De Profundis (2)
Fue una asociación corta, no diré que fructífera pero valió la pena, así sea únicamente para recordar desde otro ángulo el por qué de esta vida, es decir para ver pasar las nubes y gozar de esos espacios que a veces se producen entre ellas, donde durante un instante se asoma el sol. Hablo, concretamente, de esa asociación que por algún tipo de extraño milagro se formó entre mis posaderas y el retrete que hay al lado de este despacho, lugar que estoy a punto de dejar libre para otro inquilino. Claro, si uno se limita a examinar los motivos causales de tal asociación, los más inmediatos, pues qué puedo decir, se trata de esa misma diarrea eterna que a todo forastero le aqueja nada más poner el pie en este país, esa diarrea con la que uno termina conviviendo en paz, esa diarrea diaria, apestosa, fétida, que recuerda la maravillosa proliferación de vida tropical, optimista y pujante que se ha dignado a morar en nuestros intestinos. Pero detrás de eso, está el milagro de mi presencia en est...