Fallas del mercado
En El Comercio de ayer (columnas de opinión, reciente adicción, demasiado elocuente sobre ese sentimiento de inferioridad que últimamente me aqueja respecto a otros que sí entienden de física cuántica más allá de su ya extenso anecdotario apto para el vulgo y parco en ecuaciones, claro, uno lee las “de opinión” con la esperanza de sentirse por lo menos parejo con otras personas que, como uno mismo, sólo tienen eso, opiniones, pero ay, qué pérdida de tiempo, cuando tiempo precisamente ya queda tan poco) sale esto: falla de mercado Hmm. La columnista, por supuesto, se refiere a los políticos que compiten para hacerse con todos esos votos coercitivos que llueven de la piñata electoral de cuando en cuando: el espectáculo es, también, tristemente elocuente (empujones, mamporros, estirones de pelo, “ay, mamaá”, “No seas goloso, mijito, déjale algo para tu hermana”, etcétera), aunque tal vez más tristeza dan aquellas bodas en las que el ramo de flores, lanzado al aire, es objeto de competitiv...