Benditas lluvias

Nunca me llevé demasiado bien con Jesucristo: su vegetarianismo me resultaba sospechoso, por no hablar de esa mala costumbre de ir siempre maquillado de gringo hippie, como queriendo renegar de sus orígenes (digamos que parece haber sido el Michael Jackson de su época; hasta inventó aquel paso que más tarde se conocería como lakewalk), lo que no fue óbice para que en Escocia le pusieran a trabajar como adverbio de grado, y en Ecuador, más tarde, como vendedor ambulante de frutilla GM (a dos dólares la funda o a dos centavitos la unidad, nunca supe bien el significado de esos deditos levantados). Claro que las veces que vino a Guayaquil, el inefable Nebot estaba ahí para impedirle (gorilas uniformadas mediante) la entrada a esa maleconada del Malecón que tiene ahí: lo siento señor, con ese atuendo usted no entra acá: espantaría a los turistas.

Sí, pero soy el Redentor. Vengo no a traer paz, sino una espada.

¿Una espada? Con más razón. Aquí están prohibidas las armas. (Excepto las nuestras, por supuesto.)

Será por eso que hace unos meses lo vi intentando vender sus mercancías a alguna gringuita despistada a través de las vallas del Malecón, desde la calle, con actitud furtiva; estaba muy pero muy desmejorado, y se notaba que para esas llagas de las manos y los pies no estaba recibiendo tratamiento alguno, a pesar del enorme gasto en Sanidad del actual gobierno. Recuerdo haber pensado entonces: éste pronto se nos muere. Y así ha sido (ayer me enteré). Claro que no leerán ningún obituario suyo en los diarios. Por mucho que uno tenga en su currículum el haber sido en alguna ocasión salvador de la humanidad, como ahora vivimos en una sociedad práctica, la pregunta clave siempre será: muy bien, señor, pero ¿qué sabes hacer ahora? A ese tal Jesús, si iba en serio con esa vaina del Segundo Adviento, le hubiera hecho falta reciclarse, estudiar (se me ocurre) Comunicación Social en la Universidad Casa Grande, ponerse al día en técnicas de mercadeo con el prof. (se me ocurre) Vinicio; eso de subirse una montañita y lanzar sermones al aire ya no cuela, peor ese truco publicitario barato de hacerse crucificar. Puro populismo.

Ahora la cancha es otra. Il faut être absolument modernes, lo que entre otras cosas significa dominar las técnicas del doublethink, jugar con las disonancias cognitivas.

"Lee El Telégrafo", dijo telegráficamente el prof. Vinicio en su clase magistral el otro día sobre Nuevas Paradigmas de Babeante Estupidez Dialéctica. Y así lo hice. Lo primero que encontré fue este artículo de Wladimir Sierra F, que en su primer párrafo señala que el secretario de Comunicación del gobierno ha dedicado al mismo diario El Telégrafo los siguientes elogios:

El Telégrafo es un excelente producto.
La página editorial es muy buena.
El Telégrafo tiene una agenda independiente.

Ahora, para el lego, para el humilde hombre del ómnibus de Clapham (o del 17 a Padre Solano), en su inocencia e ingenuidad, si un portavoz del gobierno elogia un diario es de suponer que tal diario tiene una línea editorial afín al gobierno en cuestión, y es altamente probable que le sea totalmente sumiso, porque para un gobierno, elogiar un medio que podría un día enseñarle los dientes podría acarrear graves incomodidades más adelante. De lo que se deduce que el significado real, desconstruido, de las palabras del secretario de Comunicación, repito, para el ingenuo lego, vendrían a ser algo así:

El Telégrafo demuestra una excelente adaptación a las consignas del regimen.
La página editorial es muy fiel al correismo.
El Telégrafo tiene una agenda que depende felizmente del gobierno que lo financia.

