Querétaro
No me convence. En Google, "querétaro significado" es una búsqueda ya consagrada, no fui el único inculto por lo visto, y soy tan anticuado como para no poder enjuiciar las palabras sin saber su significado, o falta de. Aunque por otra parte, el vicio de atenerse al significado y tal vez las connotaciones y hacer caso omiso de todo lo demás es lo único que explicaría el que algunos aberrantes hayan propuesto, en el mismo concurso de "la palabra más hermosa en castellano", cosas como Jesús (si alguna vez hubo un estornudo fonetizado, helo aquí), libertad, gracias, y sueño. Bueno, ésta última tal vez se entiende, pues hay por lo menos plena armonía entre sonido y significado. Pero me parece que el castellano tiene mayores tesoros. Les propongo unos cuantos.
Mariposa. Todavía recuerdo cuando yo tenía 12 años y tuve que escoger, en el colegio, entre el castellano y el alemán como segundo idioma extranjero después del francés. Mi hermana mayor, que ya había empezado con el español, me convenció citando las dos palabras "estrella" y "mariposa" como ejemplos evidentes de la superioridad del castellano sobre cualquier idioma germánica en cuestión de riqueza sonora. Cuando oralmente confrontas "estrella" con la horrible, fea y malsonante voz "star", hasta te da vergüenza hablar un idioma tan cavernícola como el que engendró ese monosílabo. Me quedo con mariposa porque a diferencia de "estrella" (que los gavachos versionan competentemente, con étoile) ningún otro idioma que conozco comprime tanta belleza en tan pocas letras. La versión inglesa es tan chistosa que ni me atrevo a nombrarla: digamos simplemente que evoca una mosca en la mantequilla (?!). Mariposa, en cambio, nos recuerda que esas frágiles criaturas son capaces de atravesar mares para posarse en tu balcón. Maravillosa palabra, como para enamorarse de un idioma.
Albornoz. Se resistió a implantarse en mi memoria: durante años, con cierta novia que tuve de ésas de largo recorrido, era chiste de la casa que alguna vez yo hubiera buscado furiosamente cierta prenda que sólo supe identificar como "el bochorniz o como se llame". Se le quedó ese infeliz nombre, pero poco importa: toda palabra trisilábica terminada en z me parece en principio seductora: albornoz, codorniz, meretriz, orozuz, regaliz, dejadez. Infeliz no sirve, por el prefijo. No tengo explicación por esta debilidad. Pero albornoz además cuenta con ese pedigrí árabe que ahuyenta a los otros idiomas europeos, siempre tan copiones. Y lo más importante, la prenda cobra vida con la palabra. Otros idiomas lo identifican como adaptación de otra cosa ("dressing gown", etc). Un albornoz tiene identidad propia. Para los que hayan visto Al Filo de la Navaja, con Clifton Webb, sabrán cómo debe de ser: los tassels son aditamento sine qua non.
Zorra. Esto es muy personal. Basta apuntar que cierta persona insistía en que le llamara con ese nombre, eso sí, solamente en cierta situación íntima. Para intentar justificar mi preferencia, empero, podría citar su origen onomatopéyico, o el hecho de que, de todas las palabras que convergen alrededor del mismo núcleo semántico de puta, ésta es la más seductora y menos moralista. Una es meretriz por el dinero, ramera por el negocio, puta por las lenguas ociosas, furcia por las envidiosas, etcétera, pero para ser zorra, hay que haber nacido con ese gen. Se es zorra en la sangre, y la auténtica zorra no suelta presa. Doy fe.
