Middelbräu
Este trabajo autoimpuesto de ser observador y cronista de las páginas de Opinión del Telégrafo me está decepcionando un poco últimamente. Es demasiado fácil, ya que a decir verdad hay muy poca opinión allá. Lo que más hay son eslóganes. Y los eslóganes son como molinos, en el sentido que resulta algo quijotesco acercarse a pelear con ellos. El otro día salió ahí una señora con unos apellidos muy de alta alcurnia (y que llevaba uno de esos "de" matrimoniales en medio, que hablan largo acerca del tinte de pelo, religión, y flora intestinal de su portadora) que expresó la siguiente opinión (no textual: el servidor del T está fuera de línea en este momento):
Las Sabatinas de Correa a mí me encantan; por tanto, al Pueblo también le deben de encantar.
Sería una crueldad (y tremenda falta de caballerosidad) ponerse a discutir algo así. Sí, señora: el Pueblo tiene el deber de coincidir con usted en todos sus gustos: sería un muy mal, muy travieso Pueblo el que no lo hiciera. De acuerdo entonces.
En fin. Está claro que cada opinador tiene su propia bestia negra, lo que le da un poco más de comicidad al asunto. Hay un ex docente universitario que escribe básicamente el mismo artículo cada semana, que resumo así:
Los medios de la oposición dicen cosas desvergonzadamente opositoras. ¡Qué malos medios son! Pero afortunadamente el Pueblo ya no come cuento, y por eso nadie compra esos diarios ni ve esos programas. Y por eso precisamente me siento con la importante obligación de denunciar a esos diarios y canales que nadie ve. Para que sigan no viéndolos.
Luego hay aquella columnista que ayer (creo que fue) me sorprendió con la siguiente afirmación:
"...como víctima, sé muy bien..."
Aunque sea por malsana curiosidad uno no puede dejar de formular la pregunta mental: ¿víctima de qué? Pero el artículo no da pistas al respecto. Yo soy víctima, usted no. Ahí termina el asunto, por lo visto. Son de esas cosas que uno se siente privilegiado de ver, como una especie de aurora borealis de la autocompasión desnuda. Urge el susurro reverencial.
Y luego ahí viene clipclopeando y refunfuñando el Orlando Pérez con su obsesión por las Izquierdas Equivocadas. Aunque tiene un estilo enrevesado que puede confundir (y que algunas veces te deja sin la menor pista sobre lo que intenta decir, si es que realmente quiere decir algo) su artículo también suele ser, en el fondo, siempre el mismo:
Ya estoy harto de escuchar, de la boca de ciertas personas, que son más de izquierdas que nosotros los correístas. Como si eso fuera posible. A la izquierda de nosotros solamente está la derecha. Por tanto, yo sigo siendo el decano de la izquierdez. Y ¡a mucha honra!
(Como ya comenté en otro lugar, eso de las ciertas personas, nunca nombradas ni identificadas por si los pleitos, se ha convertido en House Style del Telégrafo, también a mucha honra.)
Bueno. Pero la cosa tiene sus compensaciones. Hay aquel tipo listo que vive en EEUU y que si yo no padeciera del Alzheimers o si el maldito servidor del T. comenzara a funcionar, recordaría su nombre. Me cae bien aunque me da pena esa torcedura de pensamiento que le acerca a esa página lóbrega y escura. Luego hay aquel joven e hilarante émulo de Dave Spart, o de Citizen Smith, que se jacta de leer la prensa europea y tiene recomendaciones sabias para los políticos nacionales desde la pureza de su joven pensamiento revolucionario.
Además hay esto. Por fin: ¡alguien con quien se puede discutir! Pero como pasa demasiadas veces en este blog, cuando por fin llego al meollo del asunto, después de mil divagaciones, ya me vence el cansancio y la perspectiva de tener que presentar un argumento mínimamente racional me da dolor de cabeza. Quedémonos, pues, en una serie de contra-afirmaciones o de preguntas molestas absolutamente sin sustento.
