Si tuviera más vidas...
aprendería los nombres de los árboles tropicales (sobre todo aquellos que parecen inflados con helio).
escribiría 101 Usos para una Verga Cincuentona.
organizaría, mediante el necesario derroche de fondos y de engaños maquiavélicos, una fiesta que reuniría a todas las novias y compañeras de catre que jamás tuve. (Soñé una vez con eso.)
enviaría una tilapia podrida al Palacio de Carondelet.
dejaría de fumar.
volviera a estudiar árabe, llegando más lejos que el simple alfabeto y la constatación de que para recordar la palabra que significa "ventana", hay que pensar en un perrito asomado a una ventana y en lo que ese animal "debería hacer" en tal circunstancia.
organizaría ese viaje de luna de miel con mi esposa, que por pobreza nunca tuvimos.
construiría una casa con mis propias manos.
realizaría un experimento en condiciones de laboratorio para poner a prueba los poderes chamánicos de ese chico que vino a hacer limpieza en el local el otro día, para determinar si realmente es capaz de hacer que todas las hormigas desaparezcan del azucarero mediante nomás el poder de la mente y las incantaciones rituales.
escribiría un obituario sobre Michael Jackson, y otro sobre el feminismo radical, destacando (por pura perversidad) las contadísimas virtudes de ambos.
crearía un sistema operativo para PCs que realmente funcione.
descubriría qué colores me favorecen.
buscaría unos zapatos que se adapten a mis juanetes. (En algún país remoto debe de haber.)
inventaría cinco perversiones sexuales completamente inéditas.
buscaría un disfraz de Barney para hacerle una fiesta sorpresa a mi hijo.
le cambiara el aceite al pobre carro.
comería algo de vez en cuando que no fuera fideos sin condimento.
pasaría un día en Loja.
me lavaría el pelo con "champú" en vez de jabón de mano. (Hoy en día, hasta los hombres usan "champú".)
me leería un artículo entero de Bernard Fougeres.
me haría rico cultivando y exportando borojó a los países del Este de Europa.
estudiaría matemáticas y así entendería el mundo en el que vivo.
me leería de nuevo a Dostoevsky, con algo más de fruición que cuando tenía 14 años y tardé dos capítulos en enterarme que Alyosha y Alexei eran el mismo.
aprendería a pintar sobre lienzo, en lugar de sobre telarañas mentales.
me compraría otra guitarra y tocaría Recuerdos de la Alhambra sin faltas.
tuviera tiempo para escribir algo mínimamente sensato.
escribiría 101 Usos para una Verga Cincuentona.
organizaría, mediante el necesario derroche de fondos y de engaños maquiavélicos, una fiesta que reuniría a todas las novias y compañeras de catre que jamás tuve. (Soñé una vez con eso.)
enviaría una tilapia podrida al Palacio de Carondelet.
dejaría de fumar.
volviera a estudiar árabe, llegando más lejos que el simple alfabeto y la constatación de que para recordar la palabra que significa "ventana", hay que pensar en un perrito asomado a una ventana y en lo que ese animal "debería hacer" en tal circunstancia.
organizaría ese viaje de luna de miel con mi esposa, que por pobreza nunca tuvimos.
construiría una casa con mis propias manos.
realizaría un experimento en condiciones de laboratorio para poner a prueba los poderes chamánicos de ese chico que vino a hacer limpieza en el local el otro día, para determinar si realmente es capaz de hacer que todas las hormigas desaparezcan del azucarero mediante nomás el poder de la mente y las incantaciones rituales.
escribiría un obituario sobre Michael Jackson, y otro sobre el feminismo radical, destacando (por pura perversidad) las contadísimas virtudes de ambos.
crearía un sistema operativo para PCs que realmente funcione.
descubriría qué colores me favorecen.
buscaría unos zapatos que se adapten a mis juanetes. (En algún país remoto debe de haber.)
inventaría cinco perversiones sexuales completamente inéditas.
buscaría un disfraz de Barney para hacerle una fiesta sorpresa a mi hijo.
le cambiara el aceite al pobre carro.
comería algo de vez en cuando que no fuera fideos sin condimento.
pasaría un día en Loja.
me lavaría el pelo con "champú" en vez de jabón de mano. (Hoy en día, hasta los hombres usan "champú".)
me leería un artículo entero de Bernard Fougeres.
me haría rico cultivando y exportando borojó a los países del Este de Europa.
estudiaría matemáticas y así entendería el mundo en el que vivo.
me leería de nuevo a Dostoevsky, con algo más de fruición que cuando tenía 14 años y tardé dos capítulos en enterarme que Alyosha y Alexei eran el mismo.
aprendería a pintar sobre lienzo, en lugar de sobre telarañas mentales.
me compraría otra guitarra y tocaría Recuerdos de la Alhambra sin faltas.
tuviera tiempo para escribir algo mínimamente sensato.
Aprovecho este post sin trasfondo, para un comentario sin trasfondo: De las piezas musicales de la izquierda, creo que hay un par de rescatables. Harlem Chivaree tiene un no-sé-qué que la hace pegajosa, y de eso se trata hacer una canción corta.
ReplyDeletePor cierto, ¿qué sofware usas para componer/grabar?
Saludos.
Este post amenaza con ser protéico.
ReplyDeleteGracias por lo de "pegajoso". De mi música se ha dicho de todo desde que tiene "un toque popular" (un amigo hace muchos años que quería colaborar en un musical sobre la Nancy Cunard, uno de tantos proyectos abandonados, del que Harlem Chivaree se rescató), hasta "no está tan mal como esperaba, pero te falta creatividad melódica" (un músico catalán admirado). En todo caso, la inspiración viene de la improvisación nocturna con la guitarra, todo nace ahí (ya no tengo guitarra, me la robaron), y en caso de los MIDIs los arreglos, perfunctorios en su mayoría, se hicieron con el programa Cakewalk, que ya desde hace años tampoco tengo (me encantaría tenerlo, pero tiempo para usarlo habría que buscarlo en alguno de esas otras vidas.)
Ya tengo una hermana budista, que además de serlo gana premios de poesía (no es para nada que me llaman Branwell). Budistas, estafadores y zoófilos, en todos estos casos uno por familia creo que es suficiente, dos ya raya en carelessness.
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