Ofmice (and men)
En El Universo de hoy se revela que más de 4.400 alumnos ingleses fueron pillados copiando en exámenes el año pasado, práctica que se asocia con las facilidades prestadas por la tecnología actual (celulares, Ipods, etc). Me siento tentado a asegurar que este fenómeno es relativamente nuevo, pues no recuerdo ningún caso conocido por mí de gente que copiaba en los exámenes allá en los 70, cuando fui colegial en tal país. En realidad, no puedo asegurar tal cosa. Lo único que puedo decir es que, primero, nunca se me pasó por la cabeza copiar en ningún examen, y segundo, en mi juventud en el Reino hUnDido la "cultura escolar" no alcahueteaba tal posibilidad: si había gente que copiaba (de acuerdo, podrían haber sido muchísimos) bien calladito se lo tenían, pues confesar tal cosa les hubiera ganado el desprecio y la mofa de sus compañeros, y con razón. Copiar en un examen es una manera de robar (una nota, un título), acción propensa a encolerizar a los que prefieren ganarse lo suyo con esfuerzo, a la antigua usanza; también es reconocerse a uno mismo como incapaz y como perdedor. Que en Ecuador, según lo que he podido comprobar personalmente, en una típica aula de 30 alumnos universitarios unos 25 se dedicarán a copiar siempre que pueden, ante la complacencia de sus compañeros, otros dirán lo que puede significar respecto a la cultura de este país. ¿Que prima la "solidaridad" por encima de los valores "egoistas" de la competencia? Puede ser (para los copiones). Pero no era eso de lo que quería hablar, sino del nombre de la entidad que proporcionó el mencionado dato en primer lugar. Ofqual.
Fui británico, a regañadientes, hasta el año 1986, cuando me largué del país para no volver, salvo de visita. Mis nociones del país se quedan en recuerdos y adolecen de un notable desfase temporal. El país que recuerdo nunca hubiera aceptado que se impusiera, por ejemplo, ese totalitarismo light que consiste en la posesión obligatoria de una cédula de identidad. (Todavía hay quien se resiste: por ello el gobierno actual está gastando ingentes sumas en propaganda en torno al tema). Paradójicamente, sí aceptaba, "desde siempre", la necesidad de tener licencia para poseer un perro o un televisor. Gente rara, esos británicos. Yo nunca los entendí bien. (Por si sirve de aclaración, mi mayor razón para largarme del país es que allí no hay mujeres, y en el resto del mundo en cambio sí.) Pero lo que sobre todo no podía existir en ese país que recuerdo, vamos, era impensable, es una organización con el nombre de "Ofqual".
¿Por qué? Bueno, aquí van unos nombres de instituciones que recuerdo de ese país de anteayer:
The Cambridge Examining Board
The Office of Fair Trading
The Citizens Advice Bureau
The Milk Marketing Board
The Greater London Council
The Royal Society for the Protection of Birds
¿Qué tienen en común todos estos nombres? Pues que son claramente descriptivos de la función de la organización, sin arrastrar ninguna ambiguedad. Es cierto que en algunos casos se podían abreviar, pero de un modo respetuoso: el Citizens Advice Bureau (para el que trabajé como voluntario durante algunos años) entre los entendidos se podía decir C.A.B., eso sí, sin convertirlo en acrónimo, lo que hubiera dado lugar a todo tipo de confusiones ("You want me to call a cab?"); la mencionada sociedad para la protección de las aves, que en sus mejores días tenía una fuerza política digna de tomar en cuenta, era RSPB para los ornitólogos. Pero a nadie se le ocurría que el Milk Marketing Board quedaba bien como Milmarbo, o que la Royal Family, llegados a eso, se podría comercializar adecuadamente como RoyFam. Eso sí, algunas de las abreviaturas de venerables organizaciones, sobre todo sindicatos laborales, tenían sus versiones cariñosamente eufonizadas: el GMBATU, sindicato que en versión widescreen era el General, Municipal, Boilermakers' and Allied Trades Union, para los entendidos quedaba mejor como "Jam Butties", o sea, como sánduches de mermelada, lo que no era de confundir con "Jam Sandwiches", que era el modo de referirse (entre camioneros) a los carros de policía.