¨
Dice la Sra Mancero: "El embarazo adolescente en el Ecuador constituye un verdadero problema de salud pública, pues de acuerdo con el Censo de 2010 se incrementó en un 74%, uno de los índices más altos de la región. Como imaginamos, a consecuencia de esto, las madres adolescentes afectan catastróficamente sus proyectos de vida, se mantienen en situación de pobreza, retardan su escolarización y acceso al mundo laboral."
Y a continuación: "Esta situación se debe fundamentalmente a una profunda carencia de información y educación sexual, es decir, en el fondo, a la mojigatería de las oscuras mentalidades ultraconservadoras que dirigieron los destinos del país. "
A lo que yo contesto: puede ser. Sí, creo que puede ser. Puede que la Sra Mancero tenga toda la razón de principio a final de este párrafo. Pero no me convence. Sus datos y cifras no demuestran lo que afirma como un hecho. Como perfecto ignorante que soy en el tema, y a falta de estadísticas más reveladoras, sólo me queda el recurso de cerrar los ojos e imaginarme dialogando con alguna de estas madres adolescentes. Y dentro de esta fantasía, intento hacer que alguna de esas adolescentes imaginarias me diga lo que la Sra Mancero quiere oir, v.gr. "La verdad, me quedé embarazada sin querer, porque no me imaginaba ni en sueños que tirando como conejos con mi novio podría salirme un bebé. Verás, en la escuela había unos curas, unas monjas, que siempre decían que los bebés los traían las cigüeñas, y que por eso no había que cuidarse, y yo que me lo creía..."
Repito: puede ser. Pero quiera o no, más de una de esas adolescentes imaginarias me dice algo más así como sigue:
"Estoy algo asustada de ser madre, pero al mismo tiempo muy contenta. Te sientes como más grande, más responsable, más adulta. Puedes decidir muchas cosas por ti misma. No veo por qué no puedo ser una buena madre. Al fin, mis papás han dicho que me van a ayudar. Y el Gobierno te da alguna ayudita, ¿verdad? Por eso no me cuidé, supongo. Creo que lo voy a llamar Froilán, es un nombre alemán. ¿Los estudios? Jaja, eso es lo mejor, ya me dieron un año de baja, imagínate, nada de clases aburridas de Estudios Sociales hasta el año que viene... todas mis amigas se me mueren de envidia. ¿El trabajo? No sé, ya lo veremos, de momento creo que tengo más vocación de madre que de otra cosa...."
Resumiendo: no creo que todos esos embarazos sean accidentales, no deseados y largamente lamentados. Algunos, evidentemente sí. Pero ¿cuántos? ¿Hay estadísticas al respecto? Y esos que realmente son accidentes, ¿realmente se deben a falta de educación sexual? ¿Realmente vivimos en un país donde toda una generación de chicas sigan creyendo en las cigüeñas, y la tal supuesta creencia necesariamente sería por culpa de "oscuras mentalidades ultraconservadoras"? Son muchos supuestos no demostrados. Demasiados para mi tranquilidad mental.
Creo que el primer error que comete la Sra Mancero es proyectar sobre todas esas chicas su propia visión de lo que debe ser la vida de una mujer joven en el nuevo Reich ecuatoriano:
Escuela - colegio - universidad - primer empleo - ascenso - prometedor futuro - largo noviazgo (con varios experimentos) - eventual matrimonio - baja temporal por maternidad - continuación de brillante carrera profesional - niñera peruana algo desdentada pero debidamente afiliada al IESS - nirvana.
