Caridad vs. Redistribución

En La Máquina del Tiempo, de HG Wells. el protagonista, a quien llamaremos Candelarius (ya que Wells no se molesta en darle un nombre) visita un remoto futuro donde la humanidad ha tomado dos líneas de evolución distintas. Por un lado están los Eloi, una raza de seres hermosos e indolentes, sin apenas rasgos sexuales diferenciadores, y con un vocabulario muy limitado, que visten bien, no trabajan, y pasan su tiempo jugando como niños, bañándose, o sin hacer nada. Por otro lado están los Morlock, que viven en un mundo subterráneo donde fabrican ropa, ríen siniestramente, y practican una gastronomía todavía más cuestionable, si cabe, que la adoptada y recomendada por la honorable presidente de la Asamblea de Ecuador.

El bueno de Candelarius, al ser introducido dentro de la tribu de los Eloi, intenta, como científico e investigador de pro, mantener la mente abierta, y trata de apreciar las cualidades de estos seres requeteevolucionados, a pesar de que su carácter infantil y falta de curiosidad le irritan. Un día, al pasear cerca de un río que bien pudiera ser el Támesis en alguna versión futura, se da cuenta de que la corriente está arrastrando a una hembra de la tribu, que al parecer sufre de calambre y no sabe nadar bien. Lo que más le impresiona es que nadie más, entre todos esos seres exquisitos, pacíficos y risueños que juegan o reposan allí cerca, se preocupa por la suerte de esa desdichada. Los gritos de terror de la víctima que se ahoga caen en oídos sordos (que seguramente tampoco nunca escucharon el poema de Stevie Smith). Al final le toca al propio Candelarius lanzarse al río y rescatarla, ya que nadie más se dispone a levantar ni un dedo en tal empeño.

Sería difícil encontrar una mejor realización literaria de esa sociedad "pos-neoliberal" adonde nos quiere conducir, con sus acostumbradas prisas, nuestro articulista preferido del Telégrafo. Según este gran pensador,

El neoliberalismo (...) se ha encubierto de diversas narrativas, discursos y prácticas que invocan a que la moral individual tenga como principios el dar caridad, dar dádivas desde las élites a los sectores empobrecidos, precisamente, por esas élites. La moral neoliberal busca despertar en el individuo falsos valores de solidaridad: teletones, entrega de juguetes, hasta la propia lógica de la repartición de utilidades.

De lo que concluye, tajantemente:

No podemos dejarnos nuevamente engañar con prédicas y acciones de caridad privada.

¿Te quedó claro?

No debemos aceptar beneficencia de nadie.

Bueno, bueno, Werner, no te enfades. Seré sincero: confieso que yo iba a regalar en estas Navidades algunos juguetes viejos de mi hijo a unos primos suyos que apenas no tienen con qué jugar, pero me has iluminado, me has tocado en lo más hondo: no debo hacerlo, pues regalar cosas, así, directamente, de persona a persona, es de sucios neoliberales. Lo correcto, claro, es no hacer nada por el prójimo, ya que quien debe hacerlo todo es el Estado, mediante el mecanismo de redistribución. Hasta "la lógica" del tradicional intercambio de regalos en el Día de Navidad, cuando te lo piensas, es puro neoliberalismo, e inaceptable en una sociedad revolucionaria. Así que me toca esperar, nomás, la llamada a la puerta del Ministerio de Repartición de Juguetes, para que un sonriente agente armado con AK-47 obtenga acceso a los juguetes de mi hijo, y que sea él, no yo, y peor el niño, quien decida cuáles juguetes le sobran al niño, cuáles toca redistribuir a los niños del campo, y cuáles, por su excelente condición, merecen decorar la habitación de los hijos de algún alto funcionario del gobierno del Caudillo a quien todo se lo debemos, hasta la vida misma.

Y si esto parece exagerado, invito a contemplar el mensaje del póster del MIES que reproduzco a continuación:



De nuevo pregunto: ¿les quedó claro? Si no, aquí el Presi:

El Primer Mandatario agregó que no solo basta querer ayudar, sino saber cómo hacerlo, en alusión a que no hay que dar dinero en las calles y recomendó, como mejor opción, dirigirse a un Punto Da Dignidad para depositar en esos sitios las donaciones provenientes de la solidaridad de la ciudadanía.