Sin embargo, para el mencionado Sr Sierra, el significado de las citadas frases no es ése, sino que tendría que ver con un reconocimiento de la "independencia y autonomía" del medio. ¿Cómo así? ¿Será que de repente (y nadie me dijo nada, cabrones) nos hemos trasladado a un mundo fabuloso, fantástico, en que a los gobiernos les encanta tener medios independientes, que pueden cualquier día dar espacio a voces opositoras? ¿O será que ahora los empleados del gobierno (y secretarios de Comunicación, nada menos) se dedican a decir todo lo que les ocurre sin mirar la conveniencia electoral y propagandística de sus palabras? No sé, a mí me parece muy rara la tal interpretación. Claro que en lo referente a la supuesta independencia del medio, puede tratarse de una simple ironía, o de un chiste. Recordemos que en las últimas elecciones, los opinadores del Telégrafo se aventuraron a lo que ni siquiera los de El Universo: a pedir directamente y con la cara bien lavada el voto para su candidato preferido (Correa, oh sorpresa), lo cual, como comenté en su momento iba embadurnado en la misma página de malolientes inuendos respecto a la supuesta afiliación de Lucio al Opus Dei ("probada" por el hecho de que éste había hablado durante un par de horas con un arzobispo pro-Obra) o respecto a los supuestos atributos físicos gringos de un representante de la oposición: todo un canto a lo que Sierra llama la "opinión pública, amplia, inteligente y plural". (Y yo soy Marie Antoinette.)


En lo que sí le reconozco valor a ese Jesús es de haber vuelto, esta vez, en forma de viejo asqueroso (y mirón, para más INRI). Es que eso de tener treinta y pico y ser soltero y comerse magdalenas a cada rato hay que reconocer que era demasiado fácil. Entre las cosas que no se cuentan de la vejez, por ejemplo, yo destacaría el Benign Prostatic Hyperplasia (you'll be ecstatic! It will amaze ya!), aflicción que hace que, como decía Auden, realmente parecería que todos los órganos de tu cuerpo son como provincias de un imperio que se ponen en actitud revoltosa, todas a la vez, quizá no tanto por común acuerdo sino por un reconocimiento instintivo de debilidad central. Ser viejo es tener que mandar legiones a una parte de tu cuerpo tras otra, y no hay descanso. Verás La Mosca (el remake de Cronenberg) con gran comprensión. Sobre la etiqueta de benign, mejor no hablemos. El BPH es tan benigno como, digamos, un alcalde corrupto que le pone tantas trabas a la apertura de un nuevo negocio que tienes que estar dos meses gastando como idiota y haciendo colas en caprichosas ventanillas de dos días a la semana; o como un alcalde dizque amigo de la libre empresa que persigue a vendedores informales con grotescos policías municipales armados hasta los dientes (me hace recordar a esos simpáticos mossos d'esquadra de Barcelona, otra policía autónoma pero que tenían tan pocas competencias que lo único que escuché sobre ellos en 15 años fue que habían rescatado algún que otro gato de un árbol. Daba gusto pasar al lado de su cuartel al final de las Ramblas y ver todas esas motocicletas relucientes y nuevas y sin usar, ahí aparcadas para cuando a alguien se le ocurriera darles alguna competencia. Cobraban bien, también, los cabrones, hasta mejor que las otras policías que sí hacian cosas). La verdad, estoy contento de enterarme que no perdí (todos están de acuerdo en esto al menos) absolutamente nada por no ir a la marcha del otro día; habló, según dicen, tres cuartos de hora el bigot del Bigote sin decir absolutamente nada, bei Gott, salvo que con Correa viene el chavismo en paquete, cosa que ya sabíamos. Por lo demás, como veo que los del gobierno a todos los que acudieron les dividen por cinco antes de redondear a la baja, pues me veo bien librado: que me redondeen no me importa, igual lo necesito, pero a mi edad que me dividan aun más de lo dividido que estoy tendría que darles pena. (Dividido es quien tiene dos ID, como Gustavo "dos cédulas" Larrea: pero no entremos ahora en discusiones sobre anonimidades y alter egos, acabo de comer.)

