Sinsabores de la vejez (1): Se ha encogido mi canario



Es cierto que últimamente ha habido inundaciones, terremotos, pérdidas de valores, asesinatos, enfrentamientos, erupciones de volcanes, tsunamis, niños abandonados, plagas, pestilencias, asambleístas, accidentes de tránsito, sesos de garza, explosiones, violaciones, CDs de música "cristiana", hambruna generalizada y crisis petroleras en diferentes partes de Ecuador y del mundo. Todo esto debería preocuparme, y de hecho procuro que esas cosas me preocupen como es debido, pero, qué se le va a hacer: hay situaciones frente a las cuales todas las mencionadas desgracias parecen insignificantes, y entre ellas, la mía, la que figura como título de esta entrada.

No es que se haya encogido mucho (estamos hablando de medio milímetro, poco más o menos), tampoco puedo afirmar que el mío haya sido alguna vez un canario de gran tamaño, ni mucho menos un supercanario, pero por ese mismo hecho uno se preocupa más, ya que cuando se trata de un ave de esas modestas dimensiones, toda reducción por mínima que sea a uno se le antoja motivo de llanto, si no de luto. En fin, como es natural, mi reacción inmediata al constatar tan triste circunstancia fue escribirle una epístola al Papa informándole del acontecimiento y solicitando ayuda espiritual a más de cualquier consejo de índole práctico que tuviera a bien proporcionarme en medio de mi honda aflicción. Hecho esto, me puse a esperar con paciencia, ya que es de conocimiento general que el tiempo medio de demora de parte del Vaticano para contestar una carta personal es de aproximadamente 1.200 años (sin sumarle la tardanza habitual del servicio de Correo en Ecuador); así que mi sorpresa fue mayor al recibir respuesta al cabo de tan sólo tres semanas. He aquí la respuesta textual de Su Santidad, en traducción realizada desde el Latín por PiscisBabelis:



Estimado Sr. Roquefort,

Déle más alpiste.

Atentamente,
BENEDICTO XVI, Papa





¿Más alpiste?

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