Europa y el toro
Al Eurovision Song Contest debemos el socorrido término "nul points" en el habla coloquial. "Y.O. Mooney, nool pwah", cantábamos con pretendida voz de severa speakerine en los recreos del colegio, cuando algún dedos de manteca dejaba caer la pelota. Que ese tal Y.O. Mooney realmente se granjeara tan pobre puntuación no era frecuente en aquellos tiempos, pues teníamos a la Sandy Shaw, a Cliff Richard, a los Wombles, a Bucks Fizz, a Mary Hopkins, en fin una verdadera cornucopia de talento, todos dispuestos (desde luego) a tararear canciones cuya letra solía acercarse a una especie de Esperanto para recién nacidos, con gran alarde de Boom Bang a Bang , o efectos sonoros parecidos, en fin, lo que fuese para deleitar a los extranjeros lingüísticamente poco adeptos. A quien no lo haya vivido es difícil explicar esa extraña y morbosa fascinación del Eurovision Song Contest, con su sempiterna demostración de lo que cada país europeo piensa de los otros (que son una sart...