A los que se extrañaron de mi falta de interés por el ejercicio autoafirmatorio de Nebot, qué puedo decir: soy liberal, lo que significa estar en contra de todo gobierno, tanto a nivel nacional como local, en cuanto ese gobierno se extralimita. No hay gobiernos buenos: sí puede haberlos soportables, pero uno que presume de decirme que no puedo entrar en un espacio dizque público por no estar vestido al gusto del gorila de turno, o que no puedo poner una escuela en tal lugar por ser éste regenerado (¿?), o que no puedo poner un letrero sino al gusto anticuado de no sé qué departamento, para no desentonar, y que tengo que pagar para saber cuál es ese gusto especial en letreros que se maneja por allí, qué quieren que les diga. Estoy convencido de que si Correa es autoritario, Nebot lo es cinco veces más: sólo ganó en Guayaquil por tener como contrincante a una farsante cuya hipocresía de evasora de impuestos presta en sermones ya la había convertido en hazmerreir antes de la contienda.


Lo segundo que vi en El Telégrafo, a instancias de Vinicio, fue el dibujo de Lucas. Pero no le presté caso. Siempre es el mismo dibujo. Salen unos monigotitos vestidos de sombrero de copa, con crueles y pérfidas sonrisas, haciendo alguna diablura. El símbolo del sombrero de copa los identifica como capitalistas, "neoliberales", o sea el enemigo. El estilo es el de todo periódico de la izquierda troglodita, y siempre se nota esa misma actitud infantil de solicitar aplausos por esa perspicacia que consiste en haber identificado, una vez más, a los verdaderos causantes de todos nuestros infortunios, que siempre resultan ser los mismos: perspicacia ya de sí tan notable que le ahorra al dibujante echarle más humor o ingenio al asunto. Nada de eso es realmente interesante, sólo lo es el hecho de que ese mensaje de odio hacia los ricos (siguiendo la acostumbrada metonimia) contrasta extrañamente con ¿qué cara? ya lo tengo, esa cara que vi en el noticiero de ayer, ese tal Lenin Moreno, que para mí lo pusieron ahí después de estudiar los manuales de interrogación de la CIA y de enterarse que en cualquier lado la interrogación eficaz de un sospechoso requiere de los oficios de un hijueputa a secas y de otro hijueputa disfrazado de simpático. El simpático es el encargado de agarrarle el cuello a la tortuga, es decir, de ganar su confianza compadeciéndose de él; es cuando el simpático se muestra pese a toda su simpatía incapaz de impedir que el otro le dé patadas en los testículos, que el sospechoso realmente se siente desamparado y con ganas de escupirlo todo. Algo así habrán ideado con el binomio presidencial, y por eso sale ese tipo de vez en cuando aconsejándonos que pongamos nuestra mejor sonrisa por muy puteados que estemos. El tipo habrá sido Superman en su juventud, pero ya no nos puede ayudar ni defender.

En fin, el panorama de El Telégrafo, deprimente como siempre, sólo que con la sorpresa de un artículo que si bien sale con una cara levemente pasmada encima, dice una gran verdad: el nacionalismo es una forma de estupidez, y el proyecto de crear "un nosotros inventado" (feliz frase) mediante publicidad gubernamental y diarios "populares" merece suspicacia.

Volviendo a la realidad, entonces: anoche llovió. Feliz lluvia. Así arranca, esperemos, el invierno de verdad, esa estación que acá sirve para recordarnos que lo que cuenta en la vida son las lluvias, ese dulce cantar, las ranas, el calor, la limonada, la poesía y la pornografía, eso placeres sencillos de la vida, y no toda esa mala leche y odios estimulados que nos quieren hacer creer consustanciales con nuestra esencia de seres "sociales" y por ende políticos. Ya están jugando al Carnaval allá fuera, y creo que un día de éstos posiblemente cierre este blog, que no me ha salido como quería, y empezaré otro, que ya no hablará de política sino de cosas que valgan la pena. Me quedan poco tiempo y poquísimas poemas. Y el Mesías ya murió. Como esto, en cualquier lugar donde viva un pobre con opiniones. Si quieren copiar algo antes de que cierre, quedan avisados.

