parar cuerdas, eran más bien comestibles. Él tocó el Chaconne en Re menor sin micrófono, el sonido nos llegaba como con salvoconducto. Yo ya conocía de memoria toda la digitación de esa pieza: él, que lo había transcrito, la despreciaba a favor del capricho del momento.) Es fácil soñar con carreteras en el campo, lo hago mucho: caminos sin destino visible. En este sueño, estás parado al lado del camino. Poco a poco se va acercando un harapiento con barb...