Visual Porn Googling: the Next Generation
Acabo de descubrir (soy bruto para algunas cosas) el maravilloso mundo de BitTorrent. Resulta que en lugar de acumular archivos de porno uno por uno, ahora puedes bajarte varios Gb de una en paquete, claro que con la consabida lentitud impuesta por tu conexión y por las de tus peers.
Me hace recordar los años de mi adolescencia, de residencia en una caja de cartón al lado de una autopista, cuando para sesiones de manualidades el único material disponible eran catálogos de ropa íntima femenina, o una foto sacada de una revista de televisión de una actriz de película de ciencia ficción (creo que se llamaba Solaris) que ni siquiera iba ligera de ropa, sino que esas prendas futuristas tenían un no sé qué de seductor por la región pectoral, o si no (como lo confesó también Martin Amis, en Money) una reproducción enciclopédica de la Maja Desnuda o la Venus del Espejo. Más adelante, cuando uno rondaba los quince años, algo de mañosería, o un conocimento detallado del terreno de un bosque cercano a tu casa, te conseguía alguna revista de soft porn. Me acuerdo sobre todo de una que había con el curioso nombre de Health & Efficiency, de tamaño Readers Digest y llena de fotos que podrían ser el álbum de vacaciones de una extensa familia de clase media-baja y de hábitos alimenticios altamente criticables, con la salvedad de que esa familia al salir de casa se había olvidado de llevar nada de ropa. Las demás revistas en el estante más alto de WH Smiths prescindían de penes en bicicleta, de lonjas colgantes y de panzas cerveceras, y tenían nombres que sugerían que la desnudez femenina era íntimante ligada al estatus social: Playboy (nombre que evocaba en sus orígenes a un joven afortunado que vivía de rentas y no tenía que trabajar), Mayfair (mi revista favorita: el nombre viene de un barrio exclusivo de Londres) o Penthouse (demasiado soft focus para mi gusto: era como ver ninfas de bosque a través de una espesa niebla alpina, y vaya con esa obsesión lesbiana). Lo del estatus social más tarde descubrí que por desgracia era cierto: según la famosa ecuación que formuló Einstein en su tiempo libre
t = mc2
donde t = tottie, m = money y c2 es el número de automóviles que tienes al cuadrado. Lo supe demasiado tarde para que esa constatación influyera mucho en mi estilo de vida (ya lo dije, soy lento para algunas cosas). Pero lo que quiero resaltar es que ahora ha sucedido nada menos que una revolución: sin levantarte de tu silla en casa, ahora puedes en poco tiempo acumular decenas de millares de fotos y videos pornográficos absolutamente gratis y sin esfuerzo, lo que se me antoja un avance para el bienestar de la humanidad equiparable al descubrimiento de la penicilina. Es la demostración más formidable de la superioridad de la civilización tecnológica sobre cualquier tipo de sociedad primitiva.
Sin embargo, todo es mejorable, y se me antoja que en eso del intercambio libre y desinteresado de pornografía por Internet hay un obstáculo todavía por sortear, que consiste en la engorrosa necesidad de introducir cadenas de texto para buscar el tipo de pornografía que quieres. Dejando de lado la posibilidad de que una parte importante del mercado natural de este tipo de producto pueda adolecer de cierto nivel de analfabetismo (hecho que se vuelve evidente al examinar los nombres de algunos de esos ficheros, o los subtítulos de algunos videos del género), me parece que tendría que existir la posibilidad de especificar algunos atributos, o de las imágenes o de l@s principales protagonistas, de una forma digamos que cómoda e intuitiva, posibilidad que ahora no existe, pues en la práctica uno tiene que limitarse a especificar un género, como por ejemplo secretarias cachondas, o deportes acuáticos, o soi-disantes colegialas japonesas con polleras voladoras, o enanitos pisoteados con tacones stiletto, o perforaciones de pezones en la nieve, o trios en cocinas de restaurantes rodeados de jamones colgados, algunos de los cuales apenas te devuelven algún resultado pese a su presumible popularidad, por la falta de una adecuada clasificación. Peor que eso, no hay apenas ninguna manera de especificar los atributos de la actriz principal más allá de su supuesta vocación (en el caso de las consabidas secretarias, amas de casa o criadas francesas; una búsqueda tipo sex with part time legal assistants se vuelve aun más frustrante) y absolutamente no hay forma de buscar imágenes en función de la topografía corporal de la modelo, a menos que goce de alguna espectacular hipertrofia.
Mi propuesta entonces sería la siguiente: que se desarrolle una agencia de pornografía dotada de un software que permita escanear automáticamente las imágenes y clasificarlas en función de los aspectos visuales de mayor relevancia, como puede ser: color de pelo, proporción cintura-cadera, estilo de peinado, tono de piel, y obviamente posición y actividad; de modo que el usuario, en lugar de buscar por cadenas de texto, tendría en su pantalla una o varias geometrías humanas en tres dimensiones, con controles que ayudaran a especificar parámetros (colores, body mass index de cada parte relevante del cuerpo, postura, expresión, etcétera) para ir refinando la búsqueda sobre la marcha. Con el tiempo, uno podría incluso especificar la espesura y el contorno exacto de las cejas de la modelo: eso, para quienes colocamos a las cejas en el Top 5 de las partes de la mujer más seductoras (en el imperio austrohúngaro la depilación total de las cejas para sustituir horribles y caprichosos dibujos con lápices está severísimamente penada), sería como ya, por fin, entrar por la puerta grande del paraíso.