Estoy de acuerdo con la Sra Mancero que esto parece una opción vital muy sensata, en lo que la búsqueda de la felicidad se refiere. Aplazando matrimonio e hijos, hay muchas más posibilidades, creo, de ser feliz, y eso es aplicable a hombres y mujeres, no sé si por igual o no. (Como ya dije en otro lado, mi recomendación personal sería que la edad mínima legal para contraer matrimonio sea elevada a los 70 años.) Y aun dejando esto de lado, es obvio que conseguir trabajo ("el primero" o subsiguientes) con niños pequeños bajo el brazo es bastante jodido. Repito: estamos de acuerdo en todo eso. Pero...
Pero se da la jodida casualidad que hay gente que no quiere ser feliz. O que no quiere ser feliz a la manera de la Sra Mancero. Que prefiere buscar su propio camino.
Y no creo que proyectando tu gran plan de Buen Vivir encima de la vida de las personas, para luego pronunciarlas "erradas" o víctimas de un "problema de salud pública" por no coincidir con el camino perfecto trazado de antemano, sea una manera muy educada de tratarlas.
¿El segundo error de la Sra Mancero? Pues lo dicho: creer en cigüeñas:
"En 2011 se creó la Estrategia Nacional Intersectorial de Prevención de Embarazo Adolescente y de Planificación Familiar (Enipla), como una política pública para contrarrestar esta problemática. Se emprendieron diversas acciones como educación sexual y planificación familiar, acceso a métodos anticonceptivos, campañas exitosas como ‘Habla serio, sexualidad sin misterios’, entre otros. Los resultados aún no fueron los esperados, es cierto, pero esto se debe aque follar sigue siendo más divertido que ver spots gubernamentales cambios constantes de funcionarios, a obstruccionismos desde otras instancias, y a las dificultades propias de la coordinación intersectorial de los Ministerios de Salud, de Educación, de Desarrollo Social, de Inclusión."
Resumiendo: al "problema" (sic) social del embarazo adolescente hay que enfrentarle una solución estatal. A la niña ignorante, vulnerable, víctima de oscuras mentalidades ultraconservadoras, hay que decirle que deje de creer en cigüeñas, de ésas que vuelan, para empezar a creer en cigüeñas, de ésas que se sienten en la Asamblea y en los Ministerios y te arreglan la vida, si solamente les haces caso, porque ellos saben mejor que tú cómo debes vivir tu vida.
Yo le recomendaría a la articulista echar un vistazo sobre las estadísticas de natalidad en los países occidentales a partir del Baby Boom (o incluso, si quiere, mucho antes). Puedo equivocarme, pero creo que encontrará lo siguiente: un descenso marcado en la tasa de natalidad que exhibe una fuerte correlación con un aumento en la prosperidad, o para ser más exactos, en el índice de desarrollo humano que se supone algo tiene que ver con el precio de un carro entry level. La ecuación tradicional del Demographic Transition Theory (por lo menos en la versión que yo conozco) va así:
P = C * (GC/100.000)
Donde P es la probabilidad de que la chica de 16 añitos quede embarazada, C es el precio de un Chevrolet Spark en el mercado actual, y GC es la frecuencia y "éxito" de las campañas gubernamentales. Con lo que se colige que las campañas gubernamentales de organizaciones como la mentada enioldplan sí sirven para algo, pero mucho (100.000) menos que esto:
"A propósito, hija: si te quedas preñada, olvídate del carro. No puedo comprarte un Chevy y un montón de pañales a la misma vez. Así que decídete. Ahora, ándate con Alvarito que te está esperando. Adiós. No vengas muy tarde."
A mí me parece obvio. Las chicas ésas, alguna necesitará educación sexual, no digo que no, pero la mayoría lo que necesitan es tener más opciones en la vida que andar en colectivos y aguantar una mísera vida de esclavitud en una camaronera: y esa tal cornucopia de oportunidades, de tentaciones, de sueños alcanzables, todos ellos decididamente reñidos con el llanto del bebé, te viene antes y mejor en una sociedad abierta (TM), o sea, en una que no impone ridículos impuestos en artículos suntuarios, que en cualquier otra. Y diría más sobre eso si no me venciera ahorita el sueño.
