Barney vs. Teletubbies
Ayer en mi clase de la ESPOL nos enzarzamos en una discusión sobre las respectivas virtudes de Barney y los Teletubbies. Debo decir que me decanto por estos últimos. No tanto en lo referente a su utilidad como entretenimiento infantil (nada desdeñable, desde luego, en ambos casos) sino en cuanto a sus premisas ideológicas. Barney, para empezar, es un dinosaurio. Eso equivale a decir que tiene un cerebro pequeño, una reducida capacidad de empatía, y un acentuado afán de protagonismo. (El hecho taxonómico podría acarrear también ciertas creencias jurásicas, como la lucha de clases o la teoría marxista de la plusvalía, aunque eso en su caso no está aún demostrado.) Ese afán de protagonismo es lo que más le distingue en la práctica. A pesar de ser en realidad un pequeño muñeco de felpa, su maquinaria propagandística, aprovechándose de la gran capacidad imaginativa de los niños, insiste en sobredimensionarlo, retratándole como un ser de verbo fácil y ocurrente, de legendaria sapiencia, de p...