Mittelbräu (2)

La plume de ma tante. Esto es lo más que la mayoría de los anglosajones se acercan a esa peligrosa preposición. Se objetará: sí, pero la tradición manda apellido de casada. Peor, la tradición convierte a las mujeres casadas (sobre todo las inglesas) en caballos. "Bridal" y "bridle" son homófonos; el novio en la ceremonia de boda se hace llamar "groom", lo que en buen castellano significa "mozo de caballos". Y una vez casada, al apellido de soltera de la pobre víctima del matrimonio se le antepone el "née", que no es más que un relinche mal escrito. La propia reina de Inglaterra, su excelsa majestad angloprusiana May Hessbinder-Neigh, después de tantos años de matrimonio queda más yegua que otra cosa, y su hija seis cuartos de lo mismo. Pero eso es sólo la tradición. Las tradiciones están hechas para ser enterradas, y así sucede en la actualidad. Las mujeres modernas allá no son "de" nadie, siquiera onomásticamente. Acá, me temo que la cosa todavía demora.

"Se hizo de marido". La primera vez que escuché esta expresión, tuve un signo de exclamación de color carmesí flotando por encima de mi cabeza durante cinco minutos enteros. El mismo que aparece, de modo eso sí tenue y espectral, cada vez que leo otro artículo de esa tal Nancy Bravo de Ramsey, quien según esta fotogalería resulta que tiene una cuñada que insiste en ser Parodi de su esposo. Razón de más para recelar de ese "de", aunque la Lola Fuertes haya terminado por darle calabazas al Sr Cabeza antes del matrimonio.

Creo que nadie nace con vocación de apéndice. "Hacerse de" alguien (locución desconocida en España, por si acaso) sería entonces un acto autolesivo, una venida a menos respecto al propio potencial. Lo que estaría muy bien para personas con perversas tendencias masoquistas (puedo simpatizar) pero la perversión pierde todo su encanto cuando se convierte en norma, peor en estructura social. Incluso se vuelve la mar de aburrida. Eso, si tomas al pie de las dos letras ese "de", cosa que la experiencia desaconseja. La tribu de las "de Alguien" no las tengo por sumisas y apocadas. Todo lo contrario. Lo que cuelga atado al "de" suele ser un escudo expertamente manejado y duramente golpeado. Sólo cuando se parte en pedazos se deja abandonado en el campo de batalla. La vía Samborondón está llena de Ford Explorers manejadas por jóvenes viudas con gafas regresivas y carteras Gucci. El "de", un adorno inofensivo y de exquisito buen gusto, un pequeño memento mori esculpido en zafiro y marfil. Nada más.

Lo bueno de hacerse de alguien es cuando ese alguien se compromete a traer la comida (sobre todo, el tocino) a casa. Claro que la cosa tiene sus bemoles. Tener que ver tres telenovelas venezolanas en una sola tarde es un suplicio tan duro, que ni la CIA en Guantánamo. Pero trabajar tampoco es un phrygian' lecho de rosas. ¿Sabes cómo reconocer a alguien que no haya trabajado en su vida? Cuando abre la boca y sale "el trabajo dignifica al hombre" o bien "quiero un trabajo en que me sienta realizada". Las personas se realizan en su trabajo con la misma frecuencia y naturalidad con que los políticos dicen la verdad. Siento mucho tener que ser el que te trae esta mala noticia.

Si yo fuera mujer, creo que sería de las tradicionales, de las que se quedan en casa mientras el marido se mata allá fuera. Más que nada porque la idea de estar solo(a) sin hacer nada me encanta. Por fin podría volver a leer Los Hermanos Karamazov y Anna Karenina sin interrupciones. Claro que hay "el trabajo doméstico", pero también está el Corolario de Horstman, que toda ama de casa conoce bien. El único problema: aguantar al marido y a los hijos, si los hubiere. ¿Será verdad que no hay tal cosa que una comida gratis? On reflection, bugger housewifery. Me meto monja y listo(a).

