Luminosidad en el abdomen
Al final pudo la curiosidad contra la pereza, y consulté en mi diccionario de la Real Academia (vigésima segunda edición, 2001) la acepción de esa misteriosa palabra “caretuco”.
Primer descubrimiento: “caretuco” no sale. Pero no pasa nada: ya tenia entendido que se trataba de un compuesto abreviado, que derivaba de “cara de tuco”. Con saber lo que era un tuco, me daba por satisfecho.
“Tuco” sí sale, en las siguientes acepciones.
1. En ciertos países significa “manco”, o sea, sin una mano o un brazo. Por razones no aclaradas, se supone que esta palabra deriva de una onomatopeya: “tuc, toc”. (Hace años yo tenía una amiga muy querida que era manca, pero no recuerdo que ella haya hecho ese sonido, peor con regularidad, de ahí cierta perplejidad de parte mía).
2. En Asturias (norte de España) tiene una retahíla de significados a cuál más delirante, pero los asturianos son así. No estamos en Asturias.
3. En Nicaragua, Costa Rica y Ecuador puede significar un trozo de madera.
4. En Argentina, un tuco es un escarabajo. Se describe así: “Nombre de diversos coleópteros que al saltar se arquean en forma brusca y sonora. Algunos de estos, mayores en tamaño, poseen luminosidad en el abdomen.” (del Quechua tucu, brillante)
5. En diversos países sudamericanos: salsa de tomate frito con cebolla, orégano, perejil, ají, etc.
6. En Perú, es una especie de búho.
No hay más.
En una respuesta a mi último post, mi amigo Juan Montalvo me propone como ejemplo de “caretukismo” (sic) la siguiente cita textual de Rafael Correa:
"No subestimamos al adversario. Tiene una maquinaria propagandística increíble. Tiene todo el dinero del mundo. Tiene un marketing impresionante, pero gracias a Dios, la realidad se encarga de derrumbar los mitos como el del modelo exitoso de desarrollo de Guayaquil, que con la primera lluvia se inunda. ¿De qué nos están hablando?"
Ahora bien, creo, sin poder demostrarlo, que tales palabras no son propias de una persona manca, ni creo que el propio Correa lo sea. Tampoco considero factible que un trozo de madera se pueda expresar con tanta fluidez, ni tengo por qué suponer que tantísimas personas, entre acólitos y adversarios del Presidente, que lo han descrito, con o sin cariño, de la misma manera “caretuco”, tengan todos descendencia asturiana. Me quedo entonces con la siguiente elección: un caretuco o es alguien cuyo rostro se parece al de un escarabajo, o que dé la impresión, por su fisonomía, de tener luminosidad en el abdomen, o que tenga la cara cubierta de salsa de tomate con ají, o cuya figura se parezca a la de un búho peruano. No hay más.
Para dilucidar más esta cuestión, veamos qué características personales puede tener un individuo que emita el juicio que se acaba de citar.
En estas elecciones, o como gustan de expresarse los periodistas “en esta coyuntura”, el “adversario” a que se refiere Correa debe de ser la oposición política. Ahora bien, la oposición política en este momento consta de nada menos que siete candidatos a presidente, sin contar con una profusión mareante de listas, siglas, números y dudosos talentos que se postulan para diversos puestos, digo, diversas dignidades (asambleístas, prefectos, alcaldes, concejales). De los siete candidatos a presidente, no hay ni uno que se le acerque a Correa en las encuestas, ni de lejos. Pero lo más notable es que no hay siquiera un partido que se perfile como “el partido de oposición” por antonomasia, a diferencia de lo que ocurre en otros países como EEUU (si no gana el republicano, gana el demócrata), Inglaterra (si no gana el conservador, gana el laborista), España (si no gana el pepero, gana el socialista) y un largo etcétera. En otras palabras, no hay bipartidismo. Ni siquiera tripartidismo. Entre las alternativas a Correa, nada menos que tres partidos se disputan el segundo lugar en las encuestas; ninguno de ellos tiene un líder mínimamente presentable (aunque la verdad, las revoltosas greñas y el aire de Cassandra con ribetes emo/goth de la Roldós me caen simpáticos a veces: aparte de lo cual, como diría Clarissa Pinkola Estés, dice mucho a favor de una haber sido llamada majadera). De lo que se deduce que esta oposición “a la que no hay que subestimar” no tiene ni la suficiente inteligencia como para forjarse una alianza táctica con el fin de acercarse en peso electoral al aventajado Presidente-candidato.
