El Pendejómetro

Como se suele decir, son cosas que nadie podría inventarse. Hay un programa de tele del género Reality en Ecuador, de nombre Soy el Mejor, concurso de destrezas físicas y artísticas abierto a hombres y mujeres, que tiene un segmento con nombre propio, El Nalgómetro, donde se trata de medir la rapidez y destreza con que las concursantes femeninas mueven las caderas, con acompañamiento musical, aprovechando esos músculos cuya atrofia en mi propio caso y cuerpo he lamentado en alguna ocasión. Como el nombre indica, se intenta que tal destreza pélvica sea medible y cuantificable, a fin de asignar puntos y premiar a ganadoras, y con ese propósito se cuentan (supuestamente) las oscilaciones de la zona sacro-ilíaca de la concursante durante la prueba, mediante un pequeño dispositivo electrónico pegado en la parte superior del trasero del sujeto.

Si todo eso ya de por sí es surreal (para ser más precisos, parece sacado de un episodio perdido de los Monty Python), atentos: el espacio acaba de ser condenado por otro de esos incalificables órganos de censura gubernamentales (CORNICOM) como discriminatorio contra las mujeres. Y si este último dato todavía no te hacer desternillarte de la risa, te espera todavía lo mejor: me refiero a la propia resolución del susodicho COMICON, documento que si no viniera con la firma del Presidente de dicho Consejo de Regulación uno juraría que fuera el producto de una mente satírica finamente perversa. Recomiendo su lectura: creo que no me he reído tanto desde que terminé la lectura del Conjuro de los Necios, de Toole. De hecho, no creo que la comparación sea tan descabellada: el documento en cuestión tiene toda la pinta de haber sido escrito con puño iracundo sobre papel de notas Big Chief, y si el autor no menciona entre los defectos del programa en cuestión su "falta de teología y geometría", habrá sido por descuido.

Supongo que tarde o temprano la cosa terminará en sanción, no lo sé. Lo interesante del asunto para mí, sin embargo, no es eso, sino la comprobación de que, siguiendo esa tendencia según la cual las modas llegan a este país con hasta medio siglo de retraso, los organismos del gobierno se han abrazado al feminismo norteamericano de los años setenta, con notable despliegue de entusiasmo. No falta ningún elemento del cóctel: la mentalidad moralista y puritana, la obsesión con el "discrimen" y el "sexismo" y con las manifestaciones públicas de sexualidad (que por su naturaleza han de ser siempre discriminatorias y sexistas), la utilización de una jerga autorreferencial, la invención de estadísticas falsas e historias espurias, las tácticas de acoso verbal, la instrumentalización de la maquinaria estatal... todo al servicio, no "de las mujeres" (que demostrablemente no necesitan nada de esto), sino de una pequeña casta de personas amargadas y oficiosas que derivan, al parecer, de la escenificación de la indignación su única satisfacción en la vida.

Bueno, pues apuntémonos a ese juego. ¿Qué es lo primero que llama la atención sobre el espacio "El Nalgómetro", según lo antes resumido? Obvio: el hecho de que el programa que lo incluye, "Soy el Mejor", es un concurso abierto a hombres y mujeres (dejo a mis lectores feministas, si las hubiera, lamentar el uso excluyente del artículo definido masculino en el título del programa: por lo menos nos asegura de que no se trata de un concurso sólo para mujeres) y que sin embargo, en el propio espacio "El Nalgómetro", al parecer, sólo participan mujeres. Por lo menos, eso creo... pero no estoy seguro al cien por cien: sólo puedo decir que si participan hombres, no hay constancia en YouTube, y tampoco se menciona en el documento del COMEMELON. Ahora bien: si mi intención fuera denunciar el espacio como "sexista" o "discriminatorio", este dato sería lo primero que recalcaría... mejor dicho, lo único. Además, me parece absolutamente concluyente: si en un concurso abierto a ambos sexos hay una parte donde sólo participa un sexo, y el otro no, pues eso es discriminatorio, no hay cómo perderse. Pero ¿discriminatorio contra quién o quiénes? Es aquí donde arranca mi hilaridad con las conclusiones del COJUDON, pues de nuevo, la respuesta es (o a mí me parece) evidente: el segmento en cuestión discrimina contra los hombres. No contra todos, pero sí contra aquellos que aparecen como concursantes en el programa. Ponte en su lugar. Te vas a un estudio de TV (el CORLEONE cree importante informarnos de que ahí "predominan los colores con tonos pasteles" - gracias, Patricio), y apareces en el escenario, realizando no sé qué tipo de proezas físicas ante los aplausos del público, en competencia con otros concursantes de ambos sexos. De repente te dicen: "ahora viene una parte divertidísima que se llama El Nalgómetro. Lo siento, pero estás excluído por razones de sexo". ¿Qué vas a decir? Lógico. Pero ¿qué es esto? Excluido ¿por qué? Eh, mira, yo también tengo nalgas, ves. Qué, ¿mis nalgas no son lo suficientemente interesantes para ustedes? Well, fuck you. I'm going home.

