Primer ocarinazo contra el monstruoso régimen de las puritanas floricientas (1)
Y entonces, después de poner en borrador (ocultar) esos mastodónticos capítulos de pura rabia que colgué aquí la semana pasada, ¿qué queda? Quisiera tener paz, tranquilidad para poder adentrarme en aquellos temas que me sugiera mi experiencia personal, no los que me dicte ese poco de gente que ni me lee ni me conoce ni me conocerá nunca. Pero aquí hay algo, algo que me molesta como zancudo enardecido, y quiero llegar al fondo del asunto. Es cierto que no soy ecuatoriano, no tengo voz ni voto en todo esto. Soy simple inmigrante, como por otra parte siempre lo soy, dondequiera que vaya. He conseguido vivir 47 años en diferentes países sin reconocer la autoridad de ningún gobierno sobre mí, pues para mí autoridad significa autoría, y autora ahora en esta solitaria vejez sólo tengo una, esa mujer que me escribió, o mejor dicho me garabateó, como quien no quiere la cosa, en otro país, hace siete años. Lo demás es y ha sido siempre cosecha mía, una combinación de genes y de caídas en el l...