Oposición de Condorito

El hallazgo no es mío: pertenece a una tal Grace Jaramillo, nombre que no me es familiar: ignoro si sus arremetidas contra la “Oposición” de este país estén motivadas por una bien disimulada lealtad al partido de Correa o simplemente obedecen a un deseo de expresar ciertas verdades tal como las ve: en todo caso, no encuentro apenas nada con que discrepar en su columna, y mucho que aplaudir. Hablemos con franqueza: lo que aquí se llama oposición no es tal. Es una combinación de chiste y farándula. Y, tal como sucede en las tiras de Condorito, los chistes no son siquiera originales. El atractivo se limita a las formas femeninas, siempre redondeadas con lujuriosa generosidad (aunque eso de colocar bellezas en las listas a modo de cebo parece ser cosa de latitud más que de ideología: ayer estuve en Babahoyo y la candidata a alcaldesa que tienen allá para la 35 es una auténtica diosa; unas cuantas más de ésas, y me hago correísta a tiempo parcial); aparte, a uno se le vuelve casi hipnótica la espera de ese inevitable “¡¡PLOP!!” que sale al final, en el último cuadro, cuando Alvarito pierde ¡¡otra!! elección y se lanza pa’tras de ese modo tan peculiar suyo (después de la denuncia ritual de fraude), a partir de lo cual no volvemos a saber nada más de él hasta la siguiente elección, cuando de nuevo saca de sus garajes esas chistosas camionetas (para la gente de fuera, habría que explicar que el Alvarito ése tiene una flota de camionetas que ponen “Cruzada Nueva Humanidad”, su nombre, “Brigadas Médicas” y una gran cruz roja sobre fondo blanco. Él piensa que todavía hay gente que cree que esas camionetas contienen medicinas. De cierta forma, sí tienen: yo una vez pude asomar la cabeza dentro de una, que se encontraba parqueada en la Vía Samborondón: allí había un borracho dormido, una botella de whisky, y nada más. “Para propósitos medicinales”, se suele decir). En fin, lo que hacía ese borracho, lo que hace Alvarito, lo hacen todos: entre elección y elección, duermen. O se dedican a sus negocios, o qué sé yo, pero lo que no hacen es molestar al gobierno. De modo que, y no crean que no lo comprendo y le simpatizo, debe ser difícil para Correa, siendo político al fin y al cabo, es decir teniendo como meta principal en su vida insultar a la Oposición, hallar que no hay absolutamente nada que se pueda dignificar con ese nombre, y por tanto, cubrir alegremente de epítetos deshonrosos. Recuerdo a una amiga mía de catre de hace tiempo, que decía que según ella entendía, los hombres fabricaban diariamente cierta cantidad de espermatozoides, los cuales si no eran lanzados para fuera con cierta regularidad, se acumulaban en los testículos hasta que al final éstos “explotaban”. Cosa que en aquel entonces ni yo, siendo hombre, sabía. Pero siempre he pensado que para los políticos es un poco lo mismo: cada día se les ocurre varias decenas de insultos más o menos jugosos e ingeniosos, que si no se lanzan hacia un sujeto cualquiera, se acumulan dentro del político causándole graves inconveniencias gástricas y anímicas, hasta llegar a niveles explosivos. Por tanto, digo, es comprensible que Correa haya tenido que desahogarse con la prensa, que si bien no es oposición a veces lo parece (si cierras los ojos, ayuda), de la misma manera que para mi amiga, era “comprensible” que los hombres desprovistos de compañía femenina terminen jodiendo con ovejas, o perras, o cabras. ¿Que “pobres animales”? Ya, pero los seres humanos son más importantes. Yo nunca he vista a una persona explotar, ni quiero verlo. Con las FAE ya tenemos suficiente desgracia.

Pero algo está mal aquí.