En fin. Adonde voy con esto es a explicar por qué el feminismo, a pesar de estar en "todas las universidades del mundo" (menos las ecuatorianas, por lo visto) me cae chancho, al igual que algunas de las cosas que sí están en las universidades ecuatorianas, v.gr., una misteriosa ausencia de rollos de papel higiénico. Me cae chancho porque, al igual que la Sra Mancero, toma a las mujeres (por no hablar de "la mujer", ese hipogrifo) por peones, insultándolas a veces gratuitamente (el cuento del "patriarcado", por ejemplo: como si ellas realmente fueran tan tontas como para permitir algo así) y además, todas toditas del mismo color, en su juego de ajedrez, que cada vez con más claridad resulta ser la simple y eterna lucha por ganar cotas de "poder" dentro de un sistema y una estructura estatal nunca seriamente cuestionada (quiero decir que toda feminista es inmensamente feliz con la idea de obligar a la gente a hacer cosas mediante blandimientos de fusiles: forma parte de su doctrina, y quien los blande es lo de menos a fin de cuentas, mientras obedecen órdenes). Si eres ambiciosa y estás dispuesta a aprender los términos de un discurso de poca solvencia científica pero de gran eficacia yusiva, puede que el feminismo sea tu taza de té. Pero despídete de la empatía con otros seres de tu especie, sin distinción de género. Despídete de tu sentido de justicia, de tus instintos igualitarios, y sobre todo, de tu buen rollo. Tener doctrina y predecir una lágrima nunca han ido muy de la mano. Tú eliges.

Volviendo entonces a la niña embarazada víctima de oscuras mentalidades, entre la posición de la Sra Mancero (las campañas de prevención han ido muy bien, a pesar de no haber dado ningún resultado: necesitamos más de eso, más ministerios, más campañas, más burócratas con pingües salarios) y la de la Sra Mónica Hernández (la homosexualidad es una abominación ante el Señor, ¡Oh! Dios, ten misericordia de nosotros, pobres pecadores, salve a esas pobres muchachas de las tentaciones de la Carne, y del Demonio) uno se siente obligado a buscar una posición intermedia, o tal vez no tan intermedia, sólo... distinta.

1. Los embarazos adolescentes no son necesariamente un problema. Depende de cada caso. Al fin y al cabo, Jesucristo fue producto de un embarazo adolescente, y no le fue tan mal, o por lo menos no le habría ido tan mal si en vez de ir a Jerusalén hubiera ido en una de esas bacanciones 18-30 a Corfú, por decir algo. Hasta podría haberse tirado ahí a una sueca y todo.
2. Una estrategia todavía sin probar y que podría dar excelentes resultados sería la de cambiar los asientos amarillos en la Metrovía por otros que dijeran "solamente para personas No Embarazadas". Asimismo, tener en los bancos una caja especial para embarazadas, con un cajero idiota que tomara una eternidad para realizar cualquier trámite. En fin, la idea sería de dificultar la vida de las embarazadas todo lo que se puede. Una posible campaña gubernamental: "Cuando ves a una chica embarazada, haga una mueca feroz, por el Bien de la Patria". De este modo, podríamos disuadir a las chicas que seguramente piensan que eso de quedarse preñada es una manera de ganarse simpatías y amistades. Pronto verían que no es así.
3. Si no te convence la estrategia anterior, pues lo dicho: ninguna chica que yo conozco dudaría un instante entre tener un bebé y tener un iPod. Sólo hace falta bajar un poco los precios de los artículos de importación. Mientras un bebé cuesta menos que un Hyundai nuevo, mal asunto.
4. Si vas a promocionar cosas, promocionar la homosexualidad todo lo que se puede es algo que tiene sentido. No sé si realmente la orientación sexual va a resultar maleable ante los intentos de ingeniería social, por lo menos no cuando los realizan gente tan burda como la SECOM y afines, pero denunciar la homosexualidad como algo antinatural realmente no es muy inteligente si lo que quieres conseguir es que la gente procree menos. Solamente por este punto creo que la Sra Hernández merece que se le enseñe la puerta.

Y ahí me quedo por hoy. Cómprenme una botella de lo que sea por Navidad, y habrá más.

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