Dignidades
El pato pequeño llegó antes, pero el trozo de pan, con corteza y todo, era demasiado grande para que se lo pudiera engullir de una. En sólo dos segundos de fuertes remolones de agua ya llegaron los otros.
¿Usted alguna vez ha visto lo que pasa cuando en uno de esos espacios de parqueo frente a una gasolinera, el primer Hyundai intenta meterse de prisa pero como rayo llega un Blazer y le corta el paso, y detrás del Blazer un oportunista Spark, y entre todo esto el Aveo que todavía no ha conseguido salir? Eso es, gridlock en miniatura. Mira, para que el Aveo salga, el Blazer tiene que ir hacia atrás, pero si lo hace pierde posicionamiento frente al Terracán, que tampoco quiere echarse atrás, y entonces pues, la solución es evidente, simplemente todo el mundo a abofetear la bocina en señal de señorial exasperación frente al oportunismo y a la inescrupulosidad ajenos. La solución perfecta, diríamos. O si no ha visto todavía, gentil lector, este espectáculo tan entrañablemente ecuatoriano, tal vez le suenan unas Primarias donde cada uno de los candidatos ha resultado ganador, eso es, una vez que se descuentan los votos inválidos, que evidentemente se contabilizaron a favor del otro, que tan tozudamente no quiere ceder ante la evidencia. “Esto no se trata de Personalidades”, no señor: el cargo es mío por cuestión de principios. Yo no voy por ningún lado sin mis principios. Nunca sabes en qué momento vas a necesitar de uno.
¡Toma principio! – Que alguien llame a la policía.
El pan se queda flotando en el agua: cogerlo por algún extremo deshabilita temporalmente la función agresora del pico. El pequeño, el pato sietemesino, fácilmente se ahuyenta con un par de batidos de alas: estamos viendo, ahora, la lucha de los grandes. A lo lejos, hay un cisne que parece interesado. Que nadie se mueva, pues. Como si acá no pasara nada.
“Yo lo vi primero, chucha.”
En Durán, el aspirante al cargo de Alcalde se ha decantado a favor de la postura de galán de novela venezolana. Un pulgar debajo del cinturón: “soy rápido desenfundando”. La otra mano, tendida hacia el público. “Yo no pido. Doy. Soy hombre de acción.” El aspecto de ayudante de notario que tiene el pobre en este contexto resulta delicioso.
Aspiro a la dignidad del ser humano. Con esa lucha me basta. Y si no, siempre está Charles Atlas. Algún día se acordarán de mí.
¿Usted alguna vez ha visto lo que pasa cuando en uno de esos espacios de parqueo frente a una gasolinera, el primer Hyundai intenta meterse de prisa pero como rayo llega un Blazer y le corta el paso, y detrás del Blazer un oportunista Spark, y entre todo esto el Aveo que todavía no ha conseguido salir? Eso es, gridlock en miniatura. Mira, para que el Aveo salga, el Blazer tiene que ir hacia atrás, pero si lo hace pierde posicionamiento frente al Terracán, que tampoco quiere echarse atrás, y entonces pues, la solución es evidente, simplemente todo el mundo a abofetear la bocina en señal de señorial exasperación frente al oportunismo y a la inescrupulosidad ajenos. La solución perfecta, diríamos. O si no ha visto todavía, gentil lector, este espectáculo tan entrañablemente ecuatoriano, tal vez le suenan unas Primarias donde cada uno de los candidatos ha resultado ganador, eso es, una vez que se descuentan los votos inválidos, que evidentemente se contabilizaron a favor del otro, que tan tozudamente no quiere ceder ante la evidencia. “Esto no se trata de Personalidades”, no señor: el cargo es mío por cuestión de principios. Yo no voy por ningún lado sin mis principios. Nunca sabes en qué momento vas a necesitar de uno.
¡Toma principio! – Que alguien llame a la policía.
El pan se queda flotando en el agua: cogerlo por algún extremo deshabilita temporalmente la función agresora del pico. El pequeño, el pato sietemesino, fácilmente se ahuyenta con un par de batidos de alas: estamos viendo, ahora, la lucha de los grandes. A lo lejos, hay un cisne que parece interesado. Que nadie se mueva, pues. Como si acá no pasara nada.
“Yo lo vi primero, chucha.”
En Durán, el aspirante al cargo de Alcalde se ha decantado a favor de la postura de galán de novela venezolana. Un pulgar debajo del cinturón: “soy rápido desenfundando”. La otra mano, tendida hacia el público. “Yo no pido. Doy. Soy hombre de acción.” El aspecto de ayudante de notario que tiene el pobre en este contexto resulta delicioso.
Aspiro a la dignidad del ser humano. Con esa lucha me basta. Y si no, siempre está Charles Atlas. Algún día se acordarán de mí.
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