Y no creo que esto se pueda arreglar con eslóganes. El país se acostumbró durante décadas a la mediocridad y la corrupción: esto era lo que se entendía, y se sigue entendiendo, por “política”. La gente inteligente, por tanto asqueada, se arregla el visado y se va. ¿Qué se supone que hay para detenerlos? ¿Acaso Ecuador tiene algo para que uno se sienta orgulloso de su nacionalidad y que quiera vivir aquí? Me lo creería mejor si no viera, en las listas de asistencia de mis alumnos, tanto “Jhonnie”, tanta “Esthefanny”, tanto “Cristhian”, tanta “Reychel”. Los papás no saben escribir estos nombres, pero la intención es obvia: nombre gringo, mejor futuro cuando tenga edad para migrarse. No soy ecuatoriano, pero eso me duele tal vez más que si lo fuera. Es doloroso ver a todo un pueblo subestimarse, basurearse a sí mismo. Los colombianos, con todos sus problemas, no hacen eso. Los venezolanos, por lo poco que los conozco, tampoco. ¿Por qué?

Y peor que eso, tener que ver a aquéllos que cínicamente se aprovechan de esta situación, prometiendo “patrias”, sonrisas, infinito amor, venganza contra los “pelucones” y todo lo que se les ocurra que puede desear un pueblo con crónicos problemas de autoestima, a fin de hacerse con el poder eternamente y ser los nuevos “dueños” (palabra que se repite últimamente como conejo en pesadilla: Cordero y compinches son “dueños” de la revolución que antes, ilusamente, se suponía ciudadana; Correa, que antaño hablaba coquetamente a sus “mandantes”, ha decidido ser dueño del país, tout court: desde la tumba LFC le extiende su mano de esqueleto en fraternal saludo).

Y ahí es donde, si en algo falla la Sra Jaramillo, falla: en equiparar al gobierno que ella reconoce “autoritario” con esa oposición de chiste, que si bien sueña con el poder absoluto (eso de ser “jefe” de todo lo habido y por haber, esa “majestad” que el actual presidente se autoconfiere, son para Noboa y Gutiérrez sueño húmedo, sus pocas e incoherentes palabras los delatan) no representa para el ecuatoriano de a pie más que un espectáculo pasajero, un ítem de revista farandulera. Los portavoces de la Oposición son esperpentos, pero no son más que eso. Son, simplemente, irrelevantes. El gobierno, en cambio, es una amenaza real y permanente. Decir que en una democracia comme il faut, el votante puede escoger entre varias alternativas, mientras que aquí nadie presenta ninguna alternativa al nuevo status quo, es cierto pero elude la cuestión más importante: sin Oposición visible, ¿cómo nos defendemos contra quienes demostrablemente quieren convertirnos en hipnotizados esclavos de un estado totalitario? ¿Cómo evitar ser arrastrados por el camino venezolano, que la propia Jaramillo señala como peligro inminente?

Yo tengo mi propia respuesta a esta pregunta. La deliciosa Yayita, probablemente, tendrá otra. Como ni yo ni ella nunca hemos ganado una elección, lo que pensamos al respecto no tiene la más mínima importancia. Dejemos que los ganadores de elecciones, que son las únicas personas sabias, cuyas opiniones cuenten para algo, lo discutan entre ellos. Hablo de Correa, de Obama, de Uribe, de Hitler, de Thatcher, de Mugabe. Entre tanta gente sabia, auténticos ganadores donde los haya, debe de haber respuestas para todo. Despreocupémonos, pues.

Comments

  1. POR LO MENOS NOMBRA A UNO DE TU PATRIA!!!!!!!!!!!
    MIRA QUE ERES EL SALVADOR DE NOSOTROS LOS SUDACAS!!!!!!!!!
    JUAS JUAS....VINIENDO DE UN DESEMPLEADO ESPA;OL Y MANTENIDO POR UNA ECUATORIANA CON NEGOCCIOS CHUECOS ES DIGNA DE ADMIRACION TU PALABRERIA!!!!!!!!
    ESCRIBE SOBRE MI ALVARITO O SOBRE AQUELLOS > EL LUCIO Y EL BIGOTON>QUE TE DAN PARA LOS CIGARRILLOS POR ESCRIBIR EN CONTRA DEL GOBIERNO.
    JUAS JUAS.

    ALVARITOOOOOOOOOOOOOOOOOOO!!!!!!!!!

    LOLA CIENFUEGOS

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