Pero si las caras, las cifras de las encuestas y el pragmatismo electoral no impresionan demasiado, ¿qué decir de esa “maquinaria propagandística increíble” y ese “marketing impresionante” de que tanto se queja Correa? En la cuestión de marketing, hay que reconocerlo, estamos ante un experto en la materia, como demuestra el hecho de que hasta el más acérrimo opositor al Socialismo del Siglo XI se sabe de memoria todos sus eslógans (“La Patria ya es de todos” y variantes; “con infinito amor”, “La Revolución Ciudadana está en Marcha”), puede tararear sin dificultad todas sus jingles, tiene en la punta de la lengua todos sus soundbytes (notablemente el hallazgo “pelucón”, que ha hecho estragos en el habla popular), y se encuentra perseguido por todos lados por la imagen de un loco en una colina, que sacude el puño con saña inexplicable ante una puesta de sol. Ahora, frente a todo este alarde de marquetería, ¿qué tiene la oposición? ¿Acaso hay un solo eslogan que alguien recuerde asociado a un partido o figura de otro partido? ¿Cuál es la canción “alternativa” que resuena de los altavoces de la tele o de los vehículos de campaña? Frente a “pelucón”, ¿qué ofrece la oposición en cuestión de jugosos epítetos? ¿Qué ingenioso logotipo, qué imagen inolvidable han conseguido infiltrar en nuestra conciencia colectiva?
Ah, pero me olvidaba. “Resentido social”: esa frase (descriptiva del mandamás) sí que ha dado vuelta y media entre cierto sector de la clase media.
¿Y aparte?
No hay más.
En serio. Seré ciego, seré mal informado, pero desde que Alianza PAIS asumió el gobierno no recuerdo haber visto ni escuchado un solo eslogan, un solo jingle memorable, un solo “spot” medianamente logrado de partido de oposición alguno. ¿De qué marketing nos está hablando?
En toda sinceridad, lo único que se me ocurre a que puede estarse refiriendo es a la prensa independiente (El Universo, sobre todo) y el canal de televisión Ecuavisa, que, eso sí, suelen transmitir mensajes críticos con el gobierno con cierta regularidad. Dentro de los medios referidos, hay dos personas en especial que Correa ha señalado como adversarios, los periodistas Emilio Palacio y Carlos Vera. Imagínense: en todo un país de 13m de habitantes hay dos periodistas de alto perfil que están manifiestamente en contra de su forma de gobierno ¿y de eso se queja? Yo, en su lugar no dejaría de agradecer la existencia de estos dos individuos, pues son casi los únicos que contribuyen a dar la impresión de un país con libertad de expresión: si algún día se callaran, quedaría tal uniformidad en los medios, que cualquiera que viniera de fuera se quedaría con la impresión de una dictadura más férrea que la de Mussolini. Pero en todo caso, si en eso queda la oposición política, en la labor de dos o (seamos generosos) hasta cinco periodistas de la “prensa corrupta”, lo que salta a la vista es la suprema inefectividad electoral de esa oposición: a diferencia de lo que ocurre en otros países como Inglaterra, donde en la práctica diciéndome para qué periódico trabajas yo puedo decir a quién votas, en el caso de Palacio y Vera yo al menos no tengo la menor idea de cuál sería la preferencia electoral de ninguno de ellos. ¿A cuál partido votaría Emilio Palacio? ¿Alguien se atreve a adivinarlo? Aquí, de nuevo, topamos con la triste realidad electoral, que no hay ninguna agrupación con peso electoral específico por la cual se puede votar sin sentir vergüenza, o por el infeliz que la lidera (PRIAN, PSP) o por el bagaje de ideas trasnochadas que la acompaña (Izquierda Marthista). Y si de veras esas agrupaciones tienen “todo el dinero del mundo”, en qué lo estarán gastando queda como supremo misterio.