Otra cosita más antes de dormir, porque mi conciencia no me deja tranquilo si no lo digo: ¿qué diantre tiene la Sra Mancero contra la abstinencia?
está comprobado que la promoción de la abstinencia como política pública constituye, por decir lo menos, un anacronismo científico, social y político
Vergüenza le tendría que dar. ... Bueno, no tanto. Ahora que lo pienso, tiene toda la razón. La promoción de cualquier cosa como política pública constituye un anacronismo. Eso sí es cierto. El Estado no tiene ningún derecho ni vocación para ir "promocionando" cosas. De acuerdo. Pero hay que decirlo con todas las letras: la abstinencia mayoritaria es el probable futuro de la humanidad. El feminismo, que la Sra Mancero apoya (al parecer, porque "está en todas las universidades del mundo") se ha encargado de eso, creando sociedades como la canadiense o la sueca, donde el acto sexual en su versión hetero se ha rodeado de tanto protocolo y de tanta maraña de aterradores peligros legales y presunciones de culpabilidad (ver caso Assange, estoy cansado, une los puntos tú mismo) que sólo un héroe o un insensato se atrevería a invitar a la cama a un miembro del sexo opuesto, por lo menos sin celebrar la firma previa de varios documentos ante notario, e invitar a un jurado imparcial de doce hombres y mujeres de demostrada probidad a observar el acto de principio a fin, y asegurar la disponibilidad de grabaciones de seguridad desde diversos ángulos y en alta definición. Por lo tanto, y con las salvedades de rigor, se vislumbra un futuro donde, para la mayoría de hombres y mujeres, lo más práctico y fácil será una vida de exclusiva masturbación. Tema en el que me siento, a diferencia de otros temas tratados en este blog, algo experto. Por lo tanto, dejo su tratamiento detallado para otra ocasión. Pero repito e insisto: para eso, y no para otra cosa, deberíamos estar preparando a nuestros hijos e hijas. Y un primer paso: dejar de llamarlo "abstinencia" y empezar a llamarlo de una manera más positiva. Si no fuera demasiado largo, algo así como "emancipación de la tiranía del sexo plural". No sé. Algo se me ocurrirá. En eso estoy trabajando.
(El título de esta entrada no tiene nada que ver con lo precedente, y se explicará y se justificará en otro post. Queda como elocuente testigo del hecho de que, a veces, no consigo siquiera en varios párrafos llegar al verdadero quid de la cuestión.)
Las Sabatinas de Correa a mí me encantan; por tanto, al Pueblo también le deben de encantar.
Sería una crueldad (y tremenda falta de caballerosidad) ponerse a discutir algo así. Sí, señora: el Pueblo tiene el deber de coincidir con usted en todos sus gustos: sería un muy mal, muy travieso Pueblo el que no lo hiciera. De acuerdo entonces.
En fin. Está claro que cada opinador tiene su propia bestia negra, lo que le da un poco más de comicidad al asunto. Hay un ex docente universitario que escribe básicamente el mismo artículo cada semana, que resumo así:
Los medios de la oposición dicen cosas desvergonzadamente opositoras. ¡Qué malos medios son! Pero afortunadamente el Pueblo ya no come cuento, y por eso nadie compra esos diarios ni ve esos programas. Y por eso precisamente me siento con la importante obligación de denunciar a esos diarios y canales que nadie ve. Para que sigan no viéndolos.
Luego hay aquella columnista que ayer (creo que fue) me sorprendió con la siguiente afirmación:
"...como víctima, sé muy bien..."
Aunque sea por malsana curiosidad uno no puede dejar de formular la pregunta mental: ¿víctima de qué? Pero el artículo no da pistas al respecto. Yo soy víctima, usted no. Ahí termina el asunto, por lo visto. Son de esas cosas que uno se siente privilegiado de ver, como una especie de aurora borealis de la autocompasión desnuda. Urge el susurro reverencial.