Lo que no me gusta de OfQual, aparte del hecho que suena bastante como offal (esas partes del animal que no son carne y que pueden servir para alimentar a los perros) es esa vocación OfUscadura que viene implícita en el nombre. En lugar de utilizar una simple abreviatura, que en este caso podría ser OQER, la cual remitiría, para los curiosos, a una simple consulta de dilucidación, se crea un nombre que pretende instalarse en la conciencia pública sin sugerir apenas nada más allá de sus sibilinas sílabas y algún que otro malentendido (que "Of" remita a "office", puede ser: "qual", para la mayoría, podría sugerir "quality", lo cual aquí sería un error). Este nuevo hábito de truncar los nombres para crear abreviaturas chic a lo Microsoft también salió hace poco en este blog para el caso de la OfCom (Office of Communications, la nueva organización para la censura radiotelevisiva en el Reino hUnDido). Sin duda ahora el país se estará llenando de OfThisses y de OfThats, a medida que la fiebre regularizadora del gobierno criptosocialista arrastre la nación hacia el totalitarismo estilo 1984. La referencia a esa novela no es casual, evidentemente: fue el propio Orwell, en su largo prefacio a tal obra, quien arremetía contra esas abreviaturas que según él eran una forma de esconder la verdadera naturaleza o los origenes de una organización: él citaba el caso del Comintern, que en sus orígenes era la Communist International, pero que en su fase estalinista se abreviaba así para que no se notara tanto la vocación internacionalista de tal organización, que quedaba reducida a una jerarquía burocrática sumisa a las órdenes de Moscú. Para alguien de la generación de Orwell, el siniestro afán estatizante y eufemístico que daba lugar a nombres de organizaciones como Nazi, Gestapo, Komsomol o GULAG se rechazaba por instinto: que ese instinto se haya perdido me parece, simplemente, un dato significativo y tal vez preocupante.
En fin, hay que reconocer que como moda, esas abreviaturas arrasan ahora dondequiera. Aquí tenemos nuestro MIDUVI: que alcen las manos quienes, al escuchar este nombre, no pueden sino imaginar una bella dama rodeada de uvas en plan sibarita o en plan peel me a grape, Beulah. Cualquier cosa menos una casa mal construida con techo volador. Es que los nombres que les damos a las cosas no son inocentes. Por eso, propongo que en lugar de "copiar", se hable de Socialización Puntual y Encubierta del Conocimientos: para que en el futuro los graduados de universidades ecuatorianas puedan hacer alarde de esas técnicas de SoPEnCo que les han catapultado hacia los mejores puestos burocráticos en el nuevo regimen.
Fui británico, a regañadientes, hasta el año 1986, cuando me largué del país para no volver, salvo de visita. Mis nociones del país se quedan en recuerdos y adolecen de un notable desfase temporal. El país que recuerdo nunca hubiera aceptado que se impusiera, por ejemplo, ese totalitarismo light que consiste en la posesión obligatoria de una cédula de identidad. (Todavía hay quien se resiste: por ello el gobierno actual está gastando ingentes sumas en propaganda en torno al tema). Paradójicamente, sí aceptaba, "desde siempre", la necesidad de tener licencia para poseer un perro o un televisor. Gente rara, esos británicos. Yo nunca los entendí bien. (Por si sirve de aclaración, mi mayor razón para largarme del país es que allí no hay mujeres, y en el resto del mundo en cambio sí.) Pero lo que sobre todo no podía existir en ese país que recuerdo, vamos, era impensable, es una organización con el nombre de "Ofqual".
