El misántropo (2)

En el cuento, se le decía “el Niño de Madera”. Nada que ver con Pinocho, el cuento folclórico era mucho más antiguo, carente de moralismos victorianos. Simplemente, se trataba de un niño cuya existencia corporal era la de un informe trozo de leña: por lo que a lo largo de su existencia se vio atrapado bajo diversos accidentes y aspectos, no pudiendo escaparse del destino que quería, ora que formara parte de un mueble rústico, ora que su cuerpo quedara repartido en diversas piezas por culpa de una entrometida sierra. Los acercamientos ocasionales con sus padres (que no eran de madera) y otro ser muy querido, que ese mismo destino le tendió, no fueron del todo satisfactorios, pues ellos no lo reconocían bajo su disfraz de mueble o de herramienta, y como insistía repetidamente el cuento a modo de estribillo, “el Niño no podía decir nada, pues era de Madera.”

Recordaba mucho ese cuento, aquellos días de vacaciones, en la casa de pueblo playero de su madre. Sobre todo a la hora de despertarse, pues era cuando se hacía más palpable ese enmaderamiento parcial de su cuerpo, que siempre daba lugar a la misma discusión a primeras horas de la mañana:

MISANTROPO: Bájate. Tengo que ir a mear.

CONSUELO (así nos referiremos al pene del misántropo a partir de ahora, siguiendo la tradición de que todas las vergas protagonistas de historias tienen nombres femeninos): Primero mea, después me bajo.

MISANTROPO: Pero si no te bajas no puedo mear bien.

CONSUELO: Sí puedes.

AZAFATA DE COLGATE CON MICRÓFONO (dirigiéndose al público): Según los expertos, a falta de recipientes especiales sólo hay dos maneras de orinar estando con erección. Una, separando bastante los pies, y apoyándose con una sola mano en la pared que hay detrás del inodoro, para intentar que el torso quede paralelo al suelo, y haciendo fuerza con la otra mano para que la verga apunte hacia abajo, es decir, hacia la zona indicada; y la otra, quedándose parado, muy cerca del borde del inodoro, con la verga apuntando directamente hacia arriba. En el primer caso, las desventajas son dos: primero, que al forzar un incremento en el ángulo de separación entre verga y cuerpo, se dificulta hasta cierto punto el flujo de orín, y segundo, se necesita bastante puntería. El segundo método, en cambio, tiene la ventaja de ser mucho más cómoda, a más de intuitiva, ya que uno se imagina fácilmente como una de esas estatuas que hay en los parques austríacos, cuyas aguas, lanzadas hacia arriba con aplomo, descienden ordenadamente, casi suizamente, hacia un pequeño bol que rodea al herrumbroso y eterno meón. La única desventaja es que el que no pone de su parte termina regando todo el cuarto de baño, si no es que termina meándose dentro de su propia boca, lo cual es un contrasentido si se supone que el acto de orinar deriva de un afán de expulsión de líquidos corporales, y no de recolección y reciclaje corporal de los mismos.

Y es para esas personas, personas de buen gusto y discriminación, los que no se conforman con cualquier cosa sino que exigen lo mejor, que hemos desarrollado el nuevo dentífrico Colgate D.P. Colgate D.P. es el único dentífrico con fórmula especial para limpiar esas manchas que vienen de haberse orinado dentro de su propia boca.

MISANTROPO: Venga, ya, bájate. Prometo no pensar en ondas de seno durante cinco minutos. Tres minutos.

CONSUELO: No me convences. Siempre dices eso. No me bajo. Anda, vete a orinar.

MISANTROPO: Aguantaré.

CONSUELO: Más tiempo que yo, no lo creo.

MISANTROPO: Ya, ya, ya sé lo que quieres. Pero déjame orinar primero.

CONSUELO: ¿Seguro?

MISANTROPO: Seguro. Pero bájate.

CONSUELO: No. Aquí no se fía.


(Pórtate bien, o continuará)

Comments

  1. El otro día vi un video en el tu-tubo en el cual un tipo da una demostración gráfica de cómo se puede solucionar este problema entre Consuelo y su amo:

    Simplemente se recomienda orinarse en la ducha, o en su defecto, abrir la cortina de ésta, mear y volver a dormir o hacer caso a Consuelo. Lo que molesta es tener que despertarse del todo.

    El tiro parabólico es muy difícil y la exactitud del mismo depende de la firmeza y rectitud del tubo, la presión y la consistencia del efluvio, y por último de la envergadura y calibre del caño, junto al factor pulso del que sujeta la bazooka.

    El trípode por su lado cuenta con la desventaja de agravar cualquier tipo de lumbalgia.

    La regadera es la mejor opción, tal parece. ¿Me pregunto cómo lo hacen las mujeres?

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