Comments

  1. Ayer, al leer ese artículo, no se, fue casi irracional.

    Que uno de los tipos más poderosos de la ¨revolución¨, ese nuevo hombre revolucionario (es decir, ese nuevo nabab revolucionario), que ese tipo de individuos, los supuestos ¨enemigos¨, sirvan de base para reafirmar tu propia existencia, es patético.

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  2. Con suerte, el nuevo blog no tendrá como temática tu obsesión con El Telégrafo. Hasta le has contagiado (imagino) a un par de bloggeros más esa moda de andar destripando cada texto impreso en "ese periódico malo, tendencioso con opiniones estúpidas".

    A veces tengo problemas con el dinero, con la comida de ese día, el arriendo, etc. No tengo hijos ni nada, pero tampoco me he sumido nunca en investigaciones profundas sobre mi ser socio-político. Más bien, creo que me hundo en las cuestiones metafísicas de la vida (la música, por ejemplo), mientras más miserable me siento.

    Por la cuestión de que alguna vez escuche tus canciones y que creo que el ser humano tiene el potencial de gastar su vida en cuestiones de mayor potencia emocional y satisfacciones (y más que todo en alguien profundo y listo como tú), espero que el nuevo blog deje fluir ese aspecto más valioso de la vida.

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  3. Ya, la Murillo es una pendeja que escribe convencida de su paraíso "no convencional" (porque ya ni sé si es comunista, socialista, o qué coño mismo se supone que es). Y sí, sí, exactamente a eso me refiero, a esa responsabilidad socio-política que se montan encima y que ahora los tiene felices haciendo "el contrapeso moral", o lo que sea que se llame tener en la punta de la lengua a cada estupidez que se ha escrito en El Telégrafo.

    Yo hubiera pensado que lo hacen porque es entretenido criticar un medio de pendejadas en texto, en el mismo sentido que es entretenido buscar lo estúpidos que son los textos de escuela, o reírse de la publicidad ecuatoriana. Yo mismo creo que podría escribir una novela de lo mal escritos que son los textos de Física y Matemática para colegio, por ejemplo. Pero no me imaginaba que era por ser "justicieros políticos", o por que algo los llama a igualar las cosas, como si tal posibilidad fuera real. Ahí es donde me pierdo, ¿están haciendo campaña, o algo así?.

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  4. Está claro que es divertido. Es un placer hasta algo culpable despotricar contra quienes nos caen mal. Y el que ellos no sean blancos corrientes le da un picantito especial al asunto; además es distintivo criticar por cuestiones que ellos mismos suelen pasar por alto. Lo de la crítica por la coherencia para mí es una cereza especial, no el plato principal (jamás se me ocurriría ser vendedor, pardiez, pero no le veo el problema a pronunciarse en contra de ideologías cretinas).

    Es refrescante también. Prefiero leer a internautas como él destripando con razón camelos de intelectuales que escriben en un periódico público a ver en cambio a blogueros destripándose unos a otros por cuestiones de veras cojudas y que casi nunca iban más lejos de la pura mala leche (como sucedía hace cuatrocientos años blogueros por aquí).

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  5. Campaña, obvio que no. Por suerte en alguna vida anterior fui obsesivo, lo suficiente psra saber que la proporcionalidad entre la magnitud de una obsesión y la importancia de su objeto suele ser más bien inversa. Sobre todo para los ingleses. Una vez conocí a una americana de kilométrica dicharachez, que me dijo que admiraba a los ingleses por esa capacidad que tenían de pasar cincuenta años de su vida adentrandose emocionalmente y vivencialmente en temas como las lesiones de rodillas de las abejas. Laurence Sterne decía lo mismo al afirmar que un inglés no es nada sin su hobby horse. No nos educaron para ser equilibrados. De hecho, la noción de ser equilibrado me produce una profunda repugnancia. En un matrimonio, que una de las partes sea equilibrada es lo razonable: dos, ya sería un desequilibrio.

    Nah, simplemente que quiero dedicarme a ser más perverso,y a ser posible más asqueroso. Un elemental sentido de decoro dicta que eso es lo correcto cuando un se está muriendo. Este blog lleva otoño en el título, pero no me salió lo bastante otoñal para mi estética.

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