Ahora bien, con esto no quiero decir que la tal discriminación evidente y anti masculino sea arbitrario, ni injustificable, ni caprichoso. Puedo equivocarme, pero supongo que se basa en uno de los siguientes supuestos, o ambos:

(1) Un hombre no suele tener tan desarrollados los músculos tensor fasciae latae y psoas sacroilíacus, o la coordinación entro ambos, de modo que probablemente dará un espectáculo penoso al intentar realizar los movimientos requeridos con la velocidad requerida.
(2) Al público al cual va destinado el programa no le interesa tanto ver culos masculinos, tengan o no tengan oscilaciones en alta velocidad.

Con el segundo supuesto no sé si estoy de acuerdo. A mí me parece altamente probable que el programa "Soy el Mejor", y el espacio en cuestión, tendrán una audiencia mayoritariamente femenina y mayoritariamente heterosexual: me baso en esto a las pocas estadísticas disponibles que parecen indicar que el género Reality TV tiene más seguidoras que seguidores, y también en la naturaleza del espacio en cuestión, que parece diseñado para el consumo femenino (un hombre que quiere ver traseros femeninos no va a perder su tiempo viendo la tele, existiendo el Internet; en cambio, un concurso de nalgas tiene todos los números para interesar a un público femenino, por razones en que no voy a indagar ahora para no perder el hilo). A más de esto, me parece que existe entre la población femenina heterosexual cierta predilección por los traseros masculinos... aunque aquí me baso exclusivamente en datos anecdóticos. En fin. La cosa es discutible. En cuanto al primer supuesto, bueno, tampoco sé realmente si el hombre ecuatoriano medio sería capaz de realizar esas proezas pélvicas (el Presley y sus imitadores estilo Gangnam suelen ser mucho más lentos), pero en todo caso se supone que los productores del programa habrán hecho sus castings y sus experimentos.

Pero existe otro lado de la cuestión. El título del programa, "Soy el Mejor" hace pensar en esos rituales en que participamos muchas especies de mamíferos, en la fase previa al apareamiento, donde se trata de impresionar a una eventual pareja demostrando superioridad sobre los rivales. Este tipo de ritual suele ser común entre los machos, que muchas veces se pelean y hasta se lesionan para demostrar quién es "el Mejor", léase, el más merecedor de privilegios sexuales. En las sociedades humanas, se reproduce este ritual bajo infinidad de disfraces, pero siempre entendiéndose que quien demuestra ser "el Mejor" será premiado con el acceso sexual preferente a la pareja escogida. Viendo las cosas desde esta óptica, es decir si suponemos que los productores del programa, conscientemente o no, apelan a tales atavismos, se entiende mejor que cualquier tipo de prueba que tenga algo que ver con la atracción sexual se realice en competencia con personas del mismo sexo. De modo que "El Nalgómetro" se podría interpretar no como una simple prueba de agilidad y flexibilidad físicas, sino como un concurso de atracción sexual entre mujeres, algo un poco como los concursos de belleza tan populares en estas latitudes, pero sin las alambicadas y remilgadas pretensiones estéticas que éstos suelen exhibir. Tal interpretación me parece bastante persuasiva, sobre todo porque bastaría de por sí para explicar por qué los concursantes masculinos no toman parte en esa prueba.

Es más: la sentencia del COPROFAGON parece validar esta interpretación, sobre todo cuando cita a bell hooks a tenor de que el espectáculo sirve para "entretener a los invitados con la imagen desnuda de la otredad". Traducción: si una mujer menea el culo, es para que lo vea un hombre. Y si se contabilizan los meneos, es para ver quién lo hace mejor.