Y luego ahí viene clipclopeando y refunfuñando el Orlando Pérez con su obsesión por las Izquierdas Equivocadas. Aunque tiene un estilo enrevesado que puede confundir (y que algunas veces te deja sin la menor pista sobre lo que intenta decir, si es que realmente quiere decir algo) su artículo también suele ser, en el fondo, siempre el mismo:
Ya estoy harto de escuchar, de la boca de ciertas personas, que son más de izquierdas que nosotros los correístas. Como si eso fuera posible. A la izquierda de nosotros solamente está la derecha. Por tanto, yo sigo siendo el decano de la izquierdez. Y ¡a mucha honra!
(Como ya comenté en otro lugar, eso de las ciertas personas, nunca nombradas ni identificadas por si los pleitos, se ha convertido en House Style del Telégrafo, también a mucha honra.)
Bueno. Pero la cosa tiene sus compensaciones. Hay aquel tipo listo que vive en EEUU y que si yo no padeciera del Alzheimers o si el maldito servidor del T. comenzara a funcionar, recordaría su nombre. Me cae bien aunque me da pena esa torcedura de pensamiento que le acerca a esa página lóbrega y escura. Luego hay aquel joven e hilarante émulo de Dave Spart, o de Citizen Smith, que se jacta de leer la prensa europea y tiene recomendaciones sabias para los políticos nacionales desde la pureza de su joven pensamiento revolucionario.
Además hay esto. Por fin: ¡alguien con quien se puede discutir! Pero como pasa demasiadas veces en este blog, cuando por fin llego al meollo del asunto, después de mil divagaciones, ya me vence el cansancio y la perspectiva de tener que presentar un argumento mínimamente racional me da dolor de cabeza. Quedémonos, pues, en una serie de contra-afirmaciones o de preguntas molestas absolutamente sin sustento.
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Dice la Sra Mancero: "El embarazo adolescente en el Ecuador constituye un verdadero problema de salud pública, pues de acuerdo con el Censo de 2010 se incrementó en un 74%, uno de los índices más altos de la región. Como imaginamos, a consecuencia de esto, las madres adolescentes afectan catastróficamente sus proyectos de vida, se mantienen en situación de pobreza, retardan su escolarización y acceso al mundo laboral."
Y a continuación: "Esta situación se debe fundamentalmente a una profunda carencia de información y educación sexual, es decir, en el fondo, a la mojigatería de las oscuras mentalidades ultraconservadoras que dirigieron los destinos del país. "
A lo que yo contesto: puede ser. Sí, creo que puede ser. Puede que la Sra Mancero tenga toda la razón de principio a final de este párrafo. Pero no me convence. Sus datos y cifras no demuestran lo que afirma como un hecho. Como perfecto ignorante que soy en el tema, y a falta de estadísticas más reveladoras, sólo me queda el recurso de cerrar los ojos e imaginarme dialogando con alguna de estas madres adolescentes. Y dentro de esta fantasía, intento hacer que alguna de esas adolescentes imaginarias me diga lo que la Sra Mancero quiere oir, v.gr. "La verdad, me quedé embarazada sin querer, porque no me imaginaba ni en sueños que tirando como conejos con mi novio podría salirme un bebé. Verás, en la escuela había unos curas, unas monjas, que siempre decían que los bebés los traían las cigüeñas, y que por eso no había que cuidarse, y yo que me lo creía..."
Repito: puede ser. Pero quiera o no, más de una de esas adolescentes imaginarias me dice algo más así como sigue:
"Estoy algo asustada de ser madre, pero al mismo tiempo muy contenta. Te sientes como más grande, más responsable, más adulta. Puedes decidir muchas cosas por ti misma. No veo por qué no puedo ser una buena madre. Al fin, mis papás han dicho que me van a ayudar. Y el Gobierno te da alguna ayudita, ¿verdad? Por eso no me cuidé, supongo. Creo que lo voy a llamar Froilán, es un nombre alemán. ¿Los estudios? Jaja, eso es lo mejor, ya me dieron un año de baja, imagínate, nada de clases aburridas de Estudios Sociales hasta el año que viene... todas mis amigas se me mueren de envidia. ¿El trabajo? No sé, ya lo veremos, de momento creo que tengo más vocación de madre que de otra cosa...."