Bichicome (sólo en Uruguay). Aparentemente, viene de "beachcomber", es decir, un vulgar anglicismo. Pero en su paso al castellano uruguayo, se empezó a rumorear que esa gente que revolvía la arena al anochecer realmente buscaba bichos para comer, de ahí su actual significado de indigente (también se da: pichicome, o pichi a secas). Como yo siempre he tenido no sé qué oscuro prejuicio en contra de ese ejército de fantasmas siniestros que en cualquier playa inglesa aparecer al oscurecer con sus detectores de metales y se ponen a peinar la playa en busca de aretes (caravanas para uruguayos, pendientes para ibéricos) u otras joyas perdidas, esta palabra insultante me resulta simpática. Eso sí, fonéticamente es una atrocidad. Se le perdona.
Atolondrada. Si le pongo en femenino, es porque me cuesta imaginar a un atolondrado. Atolondradas, sin embargo, vemos a diario en las telenovelas. De alguna manera, asocio la palabra con golondrina, de ahí que para mí la auténtica atolondrada tiene que tener cabellera que vuela, que ondea confusamente en el viento. Por tanto, es más fácil ser atolondrada en un convertible. He dicho.
Comfle. ¿Ecuatorianismo? (no lo reconoce la DRAE.) De todas maneras, entre los anglicismos a cuál más simpático que pululan aquí (gafitero, chompa, "key" (por cake, visto en diversas pastelerías), etc.) ésta destaca por su inmensa comodidad: no solamente se le ha limado sonidos innecesarios, sino que hasta sugiere "comfy" (comodito, en inglés), y la terminación -fle tiene la peculiaridad de provocar sonrisas en todos los idiomas (cf. chifle). ¿Qué mejor sitio para ponerse a esperar la furgoneta que sentado en un comfle? Y ya que estamos con los anglicismos, admiro intensamente tutumpote (R. Dominicana), y me rompen el corazón tanto la música ye-ye como la (visto en un póster en el metro de Madrid) duduá. En serio: "somos los mejores exponentes de la música duduá". Palabra.
Duji. Bueno, esto ya es de coña. Cuando fui a Segovia por un año en medio de mis estudios universitarios, y tuve que hacer de lector de inglés (es decir, seudoprofesor pasmado, despistado e inútil), mis "alumnos" pronto dieron en burlarse de mis "zapatos duji". Pasé meses intentando averiguar el significado de esta misteriosa palabra duji, proponiéndolo como tema de animada conversación en muchos bares de la ciudad, pero sin éxito. Hasta que un día, uno de mis alumnos se me acercó en un bar y señaló el paquete de cigarrillos del beodo vecino. Ahí estaba: Dunhill, conocida marca de cigarrillos, posiblemente inglés. Queda por saber qué aspecto de mis zapatos podría haber sugerido con tanta fuerza una determinada marca de cigarrillos. Hasta hoy no lo sé. Pero sigo llevando zapatos duji, y el tema no deja de entristecerme, pues lo que no sabían mis alumnos de entonces es que el nombre "Dunhill" para un inglés remite irresistiblemente a dunghill, montículo de estiércol, e incluso durante bastante tiempo el nombre popular de esos cigarrillos era éste (hasta que dejaron de fabricarse, por razones ignotas). Y es que la apariencia habitual de mis zapatos sí sugiere una vida llevada entre múltiples dunghills, hecho atribuible a la desidia del Municipio de Durán, que no quiere saber nada de asfaltar las calles de nuestro sector.
Ornitorrinco. Durante años cuando vivía en España dudaba entre pedir cita con el otorrino o el ornitorrinco, palabras que siempre se me confundían, hasta que me di cuenta de que "ornito-" remitía a aves (ornitología), de ahí el nombre de un animalito con pico de ave y cuerpo de mamífero (más o menos). La palabra, en sí, tiene algo de especial. A mí me hace pensar en esos sonidos que hace una mujer medio dormida cuando la quieres despertar por alguna razón en altas horas de la madrugada. Si en esa circunstancia no dice algo así como "ooorni. to. rrrrrinnnco" es que no es mujer de verdad.
Me quedo sin tiempo, pero para cuando tenga: esperpento, carmesí, bochorno, birlibirloque, limosna, y tuco. Ya basta.