Y aquí creo que llegamos al meollo del asunto. Vivimos en una sociedad en que tanto hombres como mujeres competimos entre miembros de nuestro propio sexo para conseguir pareja en un despiadado mercado sexual. Pero aparte de que las armas con las que peleamos no son las mismas, el elemento de competencia es muy dispar, y también, su visibilidad. De acuerdo con las nociones tradicionales con las que nos educan, es perfectamente normal que los hombres compitan entre ellos por los favores de una mujer, que se peleen, que se esfuercen en demostrar su valía en cualquier campo, profesional, atlético u otro, aplastando y pisoteando a sus rivales, a fin de mejorar sus perspectivas sexuales: "es su naturaleza". Mientras tanto, en las mujeres cualquier manifestación de competitividad sexual se ve "ridícula". Es simplemente infra dignitatem. El papel del macho es liarse a golpes (de cuerno, de astas, de garras, de sillas, de citas de Gramsci, Adorno o Chomsky, de lo que venga más a mano) con el rival, mientras el barman sigue, imperturbable, puliendo los vasos. El papel de la hembra es quedarse viendo el espectáculo, inmóvil, esperando ver quién sale triunfante, para premiarle al ganador con sus favores. (Haz la prueba en Twitter. En una conversación donde hay dos hombres y una mujer, los hombres siempre terminarán discutiendo. ¿Dos mujeres y un hombre? Las dos demostrarán entre ellas una perfecta armonía. La consigna parece ser: si entre nosotras hay competencia, no hay que dejarlo notar.) Y si algo de este ritual de competencia masculina atávica queda en nuestra sociedad, el espacio "El Nalgómetro", tal como lo he descrito, lejos de reforzar estereotipos sexistas, rompe con dicho esquema al mostrar ante el público algo muy pocas veces visto: una competencia sexual entre mujeres - en lugar de lo corriente, que sería lo mismo entre hombres.

Resumiendo entonces: lo que hacen las modelos en "El Nalgómetro", mutatis mutandis, es lo que hacen los hombres todo el tiempo: intentar impresionar al sexo opuesto por encima de los rivales en concurso público. Y si esto es cierto, entonces a cualquier feminista, en teoría, le debería encantar la existencia de espacios así, pues contribuyen a mostrar lo parecidos que somos hombres y mujeres, más allá de los mustios estereotipos, en eso de la competencia sexual, y más si (como sospecho) en el mismo programa existe un espacio "masculino" donde los hombres intentarían impresionar a las mujeres de modo parecido, aprovechándose de otros atributos tales como: circunferencia de bíceps, fuerza física, capacidad para destapar varias botellas de Gatorade en un segundo, o lo que sea. En tal caso, a falta de estricta igualdad por lo menos habría simetría.

He dicho "en teoría". Desde luego, en realidad ninguna feminista nunca te va a bendecir "El Nalgómetro", y eso es así porque el feminismo es, también, victima del invicto estereotipo. Quiero decir que vivimos en una sociedad de doble estándar donde (salvo en algunas películas para aficionados de alta especialización) las mujeres no compiten abiertamente por los favores de un hombre, dando vueltas en el polvo, estirándose del pelo, arrancándose blusas y sostenes, sino que se sitúan en una esfera de pretendida superioridad o de mayor dignidad, dando a entender que a ellas les preocupan temas mucho más puros y espirituales y que la consecución de pareja sexual está muy baja en su lista de prioridades, y que por consecuencia si quieres algo con alguna de ellas tienes que hacer malabares en bicicleta y bailar claqué: es decir, la estrategia femenina es de encarecer el producto dándole una apariencia de mayor escasez y de privilegiado acceso. Esta noción de que el hombre quiere sexo, pero ya, y la mujer, pseh, tal vez, convénceme... puede o no tener substrato biológico (yo creo que sí) pero en todo caso constituye uno de esas asimetrías contra las que, si el feminismo tuviera algo que ver con la igualdad lucharía, pero como nada que ver tiene, no lucha. Más feminista que el COCOLON es la Carrie. Siempre lo he dicho y lo seguiré diciendo.

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