Me hace recordar los años de mi adolescencia, de residencia en una caja de cartón al lado de una autopista, cuando para sesiones de manualidades el único material disponible eran catálogos de ropa íntima femenina, o una foto sacada de una revista de televisión de una actriz de película de ciencia ficción (creo que se llamaba Solaris) que ni siquiera iba ligera de ropa, sino que esas prendas futuristas tenían un no sé qué de seductor por la región pectoral, o si no (como lo confesó también Martin Amis, en Money) una reproducción enciclopédica de la Maja Desnuda o la Venus del Espejo. Más adelante, cuando uno rondaba los quince años, algo de mañosería, o un conocimento detallado del terreno de un bosque cercano a tu casa, te conseguía alguna revista de soft porn. Me acuerdo sobre todo de una que había con el curioso nombre de Health & Efficiency, de tamaño Readers Digest y llena de fotos que podrían ser el álbum de vacaciones de una extensa familia de clase media-baja y de hábitos alimenticios altamente criticables, con la salvedad de que esa familia al salir de casa se había olvidado de llevar nada de ropa. Las demás revistas en el estante más alto de WH Smiths prescindían de penes en bicicleta, de lonjas colgantes y de panzas cerveceras, y tenían nombres que sugerían que la desnudez femenina era íntimante ligada al estatus social: Playboy (nombre que evocaba en sus orígenes a un joven afortunado que vivía de rentas y no tenía que trabajar), Mayfair (mi revista favorita: el nombre viene de un barrio exclusivo de Londres) o Penthouse (demasiado soft focus para mi gusto: era como ver ninfas de bosque a través de una espesa niebla alpina, y vaya con esa obsesión lesbiana). Lo del estatus social más tarde descubrí que por desgracia era cierto: según la famosa ecuación que formuló Einstein en su tiempo libre
t = mc2
donde t = tottie, m = money y c2 es el número de automóviles que tienes al cuadrado. Lo supe demasiado tarde para que esa constatación influyera mucho en mi estilo de vida (ya lo dije, soy lento para algunas cosas). Pero lo que quiero resaltar es que ahora ha sucedido nada menos que una revolución: sin levantarte de tu silla en casa, ahora puedes en poco tiempo acumular decenas de millares de fotos y videos pornográficos absolutamente gratis y sin esfuerzo, lo que se me antoja un avance para el bienestar de la humanidad equiparable al descubrimiento de la penicilina. Es la demostración más formidable de la superioridad de la civilización tecnológica sobre cualquier tipo de sociedad primitiva.
Sin embargo, todo es mejorable, y se me antoja que en eso del intercambio libre y desinteresado de pornografía por Internet hay un obstáculo todavía por sortear, que consiste en la engorrosa necesidad de introducir cadenas de texto para buscar el tipo de pornografía que quieres. Dejando de lado la posibilidad de que una parte importante del mercado natural de este tipo de producto pueda adolecer de cierto nivel de analfabetismo (hecho que se vuelve evidente al examinar los nombres de algunos de esos ficheros, o los subtítulos de algunos videos del género), me parece que tendría que existir la posibilidad de especificar algunos atributos, o de las imágenes o de l@s principales protagonistas, de una forma digamos que cómoda e intuitiva, posibilidad que ahora no existe, pues en la práctica uno tiene que limitarse a especificar un género, como por ejemplo secretarias cachondas, o deportes acuáticos, o soi-disantes colegialas japonesas con polleras voladoras, o enanitos pisoteados con tacones stiletto, o perforaciones de pezones en la nieve, o trios en cocinas de restaurantes rodeados de jamones colgados, algunos de los cuales apenas te devuelven algún resultado pese a su presumible popularidad, por la falta de una adecuada clasificación. Peor que eso, no hay apenas ninguna manera de especificar los atributos de la actriz principal más allá de su supuesta vocación (en el caso de las consabidas secretarias, amas de casa o criadas francesas; una búsqueda tipo sex with part time legal assistants se vuelve aun más frustrante) y absolutamente no hay forma de buscar imágenes en función de la topografía corporal de la modelo, a menos que goce de alguna espectacular hipertrofia.
Mi propuesta entonces sería la siguiente: que se desarrolle una agencia de pornografía dotada de un software que permita escanear automáticamente las imágenes y clasificarlas en función de los aspectos visuales de mayor relevancia, como puede ser: color de pelo, proporción cintura-cadera, estilo de peinado, tono de piel, y obviamente posición y actividad; de modo que el usuario, en lugar de buscar por cadenas de texto, tendría en su pantalla una o varias geometrías humanas en tres dimensiones, con controles que ayudaran a especificar parámetros (colores, body mass index de cada parte relevante del cuerpo, postura, expresión, etcétera) para ir refinando la búsqueda sobre la marcha. Con el tiempo, uno podría incluso especificar la espesura y el contorno exacto de las cejas de la modelo: eso, para quienes colocamos a las cejas en el Top 5 de las partes de la mujer más seductoras (en el imperio austrohúngaro la depilación total de las cejas para sustituir horribles y caprichosos dibujos con lápices está severísimamente penada), sería como ya, por fin, entrar por la puerta grande del paraíso.
El p#o#r#n#h#u#b#.#c#o#m no está mal tampoco ;-). Me sumo al contexto etológico de JM.
ReplyDelete