Mariposa. Todavía recuerdo cuando yo tenía 12 años y tuve que escoger, en el colegio, entre el castellano y el alemán como segundo idioma extranjero después del francés. Mi hermana mayor, que ya había empezado con el español, me convenció citando las dos palabras "estrella" y "mariposa" como ejemplos evidentes de la superioridad del castellano sobre cualquier idioma germánica en cuestión de riqueza sonora. Cuando oralmente confrontas "estrella" con la horrible, fea y malsonante voz "star", hasta te da vergüenza hablar un idioma tan cavernícola como el que engendró ese monosílabo. Me quedo con mariposa porque a diferencia de "estrella" (que los gavachos versionan competentemente, con étoile) ningún otro idioma que conozco comprime tanta belleza en tan pocas letras. La versión inglesa es tan chistosa que ni me atrevo a nombrarla: digamos simplemente que evoca una mosca en la mantequilla (?!). Mariposa, en cambio, nos recuerda que esas frágiles criaturas son capaces de atravesar mares para posarse en tu balcón. Maravillosa palabra, como para enamorarse de un idioma.
Albornoz. Se resistió a implantarse en mi memoria: durante años, con cierta novia que tuve de ésas de largo recorrido, era chiste de la casa que alguna vez yo hubiera buscado furiosamente cierta prenda que sólo supe identificar como "el bochorniz o como se llame". Se le quedó ese infeliz nombre, pero poco importa: toda palabra trisilábica terminada en z me parece en principio seductora: albornoz, codorniz, meretriz, orozuz, regaliz, dejadez. Infeliz no sirve, por el prefijo. No tengo explicación por esta debilidad. Pero albornoz además cuenta con ese pedigrí árabe que ahuyenta a los otros idiomas europeos, siempre tan copiones. Y lo más importante, la prenda cobra vida con la palabra. Otros idiomas lo identifican como adaptación de otra cosa ("dressing gown", etc). Un albornoz tiene identidad propia. Para los que hayan visto Al Filo de la Navaja, con Clifton Webb, sabrán cómo debe de ser: los tassels son aditamento sine qua non.
Zorra. Esto es muy personal. Basta apuntar que cierta persona insistía en que le llamara con ese nombre, eso sí, solamente en cierta situación íntima. Para intentar justificar mi preferencia, empero, podría citar su origen onomatopéyico, o el hecho de que, de todas las palabras que convergen alrededor del mismo núcleo semántico de puta, ésta es la más seductora y menos moralista. Una es meretriz por el dinero, ramera por el negocio, puta por las lenguas ociosas, furcia por las envidiosas, etcétera, pero para ser zorra, hay que haber nacido con ese gen. Se es zorra en la sangre, y la auténtica zorra no suelta presa. Doy fe.
Bichicome (sólo en Uruguay). Aparentemente, viene de "beachcomber", es decir, un vulgar anglicismo. Pero en su paso al castellano uruguayo, se empezó a rumorear que esa gente que revolvía la arena al anochecer realmente buscaba bichos para comer, de ahí su actual significado de indigente (también se da: pichicome, o pichi a secas). Como yo siempre he tenido no sé qué oscuro prejuicio en contra de ese ejército de fantasmas siniestros que en cualquier playa inglesa aparecer al oscurecer con sus detectores de metales y se ponen a peinar la playa en busca de aretes (caravanas para uruguayos, pendientes para ibéricos) u otras joyas perdidas, esta palabra insultante me resulta simpática. Eso sí, fonéticamente es una atrocidad. Se le perdona.
Atolondrada. Si le pongo en femenino, es porque me cuesta imaginar a un atolondrado. Atolondradas, sin embargo, vemos a diario en las telenovelas. De alguna manera, asocio la palabra con golondrina, de ahí que para mí la auténtica atolondrada tiene que tener cabellera que vuela, que ondea confusamente en el viento. Por tanto, es más fácil ser atolondrada en un convertible. He dicho.