Por último, el que este Presidente dé las “gracias a Dios” por unas inundaciones que destruyen casas y traen enfermedades a los barrios más vulnerables de Guayaquil no deja de sorprender, aunque este tipo de Schadenfreude haya llegado a ser moneda común en cierto nivel de política barriobajera. La tesis ofrecida, según el cual estas inundaciones demostrarían las falencias del “modelo de desarrollo” de Guayaquil choca con la realidad de que inundaciones ha habido en todo el país, y sus efectos más desastrosos se han sentido precisamente en aquellas áreas que son competencia del gobierno central, como puede ser el mantenimiento vial interprovincial. Pero dejando todo esto aparte, ¿a qué conclusiones nos lleva todo eso?
Que un político se queje por cosas que simplemente no son ciertas, ¿hace pensar en alguna similitud facial con insectos? Las palabras citadas ¿son propias de una persona que tenga mandíbulas laterales prolongadas, antenas salientes, ojos compuestos de gran tamaño? Decididamente no. Entonces: ¿pudieron ser provocadas dichas palabras por un exceso de salsa de tomate con ají? Por mi propia experiencia en salsas condimentadas, no lo creo. En la cuestión de los búhos peruanos, como no he visto ninguno, me es más difícil emitir criterio al respecto, pero me imagino que si los búhos peruanos hablaran de esta manera tendrían más fama de la que actualmente gozan. Me quedo, entonces, con la luminosidad. Un caretuco es alguien que por su forma de hablar hace pensar que tiene un abdomen luminoso. Sí, eso ha de ser. Ahora, qué tipo de tratamiento existe para alguien que tenga esa curiosa dolencia, no sabría decirlo.
Primer descubrimiento: “caretuco” no sale. Pero no pasa nada: ya tenia entendido que se trataba de un compuesto abreviado, que derivaba de “cara de tuco”. Con saber lo que era un tuco, me daba por satisfecho.
“Tuco” sí sale, en las siguientes acepciones.
1. En ciertos países significa “manco”, o sea, sin una mano o un brazo. Por razones no aclaradas, se supone que esta palabra deriva de una onomatopeya: “tuc, toc”. (Hace años yo tenía una amiga muy querida que era manca, pero no recuerdo que ella haya hecho ese sonido, peor con regularidad, de ahí cierta perplejidad de parte mía).
2. En Asturias (norte de España) tiene una retahíla de significados a cuál más delirante, pero los asturianos son así. No estamos en Asturias.
3. En Nicaragua, Costa Rica y Ecuador puede significar un trozo de madera.
4. En Argentina, un tuco es un escarabajo. Se describe así: “Nombre de diversos coleópteros que al saltar se arquean en forma brusca y sonora. Algunos de estos, mayores en tamaño, poseen luminosidad en el abdomen.” (del Quechua tucu, brillante)
5. En diversos países sudamericanos: salsa de tomate frito con cebolla, orégano, perejil, ají, etc.
6. En Perú, es una especie de búho.
No hay más.
En una respuesta a mi último post, mi amigo Juan Montalvo me propone como ejemplo de “caretukismo” (sic) la siguiente cita textual de Rafael Correa:
"No subestimamos al adversario. Tiene una maquinaria propagandística increíble. Tiene todo el dinero del mundo. Tiene un marketing impresionante, pero gracias a Dios, la realidad se encarga de derrumbar los mitos como el del modelo exitoso de desarrollo de Guayaquil, que con la primera lluvia se inunda. ¿De qué nos están hablando?"
Ahora bien, creo, sin poder demostrarlo, que tales palabras no son propias de una persona manca, ni creo que el propio Correa lo sea. Tampoco considero factible que un trozo de madera se pueda expresar con tanta fluidez, ni tengo por qué suponer que tantísimas personas, entre acólitos y adversarios del Presidente, que lo han descrito, con o sin cariño, de la misma manera “caretuco”, tengan todos descendencia asturiana. Me quedo entonces con la siguiente elección: un caretuco o es alguien cuyo rostro se parece al de un escarabajo, o que dé la impresión, por su fisonomía, de tener luminosidad en el abdomen, o que tenga la cara cubierta de salsa de tomate con ají, o cuya figura se parezca a la de un búho peruano. No hay más.