¿Por qué? Bueno, aquí van unos nombres de instituciones que recuerdo de ese país de anteayer:
The Cambridge Examining Board
The Office of Fair Trading
The Citizens Advice Bureau
The Milk Marketing Board
The Greater London Council
The Royal Society for the Protection of Birds
¿Qué tienen en común todos estos nombres? Pues que son claramente descriptivos de la función de la organización, sin arrastrar ninguna ambiguedad. Es cierto que en algunos casos se podían abreviar, pero de un modo respetuoso: el Citizens Advice Bureau (para el que trabajé como voluntario durante algunos años) entre los entendidos se podía decir C.A.B., eso sí, sin convertirlo en acrónimo, lo que hubiera dado lugar a todo tipo de confusiones ("You want me to call a cab?"); la mencionada sociedad para la protección de las aves, que en sus mejores días tenía una fuerza política digna de tomar en cuenta, era RSPB para los ornitólogos. Pero a nadie se le ocurría que el Milk Marketing Board quedaba bien como Milmarbo, o que la Royal Family, llegados a eso, se podría comercializar adecuadamente como RoyFam. Eso sí, algunas de las abreviaturas de venerables organizaciones, sobre todo sindicatos laborales, tenían sus versiones cariñosamente eufonizadas: el GMBATU, sindicato que en versión widescreen era el General, Municipal, Boilermakers' and Allied Trades Union, para los entendidos quedaba mejor como "Jam Butties", o sea, como sánduches de mermelada, lo que no era de confundir con "Jam Sandwiches", que era el modo de referirse (entre camioneros) a los carros de policía.
Lo que no me gusta de OfQual, aparte del hecho que suena bastante como offal (esas partes del animal que no son carne y que pueden servir para alimentar a los perros) es esa vocación OfUscadura que viene implícita en el nombre. En lugar de utilizar una simple abreviatura, que en este caso podría ser OQER, la cual remitiría, para los curiosos, a una simple consulta de dilucidación, se crea un nombre que pretende instalarse en la conciencia pública sin sugerir apenas nada más allá de sus sibilinas sílabas y algún que otro malentendido (que "Of" remita a "office", puede ser: "qual", para la mayoría, podría sugerir "quality", lo cual aquí sería un error). Este nuevo hábito de truncar los nombres para crear abreviaturas chic a lo Microsoft también salió hace poco en este blog para el caso de la OfCom (Office of Communications, la nueva organización para la censura radiotelevisiva en el Reino hUnDido). Sin duda ahora el país se estará llenando de OfThisses y de OfThats, a medida que la fiebre regularizadora del gobierno criptosocialista arrastre la nación hacia el totalitarismo estilo 1984. La referencia a esa novela no es casual, evidentemente: fue el propio Orwell, en su largo prefacio a tal obra, quien arremetía contra esas abreviaturas que según él eran una forma de esconder la verdadera naturaleza o los origenes de una organización: él citaba el caso del Comintern, que en sus orígenes era la Communist International, pero que en su fase estalinista se abreviaba así para que no se notara tanto la vocación internacionalista de tal organización, que quedaba reducida a una jerarquía burocrática sumisa a las órdenes de Moscú. Para alguien de la generación de Orwell, el siniestro afán estatizante y eufemístico que daba lugar a nombres de organizaciones como Nazi, Gestapo, Komsomol o GULAG se rechazaba por instinto: que ese instinto se haya perdido me parece, simplemente, un dato significativo y tal vez preocupante.
En fin, hay que reconocer que como moda, esas abreviaturas arrasan ahora dondequiera. Aquí tenemos nuestro MIDUVI: que alcen las manos quienes, al escuchar este nombre, no pueden sino imaginar una bella dama rodeada de uvas en plan sibarita o en plan peel me a grape, Beulah. Cualquier cosa menos una casa mal construida con techo volador. Es que los nombres que les damos a las cosas no son inocentes. Por eso, propongo que en lugar de "copiar", se hable de Socialización Puntual y Encubierta del Conocimientos: para que en el futuro los graduados de universidades ecuatorianas puedan hacer alarde de esas técnicas de SoPEnCo que les han catapultado hacia los mejores puestos burocráticos en el nuevo regimen.
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