Comfle. ¿Ecuatorianismo? (no lo reconoce la DRAE.) De todas maneras, entre los anglicismos a cuál más simpático que pululan aquí (gafitero, chompa, "key" (por cake, visto en diversas pastelerías), etc.) ésta destaca por su inmensa comodidad: no solamente se le ha limado sonidos innecesarios, sino que hasta sugiere "comfy" (comodito, en inglés), y la terminación -fle tiene la peculiaridad de provocar sonrisas en todos los idiomas (cf. chifle). ¿Qué mejor sitio para ponerse a esperar la furgoneta que sentado en un comfle? Y ya que estamos con los anglicismos, admiro intensamente tutumpote (R. Dominicana), y me rompen el corazón tanto la música ye-ye como la (visto en un póster en el metro de Madrid) duduá. En serio: "somos los mejores exponentes de la música duduá". Palabra.
Duji. Bueno, esto ya es de coña. Cuando fui a Segovia por un año en medio de mis estudios universitarios, y tuve que hacer de lector de inglés (es decir, seudoprofesor pasmado, despistado e inútil), mis "alumnos" pronto dieron en burlarse de mis "zapatos duji". Pasé meses intentando averiguar el significado de esta misteriosa palabra duji, proponiéndolo como tema de animada conversación en muchos bares de la ciudad, pero sin éxito. Hasta que un día, uno de mis alumnos se me acercó en un bar y señaló el paquete de cigarrillos del beodo vecino. Ahí estaba: Dunhill, conocida marca de cigarrillos, posiblemente inglés. Queda por saber qué aspecto de mis zapatos podría haber sugerido con tanta fuerza una determinada marca de cigarrillos. Hasta hoy no lo sé. Pero sigo llevando zapatos duji, y el tema no deja de entristecerme, pues lo que no sabían mis alumnos de entonces es que el nombre "Dunhill" para un inglés remite irresistiblemente a dunghill, montículo de estiércol, e incluso durante bastante tiempo el nombre popular de esos cigarrillos era éste (hasta que dejaron de fabricarse, por razones ignotas). Y es que la apariencia habitual de mis zapatos sí sugiere una vida llevada entre múltiples dunghills, hecho atribuible a la desidia del Municipio de Durán, que no quiere saber nada de asfaltar las calles de nuestro sector.
Ornitorrinco. Durante años cuando vivía en España dudaba entre pedir cita con el otorrino o el ornitorrinco, palabras que siempre se me confundían, hasta que me di cuenta de que "ornito-" remitía a aves (ornitología), de ahí el nombre de un animalito con pico de ave y cuerpo de mamífero (más o menos). La palabra, en sí, tiene algo de especial. A mí me hace pensar en esos sonidos que hace una mujer medio dormida cuando la quieres despertar por alguna razón en altas horas de la madrugada. Si en esa circunstancia no dice algo así como "ooorni. to. rrrrrinnnco" es que no es mujer de verdad.
Me quedo sin tiempo, pero para cuando tenga: esperpento, carmesí, bochorno, birlibirloque, limosna, y tuco. Ya basta.
Anotate 10 puntos más Endivio, excelentes acotaciones a las palabras. Creo que sería digno de estudio el modismo mexicano (si cabe llamarlo asi): putamadral... sin comentarios, este es aplicable a cuando se divisa una concentración de gente correista y con sonora exclamación se expeta: que putamadral de vagos!!!!
ReplyDeleteSaludos desde Ambato.
Atte,
Marco A.
Dadivoso es una palabra que siempre me llamó la atención, lo mismo Entelequia, sobre todo desde que Correa llamó así al mercado (esa mano invisible).
ReplyDeletePor otro lado, Si me preguntan a mi, ahora mismo escojo a expresidente, exesposa y a todas las nuevas palabras ex-algo como las peores palabras.
@HenryTandazoB