Resumiendo: no creo que todos esos embarazos sean accidentales, no deseados y largamente lamentados. Algunos, evidentemente sí. Pero ¿cuántos? ¿Hay estadísticas al respecto? Y esos que realmente son accidentes, ¿realmente se deben a falta de educación sexual? ¿Realmente vivimos en un país donde toda una generación de chicas sigan creyendo en las cigüeñas, y la tal supuesta creencia necesariamente sería por culpa de "oscuras mentalidades ultraconservadoras"? Son muchos supuestos no demostrados. Demasiados para mi tranquilidad mental.
Creo que el primer error que comete la Sra Mancero es proyectar sobre todas esas chicas su propia visión de lo que debe ser la vida de una mujer joven en el nuevo Reich ecuatoriano:
Escuela - colegio - universidad - primer empleo - ascenso - prometedor futuro - largo noviazgo (con varios experimentos) - eventual matrimonio - baja temporal por maternidad - continuación de brillante carrera profesional - niñera peruana algo desdentada pero debidamente afiliada al IESS - nirvana.
Estoy de acuerdo con la Sra Mancero que esto parece una opción vital muy sensata, en lo que la búsqueda de la felicidad se refiere. Aplazando matrimonio e hijos, hay muchas más posibilidades, creo, de ser feliz, y eso es aplicable a hombres y mujeres, no sé si por igual o no. (Como ya dije en otro lado, mi recomendación personal sería que la edad mínima legal para contraer matrimonio sea elevada a los 70 años.) Y aun dejando esto de lado, es obvio que conseguir trabajo ("el primero" o subsiguientes) con niños pequeños bajo el brazo es bastante jodido. Repito: estamos de acuerdo en todo eso. Pero...
Pero se da la jodida casualidad que hay gente que no quiere ser feliz. O que no quiere ser feliz a la manera de la Sra Mancero. Que prefiere buscar su propio camino.
Y no creo que proyectando tu gran plan de Buen Vivir encima de la vida de las personas, para luego pronunciarlas "erradas" o víctimas de un "problema de salud pública" por no coincidir con el camino perfecto trazado de antemano, sea una manera muy educada de tratarlas.
¿El segundo error de la Sra Mancero? Pues lo dicho: creer en cigüeñas:
"En 2011 se creó la Estrategia Nacional Intersectorial de Prevención de Embarazo Adolescente y de Planificación Familiar (Enipla), como una política pública para contrarrestar esta problemática. Se emprendieron diversas acciones como educación sexual y planificación familiar, acceso a métodos anticonceptivos, campañas exitosas como ‘Habla serio, sexualidad sin misterios’, entre otros. Los resultados aún no fueron los esperados, es cierto, pero esto se debe a
Resumiendo: al "problema" (sic) social del embarazo adolescente hay que enfrentarle una solución estatal. A la niña ignorante, vulnerable, víctima de oscuras mentalidades ultraconservadoras, hay que decirle que deje de creer en cigüeñas, de ésas que vuelan, para empezar a creer en cigüeñas, de ésas que se sienten en la Asamblea y en los Ministerios y te arreglan la vida, si solamente les haces caso, porque ellos saben mejor que tú cómo debes vivir tu vida.