A lo que el incauto ciudadano puede responder: ¿qué diferencia hay? ¿Qué importa si doy mi dinero a una persona que me parece necesitada de él, o si lo entrego a un Punto Da Dignidad para que se encarguen ellos de lo mismo? La respuesta a semejante ingenuidad, y muy rápidamente:

(1) Si das tu dinero "en la calle", no hay posibilidad de que una parte de ese dinero, parte importante al parecer, se destine a las personas más merecedoras de esos fondos, que son los ministros y funcionarios y agentes del gobierno, sean aquéllos cuya creatividad da lugar a campañas como la mencionada, sean los encargados de "desaparecer" a la mendicidad mediante amenazas y acciones policiales diversas, sean los apologistas de la revolución que escriben para los medios "públicos" y que también, ya sabes, tienen sus necesidades;

(2) El hecho de dar dinero "en la calle" supone que el ciudadano donante ejerza su propio criterio sobre quién es o no es merecedor de tal ayuda. Eso, para el estatista, es de una presunción intolerable. Tales decisiones le corresponden a las agencias gubernamentales. Que una persona se atreva a identificar en otra persona, sin mediación del Estado, una necesidad o un sufrimiento merecedor de atención y ayuda, es simplemente una afrenta.

(3) Si das tu dinero "en la calle" a otra persona, capaz estableces una relación personal, tal vez fugaz (aunque no necesariamente) con esa persona. Puede que con el tiempo, saludándole cada día, hasta entablas una amistad con esa persona. De nuevo, ¡intolerable! La beneficencia debe ser fría e impersonal y administrada por terceros. Debe ser claro en todo momento quiénes son los dadivosos y generosos (la élite gobernante) y quiénes los necesitados y agradecidos (el Pueblo votante). Cualquier acción independiente, fuera del control gubernamental, amenaza la pureza de tal esquema.

(4) Y lo peor de todo: quien da dinero "en la calle" puede que sienta algún tipo de satisfacción, por el hecho de haber ayudado a otro miembro de su especie; puede incluso que desarrolle un mayor grado de empatía y comprensión hacia sus semejantes; hasta puede que, con el tiempo, su generosidad redunde en pro de su reputación personal. De nuevo, ¡intolerable! En una sociedad revolucionaria, los únicos autorizados para ejercer la generosidad son los miembros de la vanguardia revolucionaria, de la élite gobernante. Al ciudadano de a pie no le corresponde ser dadivoso: le corresponde nomás ser espectador pasivo de la apropiación de sus bienes por los agentes de la Casta Superior, que en su infinita sabiduría sabrán mejor que nadie adónde destinar estos "recursos".

Con lo que empezamos a entenderlo por fin: donde dice "Da Dignidad", se ha de entender "Deshazte de tu Dignidad". Porque un ser humano a quien le está vedado ayudar a otros seres humanos por cuenta propia, poco le termina quedando de tan preciado bien.

Asimismo, apreciamos en sus justas dimensiones y colores la fantasía subyacente a la pornografía neofascista que arriba reproduzco: queremos, dice el póster, una sociedad de Eloi, donde nadie ayuda a nadie, sea por indiferencia, sea por miedo, porque si realmente fuera importante que la chica que se ahoga viviera, ya se encargarían de ello nuestros amos y señores, los Morlocks. Así que no temas, y sobre todo, no seas Buen Samaritano, no seas neoliberal. La próxima vez que ves a algún infeliz aparentemente víctima de un robo, y que agoniza al lado de la calle, pasa de lado y no te detengas: así, no ayudarás a que la desventura se multiplique, por lo menos dentro de tu propia burbuja de supremo sacerdote de la verdad revelada, y eso es lo que cuenta, al fin, ¿verdad que sí?


(arreglado)

Comments

  1. Si saliera una nueva versión del Devil's Dictionary, esperaría ver algo así:

    NEOLIBERAL: see supercalifragilisticexpialodocious.

    Lo mío con las columnas de Opinión del T. es un poco como el caso de un animal de granja, pongamos un pavo, que intenta leer las intenciones de su carcelario viendo cada día el color de su corbata. Malsana superstición y búsqueda infructuosa de esa mítica frase que, por fin, justificará el absurdo de la existencia.

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  2. Asumo que el diseño de la corbata sera coincidentalmente similar al de la bandera del imperio austrohúngaro.
    :)

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