Para dilucidar más esta cuestión, veamos qué características personales puede tener un individuo que emita el juicio que se acaba de citar.
En estas elecciones, o como gustan de expresarse los periodistas “en esta coyuntura”, el “adversario” a que se refiere Correa debe de ser la oposición política. Ahora bien, la oposición política en este momento consta de nada menos que siete candidatos a presidente, sin contar con una profusión mareante de listas, siglas, números y dudosos talentos que se postulan para diversos puestos, digo, diversas dignidades (asambleístas, prefectos, alcaldes, concejales). De los siete candidatos a presidente, no hay ni uno que se le acerque a Correa en las encuestas, ni de lejos. Pero lo más notable es que no hay siquiera un partido que se perfile como “el partido de oposición” por antonomasia, a diferencia de lo que ocurre en otros países como EEUU (si no gana el republicano, gana el demócrata), Inglaterra (si no gana el conservador, gana el laborista), España (si no gana el pepero, gana el socialista) y un largo etcétera. En otras palabras, no hay bipartidismo. Ni siquiera tripartidismo. Entre las alternativas a Correa, nada menos que tres partidos se disputan el segundo lugar en las encuestas; ninguno de ellos tiene un líder mínimamente presentable (aunque la verdad, las revoltosas greñas y el aire de Cassandra con ribetes emo/goth de la Roldós me caen simpáticos a veces: aparte de lo cual, como diría Clarissa Pinkola Estés, dice mucho a favor de una haber sido llamada majadera). De lo que se deduce que esta oposición “a la que no hay que subestimar” no tiene ni la suficiente inteligencia como para forjarse una alianza táctica con el fin de acercarse en peso electoral al aventajado Presidente-candidato.
Pero si las caras, las cifras de las encuestas y el pragmatismo electoral no impresionan demasiado, ¿qué decir de esa “maquinaria propagandística increíble” y ese “marketing impresionante” de que tanto se queja Correa? En la cuestión de marketing, hay que reconocerlo, estamos ante un experto en la materia, como demuestra el hecho de que hasta el más acérrimo opositor al Socialismo del Siglo XI se sabe de memoria todos sus eslógans (“La Patria ya es de todos” y variantes; “con infinito amor”, “La Revolución Ciudadana está en Marcha”), puede tararear sin dificultad todas sus jingles, tiene en la punta de la lengua todos sus soundbytes (notablemente el hallazgo “pelucón”, que ha hecho estragos en el habla popular), y se encuentra perseguido por todos lados por la imagen de un loco en una colina, que sacude el puño con saña inexplicable ante una puesta de sol. Ahora, frente a todo este alarde de marquetería, ¿qué tiene la oposición? ¿Acaso hay un solo eslogan que alguien recuerde asociado a un partido o figura de otro partido? ¿Cuál es la canción “alternativa” que resuena de los altavoces de la tele o de los vehículos de campaña? Frente a “pelucón”, ¿qué ofrece la oposición en cuestión de jugosos epítetos? ¿Qué ingenioso logotipo, qué imagen inolvidable han conseguido infiltrar en nuestra conciencia colectiva?
Ah, pero me olvidaba. “Resentido social”: esa frase (descriptiva del mandamás) sí que ha dado vuelta y media entre cierto sector de la clase media.
¿Y aparte?
No hay más.
En serio. Seré ciego, seré mal informado, pero desde que Alianza PAIS asumió el gobierno no recuerdo haber visto ni escuchado un solo eslogan, un solo jingle memorable, un solo “spot” medianamente logrado de partido de oposición alguno. ¿De qué marketing nos está hablando?
