Joyas en la basura

Estoy harto de referenciarlo: Robin Williams, la tapa de botella de champán, ya saben.

Qué quieren que diga: soy producto de los setenta. La generación que fue colilla infumable del baby boom. Haber nacido tan sólo diez años antes, para tener una adolescencia al son de los Beatles, los Stones, y Bacharach. En lugar de lo cual, esto:



Salió cuando yo tenía 12 años. A esa edad ya era un viejo pervertido (apenas había dejado los pañales, ya estaba viendo a la Rigg en los Avengers) pero aunque las dos daban peligrosas patadas, esto para mí era nuevo. Sabía que la música era horrible, pero ¿y qué? Ella era adorable. (En realidad, pasaron años antes que me molesté en escuchar la letra para descubrir que a diferencia de lo que había supuesto, sí significaba algo. Aunque sigo sin entender lo del "teenage tiramisú".) Me complace decirles que ella ha envejecido con excepcional gracia. La cara (con esos deliciosos mofletes) no miente, ella siempre fue una dama y yo sigo dispuesto a matar dragones, bueno, cucarachas pongamos, en su honor. Pero sigamos con la basura: es un tema en que me siento a gusto. Cuestión, ya digo, de generación.



¿Vieron algo más patético? Connolly siempre fue, pero al final incluso se le ve, un vikingo. Sólo que ahora es un vikingo con 13 paros cardíacos a cuestas, condenado a tocar en el Butlins de Bognor Regis, digamos un poco más downmarket que algún salón entre las friterías de Durán. Y aun así, y con una gastritis que ni Mozart consigue curarle, saca fuerzas de flaqueza y adelante. No sé si esa especie de valentía ha muerto. No parece casar mucho con este siglo (él morirá en el 2011). Mucho más actual luce el compositor, Chinnichap, que fue más astuto que los músicos e invirtió en una buena dentadura, tipo americano. Sigamos con la basura:



El glam (Bolan, Bowie, Alice Cooper, éstos, Glitter, Slade supongo, tal vez Wizzard y Mud) fue un fenómeno tal vez irrepetible. Una pena, se me ocurre, para las chicas. En aquel entonces, podías tener como ídolo, no a un pequeño y saborío narcisista títere de los asesores de imagen, sino a un grandísimo tipo loco a quien no le importaba ponerse el doble de maquillaje que tú y llevar el amaneramiento a un reductio ad absurdum que, a fin de cuentas, demuestra hombría a prueba de cañón (cualquier chica adolescente sabe, por instinto, que hay que tener huevos para aparentar tan garbosamente no tenerlos: cosa que el típico coetáneo macho secular, que con su kipper tie cree romper suficientes moldes por hoy, nunca consigue entender).

Luego vino esto:




El glam por fin se volvió inteligente, y con eso, se autoinmoló, y fue el turno del punk.

Comments

  1. Otro documental de exquisito gusto. Love is like oxygen. Sparks invoca imágenes de Freddy Mercury y Jim Morrison en estado surrealista.

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