Yo le recomendaría a la articulista echar un vistazo sobre las estadísticas de natalidad en los países occidentales a partir del Baby Boom (o incluso, si quiere, mucho antes). Puedo equivocarme, pero creo que encontrará lo siguiente: un descenso marcado en la tasa de natalidad que exhibe una fuerte correlación con un aumento en la prosperidad, o para ser más exactos, en el índice de desarrollo humano que se supone algo tiene que ver con el precio de un carro entry level. La ecuación tradicional del Demographic Transition Theory (por lo menos en la versión que yo conozco) va así:
P = C * (GC/100.000)
Donde P es la probabilidad de que la chica de 16 añitos quede embarazada, C es el precio de un Chevrolet Spark en el mercado actual, y GC es la frecuencia y "éxito" de las campañas gubernamentales. Con lo que se colige que las campañas gubernamentales de organizaciones como la mentada enioldplan sí sirven para algo, pero mucho (100.000) menos que esto:
"A propósito, hija: si te quedas preñada, olvídate del carro. No puedo comprarte un Chevy y un montón de pañales a la misma vez. Así que decídete. Ahora, ándate con Alvarito que te está esperando. Adiós. No vengas muy tarde."
A mí me parece obvio. Las chicas ésas, alguna necesitará educación sexual, no digo que no, pero la mayoría lo que necesitan es tener más opciones en la vida que andar en colectivos y aguantar una mísera vida de esclavitud en una camaronera: y esa tal cornucopia de oportunidades, de tentaciones, de sueños alcanzables, todos ellos decididamente reñidos con el llanto del bebé, te viene antes y mejor en una sociedad abierta (TM), o sea, en una que no impone ridículos impuestos en artículos suntuarios, que en cualquier otra. Y diría más sobre eso si no me venciera ahorita el sueño.
Otra cosita más antes de dormir, porque mi conciencia no me deja tranquilo si no lo digo: ¿qué diantre tiene la Sra Mancero contra la abstinencia?
está comprobado que la promoción de la abstinencia como política pública constituye, por decir lo menos, un anacronismo científico, social y político
Vergüenza le tendría que dar. ... Bueno, no tanto. Ahora que lo pienso, tiene toda la razón. La promoción de cualquier cosa como política pública constituye un anacronismo. Eso sí es cierto. El Estado no tiene ningún derecho ni vocación para ir "promocionando" cosas. De acuerdo. Pero hay que decirlo con todas las letras: la abstinencia mayoritaria es el probable futuro de la humanidad. El feminismo, que la Sra Mancero apoya (al parecer, porque "está en todas las universidades del mundo") se ha encargado de eso, creando sociedades como la canadiense o la sueca, donde el acto sexual en su versión hetero se ha rodeado de tanto protocolo y de tanta maraña de aterradores peligros legales y presunciones de culpabilidad (ver caso Assange, estoy cansado, une los puntos tú mismo) que sólo un héroe o un insensato se atrevería a invitar a la cama a un miembro del sexo opuesto, por lo menos sin celebrar la firma previa de varios documentos ante notario, e invitar a un jurado imparcial de doce hombres y mujeres de demostrada probidad a observar el acto de principio a fin, y asegurar la disponibilidad de grabaciones de seguridad desde diversos ángulos y en alta definición. Por lo tanto, y con las salvedades de rigor, se vislumbra un futuro donde, para la mayoría de hombres y mujeres, lo más práctico y fácil será una vida de exclusiva masturbación. Tema en el que me siento, a diferencia de otros temas tratados en este blog, algo experto. Por lo tanto, dejo su tratamiento detallado para otra ocasión. Pero repito e insisto: para eso, y no para otra cosa, deberíamos estar preparando a nuestros hijos e hijas. Y un primer paso: dejar de llamarlo "abstinencia" y empezar a llamarlo de una manera más positiva. Si no fuera demasiado largo, algo así como "emancipación de la tiranía del sexo plural". No sé. Algo se me ocurrirá. En eso estoy trabajando.
(El título de esta entrada no tiene nada que ver con lo precedente, y se explicará y se justificará en otro post. Queda como elocuente testigo del hecho de que, a veces, no consigo siquiera en varios párrafos llegar al verdadero quid de la cuestión.)
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