En toda sinceridad, lo único que se me ocurre a que puede estarse refiriendo es a la prensa independiente (El Universo, sobre todo) y el canal de televisión Ecuavisa, que, eso sí, suelen transmitir mensajes críticos con el gobierno con cierta regularidad. Dentro de los medios referidos, hay dos personas en especial que Correa ha señalado como adversarios, los periodistas Emilio Palacio y Carlos Vera. Imagínense: en todo un país de 13m de habitantes hay dos periodistas de alto perfil que están manifiestamente en contra de su forma de gobierno ¿y de eso se queja? Yo, en su lugar no dejaría de agradecer la existencia de estos dos individuos, pues son casi los únicos que contribuyen a dar la impresión de un país con libertad de expresión: si algún día se callaran, quedaría tal uniformidad en los medios, que cualquiera que viniera de fuera se quedaría con la impresión de una dictadura más férrea que la de Mussolini. Pero en todo caso, si en eso queda la oposición política, en la labor de dos o (seamos generosos) hasta cinco periodistas de la “prensa corrupta”, lo que salta a la vista es la suprema inefectividad electoral de esa oposición: a diferencia de lo que ocurre en otros países como Inglaterra, donde en la práctica diciéndome para qué periódico trabajas yo puedo decir a quién votas, en el caso de Palacio y Vera yo al menos no tengo la menor idea de cuál sería la preferencia electoral de ninguno de ellos. ¿A cuál partido votaría Emilio Palacio? ¿Alguien se atreve a adivinarlo? Aquí, de nuevo, topamos con la triste realidad electoral, que no hay ninguna agrupación con peso electoral específico por la cual se puede votar sin sentir vergüenza, o por el infeliz que la lidera (PRIAN, PSP) o por el bagaje de ideas trasnochadas que la acompaña (Izquierda Marthista). Y si de veras esas agrupaciones tienen “todo el dinero del mundo”, en qué lo estarán gastando queda como supremo misterio.
Por último, el que este Presidente dé las “gracias a Dios” por unas inundaciones que destruyen casas y traen enfermedades a los barrios más vulnerables de Guayaquil no deja de sorprender, aunque este tipo de Schadenfreude haya llegado a ser moneda común en cierto nivel de política barriobajera. La tesis ofrecida, según el cual estas inundaciones demostrarían las falencias del “modelo de desarrollo” de Guayaquil choca con la realidad de que inundaciones ha habido en todo el país, y sus efectos más desastrosos se han sentido precisamente en aquellas áreas que son competencia del gobierno central, como puede ser el mantenimiento vial interprovincial. Pero dejando todo esto aparte, ¿a qué conclusiones nos lleva todo eso?
Que un político se queje por cosas que simplemente no son ciertas, ¿hace pensar en alguna similitud facial con insectos? Las palabras citadas ¿son propias de una persona que tenga mandíbulas laterales prolongadas, antenas salientes, ojos compuestos de gran tamaño? Decididamente no. Entonces: ¿pudieron ser provocadas dichas palabras por un exceso de salsa de tomate con ají? Por mi propia experiencia en salsas condimentadas, no lo creo. En la cuestión de los búhos peruanos, como no he visto ninguno, me es más difícil emitir criterio al respecto, pero me imagino que si los búhos peruanos hablaran de esta manera tendrían más fama de la que actualmente gozan. Me quedo, entonces, con la luminosidad. Un caretuco es alguien que por su forma de hablar hace pensar que tiene un abdomen luminoso. Sí, eso ha de ser. Ahora, qué tipo de tratamiento existe para alguien que tenga esa curiosa dolencia, no sabría decirlo.
Por lo general a la gente se le nota en la cara cuando están mintiendo, caretuco es cuando el tipo es tan cínico que miente con tal naturalidad que no se inmuta, como un tuco de madera. Eso era lo que entendía por caretuco.
ReplyDeleteDudé, la verdad, me pregunté si era una broma, si habían imitado la voz del presidente. Hoy, el diario El Universo en su editorial hace referencia a esa misma cita. Ahora bien, ¿qué han dicho Alvarito, Roldós o Gutiérrez sobre esta declaración de totalitarismo absolutista? Vete a saber. Probablemente, nada. Uno tiene la impresión que los "políticos" de la "oposición" lo son a tiempo parcial, muy parcial. Me imagino que Alvarito se reserva cinco minutos de cada día para ojear los diarios y despachar instrucciones a sus jefes de campaña. De ahí mi pregunta, ¿dónde está esa temible oposición de que habla Correa? Ahora veo que un columnista de El Universo hace la misma pregunta.
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